Hoy, en pleno Avellaneda y a pocas cuadras de la estación, me encontré con la policía.
Justo a mi, que soy un hombre al costado de la ley, que tiene suficientes anécdotas y pruebas para caer encerrado tras las rejas en un abrir y cerrar de ojos...
El tema es que los zorros son así. Grises y de mirada torzida. Que carajo me vienen a decir a mi? Que por más malandra que sea no tienen ni prueba alguna para preguntarme ni la hora. Claro, mi actitud era sospechosa.
Vestido de zapatos y camisa importada, de sobretodo gris y con auto elegante. Pero falta un detalle. Había frenado en una callecita de Avellaneda (si ese barrio al costado de la capital) y me había dispuesto en plena mañana a fumarme un cigarrillo relajador antes de ver a un cliente.
Pip Pip--- Tenemos un Natalia Natalia sospechoso afuera de un domicilio Pip Pip.
- Señor, documentos y papeles del auto por favor (solo le faltó decir plis)
Y si, así son los de la ley. Aquellos que te preguntan cuanto te rinde el tanque de nafta de tu auto nuevo y abren la boca y los ojos cuando les contas que trabajas en zona norte. Maleducados, que hacen su trabajo, pero maleducados al fin.
- Señor, puede continuar con su cigarrillo. Disculpe las molestias.
Si tan solo supieran... si tan solo supieran... Al costado de la ley, ahí es donde estoy, por más que me escude detrás de lo que no soy.