jueves, 29 de diciembre de 2011

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Santa Cabalería Mística

Alguna vez había sido un hombre afortunado en el dinero y el amor, pero eso fue hace ya mucho tiempo atrás. Desde entonces permaneció escondido de la mala suerte que claramente lo perseguía, donde quiera que se oculte, atormentándolo día y noche como si fuese su única fijación.

Había sido abandonado por lo ángeles, dicen, y se convirtió en un hombre peligroso para los demás. Se refugiaba, si, bajo los tablones de un antiguo teatro sin uso de la avenida principal. Húmedo y pequeño, pero alejado de la idea común de bienestar, había llenado las paredes con amuletos y cábalas de todo tipo de procedencias extrañas, collares y pulseras, santos y deformes estatuillas de dioses paganos, todo una colección de lo mas macabra. Pero el allí se sentía medianamente a salvo, con sus talismanes protectores y reliquias benditas.

Y no por nada se había ganado la maldición, porque eso fue lo que le sucedió, lo maldijeron con el don de la vida eterna, pero una vida de sufrimiento constante. Viajó en barco hasta el continente, hace ya un par de centurias atrás, pero su vela fue abatida por una tempestad tropical antes de llegar a las costas del Caribe. Allí los pocos sobrevivientes se encontraron enfermos por un soplido del Diablo y en las islas no querían acercarse, ni siquiera para brindarles ayuda. Tormento y dolor, días de fiebre y llagas purulentas que se podían oler a la distancia, edían a azufre. Pero logró reponerse, sujetando siempre con fuerza una medalla de la Señora de la Santísima Trinidad de Aquileo. Una vez de pie (solo él, a los demás apenas se animaron a quemar los cuerpos), bajó el territorio norteño pero le llevó años, apaleado y golpeado por bandidos, sin transporte y sin dinero, todo se le hacía cuesta arriba. Llegó a la selva y en un gran Valle le dieron abrigo y comida. Pero junto a él apareció la sequía y la inundación. Los platos rebozantes de frutas multicolores se marchitaron, la comida se pudrió de la noche al día y las moscas comenzaron a revolotear en nubes, alrededor de los pequeños recién nacidos que lloraban con panzas vacías de alimento. Y el maldito, aquel abandonado por la suerte, debió partir famélico de aquel boceto de infierno con los gritos de auxilio aun resonando en sus oídos.

Toda clase de penurias vivió, no solo él sino aquellos que mantenían contacto con este indigno señor. Y un buen día después de varias décadas se instaló en este antiguo escenario que lo supo cortejar puesto que el maravilloso diseño del edificio había sido llevado adelante por Cutralmistrarte, un excéntrico arquitecto de origen persa. Cuenta la historia que visto desde los cielos el lugar tiene forma de escarabajo de las dunas, aunque otros ven un trébol de cuatro hojas y no un mísero insecto. Lo cierto es que allí se sintió contenido y pese a saberse observado, encontró una bocanada de aire y un refugio para comenzar con su ambiciosa colección de (no tan) santa cabalería mística.

martes, 27 de diciembre de 2011

Creo que nadie me lee o lo hacen en silencio. Como sea, disfruten los cuentos.

lunes, 26 de diciembre de 2011

El Canto Del Héroe: La Primera Melodía De Amor

Cuando aún era una promesa, un simple capullo encerrado en el cuerpo de un niño, nuestro héroe (que no tenía ganado su nombre todavía) destacaba por una sonrisa sincera y una voz celestial. Eran épocas de oscuridad en un mundo donde los pueblos apenas podían dedicarse a juntar comida por temporadas para volver a buscar caminos cuando las lluvias o las sequías así los obligasen. No tenía familia, jamás la tuvo, y refiere la leyenda que había sido rescatado bajo los escombros de un viejo molino por trotamundos. Aún era un retoño con pocas horas de nacido, uno de esos milagros inexplicables, cuando lo encontraron en brazos de su madre sin vida tras el gran diluvio de julio. 

Hijo de las mil tormentas, le decían. Creció bajo el ala protectora de cuentistas y juglares viajeros de todas las tierras al norte de las montañas que lindan con las praderas verdes que desembocan en el mar y junto a ellos aprendió el arte de la historia y la leyenda. Para ellos, hombres y mujeres que no tenían más pertenencias que la propia cultura de la memoria, aprendió el fino arte del relato en su maravillosa extensión, de cómo las palabras atesoran en sus letras un significado diferente cuando son soltadas por una boca amable en su justo tiempo y lugar. Memorizó los cuentos y las fábulas de sus antepasados y, aunque aún muy joven para preguntar sobre su difunta madre, se sintió gustoso y en casa entre hermanos peregrinos. 

