Estoy en celo.
Este post se autodestruirá apenas vuelva la creatividad.
viernes, 29 de julio de 2011
jueves, 28 de julio de 2011
miércoles, 27 de julio de 2011
Un Juramento Olvidado Por El Tiempo
El suave silbido del viento comenzó a tomar forma a medida que golpeaba con los abetos, robles y pinos que decoraban el inmenso Jardín real. Dando vueltas, remolinos y espirales, el aire fue encontrando distintos estados de temperatura en aquella noche de julio, sumando calidez al danzar junto a las margaritas, o volviéndose más y más frío mientras admiraba el marchitar de una noche que no era igual a otras que este mundo supo ver nacer.
Saltando de aquí para allá, trepó la glorieta coronada por enredaderas de perfumadas flores blancas y extendió su infinito brazo de melodía in crescendo, alcanzando con la punta de su dedo el picaporte de la ventana más alta de la torre principal del castillo, apuntando al quinto océano del Norte glaciar que pocos se atrevían a cruzar.
Saltando de aquí para allá, trepó la glorieta coronada por enredaderas de perfumadas flores blancas y extendió su infinito brazo de melodía in crescendo, alcanzando con la punta de su dedo el picaporte de la ventana más alta de la torre principal del castillo, apuntando al quinto océano del Norte glaciar que pocos se atrevían a cruzar.
La habitación de la princesa se encontraba apenas iluminada por una hoguera que la reflejaba a chispazos saltarines, recostada en su cama, hundida en un profundo sueño donde todo lo conocido puede volverse desconocido, donde todo es posible en un mar de imposibles. Su cabello, larguísimo y rubio, había sido impregnado con el aroma del incienso que las nodrizas de su hermana le habían preparado, inundando el ambiente con frescos aromas de atardeceres y amaneceres.
En sus más profundas fantasías, ella navegaba el mundo cruzando tormentas impiadosas, asesinas y crueles. No conocía rivales, ni bestias o monstruos los cuales ya vencidos colgaban de su camarote cual trofeos de batallas en sueños lejanos. Ni siquiera cuando su navío cayó al vacío supo el significado del miedo, sostenida únicamente por una cuerda del palo mayor, sujetando con contagiosa valentía su espada, empapada por la crudeza del temporal que amenazaba con tomar la vida de todos aquellos que lo desafiaban, sobretodo la de ella, quién lo amenazaba a gritos y maldiciones corsarias.
Nuestra pirata jamás despertó de aquella aventura, mucho menos oyó el ventanal abriéndose de par en par, el viento tomando posesión del lugar, reclamando para sí cada recoveco y cada abertura de la princesa. Con la forma de aquellos que no la tienen, la contempló, la envidió y la odió en susurros, engañado por las venenosas palabras dichas por del antiheroe.
Quién iba a pensar que esta historia tenía un capítulo semejante, nadie menos él, que esperaba el momento oprtuno para atacar. Ahora, le ordenó desde la lejanía, y en la intimidad de la torre el viento la apuñaló, sembrando la semilla de la Traición y la Venganza en lo más profundo de su ser, consumando así un juramento ya olvidado por el tiempo.
Quién iba a pensar que esta historia tenía un capítulo semejante, nadie menos él, que esperaba el momento oprtuno para atacar. Ahora, le ordenó desde la lejanía, y en la intimidad de la torre el viento la apuñaló, sembrando la semilla de la Traición y la Venganza en lo más profundo de su ser, consumando así un juramento ya olvidado por el tiempo.
Junto a ella, la mañana siguiente, una flor de pasionaria y una falsa promesa de amor reposaban sobre su almohada. El gusto salado del mar en sus labios no le recordarían más que a una vieja pesadilla, mientras se acariciaba el vientre, salpicada de preguntas que no podía responder.
Aquella noche, algo había sucedido.
martes, 26 de julio de 2011
lunes, 25 de julio de 2011
Laberinto Decimoprimero
Esta antigua leyenda narra el tiempo durante el cual nuestro héroe permaneció encerrado, famélico y moribundo en lo más profundo de la prisión decimoprimera, aquella que había sido construida disimulando la forma de un laberinto sin salida. Retorcido y casi sin fuerzas, consumido por la sed y la hambruna, siempre mantuvo, muy en el fondo de su corazón, una pequeña llama azul de nombre Esperanza que, sin importar obstáculo o peligro, le daría el calor necesario para sostenerse de pie ante la adversidad de la vida.
En la soledad del calabozo, quién sabe cómo o porqué (ya que las historias parecen olvidar estos detalles), nuestro héroe mantuvo un extraño encuentro con un misterioso mercader de tierras lejanas. Este oscuro tratante, que jamás supo explicar como llegó hasta allí, prometió la forma de escapar de la trampa y el engaño, no sin antes negociar por su permanencia infinita en el lugar. A cambio de su libertad, nuestro héroe ofreció riquezas, honores y virtudes, vasallazgo y hasta incluso poderes, pero aquél quien debía decidir si lo ayudaría (o no) dispuso que el precio a pagar por la llave de la puerta debía ser aún más elevado que los servicios de aquél héroe que no se detendría hasta alcanzar el amor.
