martes, 15 de febrero de 2011

Reales e Imaginadas

Leonore Von Dreegd supo prostituirse con tres verdugos a cambio de que estos se hicieran a hachazos con la vida de su esposo Terundio, quien la maltrataba constantemente y ya había matado ferozmente a golpes al menor de sus tres hijos.

Con lágrimas en los ojos y el vientre lleno de sexo anónimo (y un dolor que jamás podría olvidar su corazón,) Leonore observó con un profundo tormento como los tres sicarios desmembraron el cuerpo aún con vida del hombre que alguna vez amó, a quien supo entregarle su pureza en flor, hoy mañatada y destruida por el sentimiento de Venganza y Justicia (de semejante acto engendraría con el tiempo un nuevo Hijo del pecado). 

Consumado el hecho y a la luz de la Luna, supo beber (sin ningún remordimiento) su sangre como símbolo triunfal de la Mujer sobre el Hombre, tal como el oráculo le dijo que haga.

viernes, 4 de febrero de 2011

Detrás del Trono

Esta historia no se centra en la corte ni en sus cortesanos. De lado dejamos las fiestas y los banquetes de gala (con sus sabrosos corderos y vinos franceses), los trovadores y los músicos del palacio. Ni vamos a mencionar acuerdos a distancia ni los manejos del oro monarcal, mucho menos lazos de sangre y vínculos hereditarios (que entre parientes parecían hacerse aún más fuertes y nadie decía la palabra incesto, penada con la muerte).

Sería un despropósito manchar esta historia hablando de las filigranas de oro y plata que embelesaban las columnas alrededor del trono, ni de sus estatuas de cobre y mármol o de los exóticos animales traídos de los más extraños y salvajes lugares del mundo. No voy a contar la historia del león que destruyó sus cadenas saltando sobre la figura del joven príncipe ni de cómo su lacayo le salvó la vida poniéndose en el medio y dando su brazo a cambio. Los rubíes que se codeaban con los zafiros y diamantes de las joyas de la reina tienen un pasado de muerte y robo, pero no entraré en (esos) detalles.

A pesar de que esta corona se bañaba en dinero, a pesar de que los artesanos humildes veían sus cosechas saqueadas a manos de terratenientes feudales e impuestos exorbitantes, a pesar de las vírgenes que saciaban los placeres carnales de consejeros y militares regalando su flor al sudor y la carne, a pesar de eunucos leales y sobre todo serviciales, a pesar de todo esto y mas, esta historia se centra en las sombras de una mecánica que aquellos cegados por la dulzura del licor o la falta del mismo no pueden darse el lujo de comprender.

Esta, sin embargo, es la historia de un hombre que los libros parecieron olvidar, que las leyendas prefirieron omitir y que los cantos decidieron evitar. Un amigo de todos, un enemigo de nadie, un cocinero y médico en los días de la lepra, un santo y obispo de las ciencias ocultas. Un erudito de lenguas perdidas, un amigo del Rey, aquel que con palabras bífidas encontró la forma de arrastrarse hasta los oídos de su Majestad, enseñándole sobre el secreto de la inmortalidad, las propiedades divinas del canibalismo y el porqué nadie debía enterarse de sus prácticas, sus objetivos y mucho menos, de donde venía y que nombre había recibido hace ya incontables años atrás.

jueves, 3 de febrero de 2011