Feliz y contento, nuestro héroe de prodigiosa voz celestial, contaba los pasos no en números sino en párrafos y versos. Cruzando senderos con sus salvadores en poco tiempo atravesó vastos paisajes, desde los cerros que aún no eran cordillera y les brindaban refugio en los inviernos, con sus arroyos cristalinos llenos de vida, sus cuevas iluminadas por el calor del fuego que sabían encender y, sobre todo, por los incontables cuentos que oía día tras día. Los veranos resultaban ser cálidos y alegres, siempre y cuando el clima les diese una mano y no inunde los fondos de los acantilados donde hacían refugios para esconderse del agobiante calor de la temporada. Nuestro héroe era feliz, y pese a las advertencias de los suyos, recorría la vida cantando. 

El tiempo transcurrió en la forma en que el héroe lo permitió. Él, inmaculado en su inocencia, contagiaba paz a cuanta persona lo escuchase hablar y recitar. Ya se sabía a la perfección las canciones que había practicado hasta entonces y de a poco comenzó a inventar las propias. Sorprendidos por lo que oían, sus hermanos caminantes, en vez de aplaudirlo, comenzaron a censurarlo. Fue un duro golpe para el héroe que no se resignó y en silencio componía para sus adentros cuando nadie le prestaba un oído. Pero la reacción de los suyos tenía una justificación y así le explicaron. El arte de la creación estaba destinado a los dioses, sin su permiso, vendría el castigo. 

Un día de primavera nuestro héroe despertó sobresaltado en la mitad de la noche profunda. Envuelto en un sudor frío e intranquilo alcanzó a manotear un morral con unas galletas y bajo la atenta mirada de las estrellas dio un paso en soledad, después otro y cuando se dio cuenta ya se encontraba lejos de los suyos. Sin poder conseguir la paz que lo había acompañado hasta entonces se sentó bajo un gran sauce llorón que crecía en el medio de un pequeño valle donde el viento no podía llegar con fuerza. Allí cruzó las rodillas y con los brazos abiertos comenzó a cantar suavemente. Sus primeras palabras salieron de su boca con la lentitud de un reloj al que se le da cuerda por primera vez. Recordó en una melodía multicolor la historia de los suyos, sobre cada amanecer y cada anochecer. Como bien le habían enseñado, supo darle brillo a las mañanas de sol y de a poco los pájaros se acercaron hipnotizados por el cantar del héroe. Zorzales y petirrojos llegaron primeros, luego una familia de torcazas acudió al llamado y por último un alborotado colibrí se congeló en un aleteo infinito frente a sus propios ojos. Se entusiasmó, contento y lleno por la armonía que sus sonidos transmitían (incluso a él mismo) se entregó por completo a la canción. Sin darse cuenta, absolutamente hundido en el hechizo que había creado, recitó estrofas de edades que aún no habían visto la luz, sobre ciudades que jamás había conocido, sobre un viaje que aún no había emprendido. Con tanto detalle cantaba que podía ver los adoquines de una gran escalera elevarse en las nubes, una plaza de flores cuyo aroma le llegaba límpido y dulce a su nariz. Viajó con los sonidos y allí, cruzando un amplio balcón con cortinas de seda blanca, la vio a ella y entonces dejó de cantar; Nuestro héroe se había enamorado. 

De repente y como liberados por el silencio que cayó como el cuchillo de un verdugo, las aves dispararon en vuelo en todas las direcciones. Todas menos un cuervo, que impasible y casi ausente en la noche, aún lo observaba con atención. Son animales valientes los cuervos, pensó él, e intentó retomar la melodía. Pero un gran trueno a la distancia lo asustó y erizándose sobre sus piernas comprobó que las estrellas ya le daban la espalda y una macabra tormenta lo amenazaba con el tronar de los rayos explotando sobre la tierra. Rápidamente se dio cuenta que nada tenía que hacer allí y emprendió el retorno. 

Los primeros surcos fueron tranquilos, con la típica calma que antecede al huracán. De a poco las gotas de lluvia fueron golpeando su rostro y en un abrir y cerrar de ojos ya se encontraba haciendo esfuerzos para abrirse paso en el lodo. Los caminos se habían inundado y amenazaban con llevárselo a él también, pero nuestro héroe ya mostraba un temple tenaz e impasible. Trepó una pendiente que se había convertido en catarata, esquivando rocas afiladas que caían hacía él y haciendo pie en el fango llegó hasta una inmensa saliente en punta de la misma roca, allí se irguió llevándose las manos para cubrir sus ojos de la tempestad y le hizo frente. Buscó con la mirada a los suyos pero no los encontró. Con la sombra recortada por los destellos que la furia del cielo escupía se lo podía ver, ya no a un niño, sino a un joven. Pero había sido advertido y debía pagar el precio de haber creado, de haberse enamorado, de haber encontrado un destino a su canción. Desde la inconmensurable negrura que dominaba las alturas un asesino relámpago estalló en llanto y nuestro héroe cayó dando tumbos por la colina. Entonces todo fue oscuridad. 