Dicen los cuentos que la negociación llegó a durar incontables años y los más audaces hablan incluso de centurias y milenos. Tras llegar a un acuerdo, triste al fin, nuestro héroe fue desplazado de las pesadas cadenas que lo retenían de su misión y lo apartaban del camino. Libre, supo agradecerle a la víbora que, con una sonrisa malvada, se despidió no sin antes hacerle entrega de un mapa que indicaba la salida. Con la alegría de haberle quitado al héroe algo apenas menor que la esperanza, el mercader se hizo humo y desapareció en la oscuridad.
Nuestro héroe abandonó la prisión masticando un sentimiento extraño, como de quien tiene la absoluta certeza de que la victoria jamás será festejada. Lo que había otorgado a cambio de su preciada libertad era, ni más ni menos que, el final feliz de la historia de su vida.
Que te deparará el destino, héroe?
Para entender más sobre las aventuras del héroe sin nombre, habría que continuar con la historia del << Mercader>>.
jueves, 14 de julio de 2011
La Mujer De Los Mil Nudos
Lo apuñaló con la mirada, le mostró su aguijón y le dio a entender que era peligrosa. Su cara era un ovillo de arrugas, su boca apretaba los dientes con fuerza y su mirada escupía veneno.
Nuestro héroe le retrucó con una sonrisa, al fin y al cabo, sabía más de estos temas que muchos versados y letrados llenos de gloria. Recostó su cuerpo en un sillón y comenzó a destejerla, hilo a hilo. Ella se había convertido en un sinfín de nudos de todo tipo y color, ataduras cerradas y abiertas, apretadas y enroscadas entre miles de nuevos cruces de caminos que no hacían más que llenarla de bronca y maldad.
Con paciencia, nuestro héroe la desenredó de a poco. Comenzó por las puntas y rápidamente separó cuatro grupos de veintidós hebras de seda que a su vez se perdían en trece uniones nuevas que prohibían separar cualquier nuevo comienzo (o a su vez finales, pero él sabía que jamás se deber empezar por el desenlace). Caminando por estos nuevos puntos de partida siguió cada filamento encontrando más y más obstáculos que, con concentración y cariño, supo hacer desaparecer con suaves movimientos de sus manos y dedos.
Allí estaba él, con el ceño impasible, descociendo la vida de lo que era un jirón de piedras que a todos nos pone la vida para culminar entonces, quien sabe cuantos días después, un trabajo que bien podría haberlo vuelto loco (pero como dijimos, nuestro héroe mucho sabía del arte de los nudos).
Cuando creyó haber terminado, pudo distinguir que ante él se encontraba ahora una nueva mujer, libre de ataduras y problemas, suave como pluma al viento que ya no lo miraba con peligro ni terror, miedo ni amenazas.
Basta de cosquillas héroe, que ya me has devuelto la vida.
Nuestro héroe le retrucó con una sonrisa, al fin y al cabo, sabía más de estos temas que muchos versados y letrados llenos de gloria. Recostó su cuerpo en un sillón y comenzó a destejerla, hilo a hilo. Ella se había convertido en un sinfín de nudos de todo tipo y color, ataduras cerradas y abiertas, apretadas y enroscadas entre miles de nuevos cruces de caminos que no hacían más que llenarla de bronca y maldad.
Con paciencia, nuestro héroe la desenredó de a poco. Comenzó por las puntas y rápidamente separó cuatro grupos de veintidós hebras de seda que a su vez se perdían en trece uniones nuevas que prohibían separar cualquier nuevo comienzo (o a su vez finales, pero él sabía que jamás se deber empezar por el desenlace). Caminando por estos nuevos puntos de partida siguió cada filamento encontrando más y más obstáculos que, con concentración y cariño, supo hacer desaparecer con suaves movimientos de sus manos y dedos.
Allí estaba él, con el ceño impasible, descociendo la vida de lo que era un jirón de piedras que a todos nos pone la vida para culminar entonces, quien sabe cuantos días después, un trabajo que bien podría haberlo vuelto loco (pero como dijimos, nuestro héroe mucho sabía del arte de los nudos).
Cuando creyó haber terminado, pudo distinguir que ante él se encontraba ahora una nueva mujer, libre de ataduras y problemas, suave como pluma al viento que ya no lo miraba con peligro ni terror, miedo ni amenazas.
Basta de cosquillas héroe, que ya me has devuelto la vida.
lunes, 11 de julio de 2011
Boris Yellnikoff Quote
See, I'm the only one who sees the whole picture. That's what they mean by genius.
martes, 5 de julio de 2011
Las Mil Ventanas de un Mundo Con Espejos
Una ventana que daba a otra ventana; que a su vez tenía vista a esta otra ventana (que se veía desde un ventanal sin ventanas). No había cortinas si persianas, apenas un balcón que le regalaba al mundo una panorámica de azulejos y mosaicos de colores pastel. Imaginen esta ventana, que daba a esta otra ventana, por la cual se veía un picaporte y una cerradura.
Un espejo que reflejaba otro espejo; que a su vez reflejaba otro espejo; sin marcos ni tulipanes, hasta que la infinidad perdía sentido de ser sentido. Un picaporte y una cerradura entre imágenes repetidas, pero esta vez (por segunda vez) entre ventanas y no espejos, porque a esta altura la infinidad se había vuelto simple.
Dos cerraduras, que no reflejaban ninguna ventana; dos picaportes que no eran espejos, y la simple tentación de ver que se esconde detrás de la puerta que no necesitaba llaves ni permisos, espejos o ventanas.
Nuestro héroe miró por la ventana; hacía la otra ventana. Allí vio desde un ventanal una puerta, con picaporte y cerradura. Entendió la ilusión de espejos en sentido complejo de la percepción ajustada a la realidad, que definitivamente no era la suya, sino la de otra persona. Miró hacía atrás y tres mil héroes se perdieron en la repetición de la historia; observó a sus costados y encontró miles de -sigo mismos- perdidos buscando una salida (una idea que se repetía tantas veces como reflejos podían observarse).
Tan complejo era el momento que ya se había convertido en simple. Nuestro héroe abrió la puerta tomando el picaporte, dándole un giro de ciento ochenta grados en sentido de las agujas del reloj y descubriendo ante sí un nuevo pasillo que revelaría nuevos caminos por recorrer, cada vez con mas preguntas y menos respuestas.
Allí, una ventana; que a su vez tenía vista a otra ventana (que se veía desde un ventanal sin ventanas), coronada por pestañas largas y curvas de piel, un umbral con forma de iris y una salida en forma de ojo color almendra hacía un mundo repetido y simple, como quien está perdido en un laberinto del cual sabe salir pero a su vez se siente muy aburrido para abandonarlo, o sería miedo a lo desconocido?
En otro lugar del universo, un antihéroe extendía en su máxima curvatura el arco de sus párpados dejando libre el paso a sus ojos; abriendo su pupila de par en par cual cerradura sin picaporte, dejando secretos de lado y desnudándole a la mujer que había robado su corazón, la entrada a un alma que en el fondo, bien en el fondo, pese a las mil percepciones del mundo, alguna vez, quizás en otra historia, había sabido ser su héroe y no su villano.
Pero si la convenció o no, ese ya es otro cuento.
Pero si la convenció o no, ese ya es otro cuento.
viernes, 1 de julio de 2011
De los Catorce más Tres (Parte uno)
Para un hombre, un camino no es (ni más ni menos) que una forma de llegar a destino.
Para un soñador, un camino es una puerta hacía mil oportunidades, con subidas, bajadas, escaleras, atajos y obstáculos que hacen del recorrido toda una aventura.
Gracias N por la idea.
Para un soñador, un camino es una puerta hacía mil oportunidades, con subidas, bajadas, escaleras, atajos y obstáculos que hacen del recorrido toda una aventura.
Gracias N por la idea.
Durante tres crueles tormentas nuestro héroe la persiguió sin descanso alguno, cruzando montañas y abismos, océanos y desiertos. Cansado y agotado en su alma, se encontró con que la huella se perdía en uno de los diecisiete laberintos del mundo. Se acercó hasta la entrada la cual se encontraba cerrada. No había picaporte, ni cerrojo, ni forma alguna de activar mecanismos que le abrieran el paso. Entendió entonces que, en este caso en particular, la paciencia era su mejor aliada.
Nuestro héroe algo de laberintos sabía y se dedicó a descansar el resto del día. Intentaba recordar lo que había aprendido de acertijos, sobre las historias que eran contadas por los ancianos del pueblo, sobre guardianes y prisiones de mil pasillos e incontables escaleras, por no decir trampas y tramperos. Estos eran sin dudas lugares mágicos.
No tardó mucho en comprender dónde se encontraba exactamente. Ya comenzaba a caer el Sol detrás de las cumbres nevadas cuando un último rayo de luz se coló por los picos blancos dando a parar en aquel lugar donde debería encontrarse una puerta. Nuestro héroe se acercó, miró al Cielo y comenzó a ver las estrellas aparecer de a una formando constelaciones, llenando el infinito con un tenue brillo que hacía que no fuera necesario encender ninguna lámpara a pesar de que ya había caído la noche.
Nuestro paciente héroe sabía que de los quince (más dos) laberintos solamente tres eran funcionales solo en la oscuridad. Este era uno de ellos. Con la partida del día y la llegada de los astros, unas líneas comenzaron a descubrirse en la entrada, dibujando una puerta que lentamente se fue abriendo hasta dejar a la vista un camino al interior del mundo. De los catorce más tres, siete habían sido nombrados alguna vez en canciones populares o leyendas lejanas y este no era uno de ellos, lo que comprendía un obstáculo para él, uno realmente muy difícil, no así imposible.
Convencido por aquello que la gente llama ideales, nuestro héroe dio pasos firmes hacia el interior del laberinto, vio la puerta cerrarse a su espalda, dejándolo atrapado hasta encontrar una salida (si es que no moría en el intento).
Héroe, realmente darías tu vida por ella?
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