Despertó quien sabe cuándo. La tormenta ya había pasado y solo había dejado una fresca brisa húmeda de recuerdo. Aún con la mitad del rostro sumergido en la tierra pudo ver los pájaros a su alrededor, incluso logró distinguir al cuervo, pero a diferencia de cuando su voz alegraba los corazones alados esta vez notó tristeza en ellos. Se recuperó de a poco y una vez de pie nuevamente corrió por los suyos. Cruzó las quebradas y las grietas de la tierra, a su paso, todo era desolación y destrucción, tal como algunas fábulas que le enseñaron en su niñez. Luego de mucho andar, cayó de rodillas ante una imagen que le hizo comprender el significado del dolor. 

Dispersos y a lo largo del nacimiento de un antiguo río que supo estar seco en lo que él lo conocía, encontró a los suyos ya sin vida. Intentó salvarlos pero solo pudo desplomarse en lágrimas al ver que todo era en vano, había llegado tarde. Sollozando y herido se echó la culpa por haber creado cuando no le estaba permitido y los pobres pájaros lo miraban compartiendo su angustia. Era una matanza, una matanza divina pensaba él. Un castigo demasiado grande que no tenía razón de ser y que jamás le habían enseñado y por lo cual no lograba comprender. Un leve movimiento se escuchó entonces y para su bendición, vio una mano moverse entre los restos del temporal. 

Se apresuró en quitar las piedras del cuerpo y debajo de ellas pudo ver un marchito y malherido anciano, el más anciano de los trotamundos que esbozaban las historias del cantor. Le sostuvo la mano delicadamente y le limpió la suciedad de la frente arrugada. Un hilo de vida aún se aferraba a él, suficiente para darle una última lección al hijo de las mil tormentas al que nunca una tormenta había vencido. Antes de morir, el último viejo le agradeció su canto y le pidió que mantenga viva la cultura de los historiadores viajeros del mundo, que con él aún con vida, su pueblo mantenía la esperanza de renacer. No dejes de crear nunca jamás, busca a tu amada ya que en tu amor vive nuestra memoria. Y dejándose llevar por la muerte (que en algún lugar cercano contemplaba con paciencia esperando) le regaló a nuestro héroe su más preciado tesoro.

Tomándolo con sumo cuidado lo guardó en el morral. Era el tiempo de nuestro héroe.

Lo Que Dejó Un Resto De Tinta

Olvídense, de la misma manera que yo lo hice, sobre la maldad en el hombre y sus designios llenos de ambición desmesurada. Ahora bien, caigan en el ardor del destino que mas aun que el hombre, puede ser mas venenoso y trampero todavía. Así sucedió para un joven que caminó desde San Telmo hasta el barrio de Almagro, el oscuro Almagro, por calles angostas al costado del ferrocarril en un tiempo que aquí no recordamos ni lo deseamos. En estas historias muchos nos vemos identificados, aquellos que al igual que el muchacho de pocos años tuvimos que patear la derecha y la izquierda con pocas monedas en un bolsillo mal cosido después de una noche agitada. Pasear por la ciudad, conocer sus peligros y sus secretos. Grietas que se abren en una callezuela tapada por la bruma de un río que ahora se esconde en la distancia, el aroma de una pulpería (o cafetín marrón) de la época colonial y un hechizo bien de nuestro Buenos Aires querido. 

Pero se lo llevó, se lo trago la tierra, la misma ciudad se hizo con su vida y su memoria. Ya nadie lo recuerda ni lo recordará, excepto por su imagen que sigue viva en estas palabras encantadas.

(a desarrollar).
No van a esperar relatos maravillosos los últimos días del año, ¿o si?

martes, 20 de diciembre de 2011

Si Cambia El Viento

La idea de nacer bajo la mala estrella de un hombre sin suerte me carcomía desde adentro y me pudría las entrañas. Caminar por una calle sin luz en una noche cerrada de tormenta espesa, haber perdido las llaves de mi casa (dato irrelevante) ya que al no reconocer donde estaba no tenía un hogar a la cual retornar. El mundo me había devorado por completo y en ese agujero del infortunio yo había apoyado una rodilla sobre la inmundicia del suelo y me sentía, por decirlo así, abatido en mi primer mitad de un cuarto círculo sin cerrar.

Algún día saldrá el sol tras las nubes, pensaría un optimista. O un conformista. Yo no soy ni lo primero ni lo segundo. Como no he esbozado aún una tercera opción, este relato guarda celosamente un enigma de mala fortuna y caminos a contramano que si esconde un secreto o no, lo veremos más adelante.

Si cambia el viento.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Algo así como Cien Cuentos Maravillosos publicados en este blog entraron a la isla de edición hoy. Si todo sigue su sano curso el 2012 nos recibirá con libro bajo el brazo. 

Feliz lunes, el anteúltimo del año.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Todo Es Caos Y Maravilla

Habla en tercera persona, se ve desde afuera y se maravilla de si mismo. No es vanidad, no es hedonismo, es un extraño caso o condición que padecen los hombres satisfechos con lo que han logrado en vida. Se admiran como un cuento de hadas, se deprimen con sus problemas, sienten sus emociones a flor de piel mediante la facilidad que tienen de abstraerse de ser quienes son. Así cierro mi análisis por el día de hoy, pueden retirarse y que tengan un buen fin de semana.

Pero allí no había nadie quien lo escuchara, tampoco había un salón con butacas o una pizarra. El se encontraba completamente solo y confundido. Cierto, recordó, soy quien no dejo de ser, pensó, me convertí en aquel que alguna vez fui, lo supo con seguridad, algún día conseguiré lo que tanto soñé, exclamó en voz alta cerrando su puño con fuerza

Es difícil seguirle el ritmo, esta un paso más allá del resto. De a momentos da la impresión de pertenecer a una época que aún no vivimos, sin embargo es cuestión de oír sus historias de vida para caer en un mar de antigüedad y lejanía. Hay noches en que sus arrugas se vuelven eternas, algunas mañanas parece haber amanecido como un adolescente que siempre quiere más y más. Sonríe cuando se da cuenta que hablo de él, suspira mirándose a un espejo.

Hay que tener cuidado con los espejos, lo que uno crea adelante de ellos vale por dos y hechiza mágicamente en un mundo paralelo. Eso sucede gracias al reflejo de las tangentes que derivan de un logaritmo que yo he descubierto hace mas de muchos años (sumados, divididos por tres mas catorce). Eso son varias primaveras, queridos. Y como les explicaba, los espejos son traicioneros si no se los sabe manejar. En lo más profundo de un resplandor refractario, o espejo, domé al exponente de la matemática sin números y me hice poseedor a la fuerza del ya nombrado logaritmo. Luego de meses de estudio y sabiendo que jamás podré comprenderlo en su totalidad, había llegado a una conclusión. Haciendo uso del resultado pude saltar dentro del destello de la imagen bajo cuatro marcos y en un mundo paralelo me fue posible adquirir la habilidad de Dios, la de crear a mi imagen y semejanza.

Lo veía hablar en diferentes tonos, mencionar la palabra algoritmo (intentando pronunciar logaritmo) con voz fuerte y pesada, pero para referirse a Dios destinaba suaves suspiros de aire sostenidos por una mirada convencida. Y aún así, si observamos a nuestro alrededor, no hay nadie que me escuche, ni butacas ni pizarra. Dentro del espejo hay un mundo diferente, afirma, pero que hoy solo encuentra refugio en mi cabeza y de allí no lo dejaré salir nunca jamás. Una sola vez busqué la forma de darle libertad y (si así lo hago) entonces el futuro es oscuro, lo sabía, lo se y lo sabré, porque el tiempo es ambiguo y volátil. Dentro de un espejo lo puedo controlar, fuera de el todo es Caos y Maravilla.

Habla en tercera persona y claramente lleva una luz que chisporrotea en esos luceros. Todo un Caos controlado dentro del espejo, aclara mirándome a los ojos, todo dentro de mi cabeza, le respondo a nadie, a nadie que me escuche en un salón sin butacas ni pizarra.

martes, 13 de diciembre de 2011

Excepto por un par de fieles seguidores (que no hace falta que salten como leche hervida ahora) creo que nadie me lee a esta altura. Vos que no me lees podes pudrirte bien podrido/a. Y que en este día de lluvia te quedes solo/a y no tengas donde descargarla y que se te pudra la mano.

Eso dije.

Malditos todos, cuando se conviertan en zombies me los voy a cargar, ya van a ver.

lunes, 12 de diciembre de 2011

El Que Toca A Tu Puerta

No creerán las cosas que he hecho, los tormentos que he tenido que sufrir. Sin embargo lo más destacable, y no quizás lo mas hermoso, es la cantidad de atrocidades que he llevado adelante, todas y cada una de ellas consiente del poder de destrucción que significa ser quien soy.

Debo admitir y porque a esta altura ya no le tengo temor a nada ni nadie que lo que desencadenó este terror fue ni más ni menos que la crueldad de aquello a lo que le llaman amor. Yo, hace tiempo largo que descreo de él. Me río en su cara, lo escupo y le bailo con sarcasmo y burla. Pueden gritar a los cuatro vientos que todo lo que fui, soy y seré, se debe al romanticismo de la vida. Pero claro, el camino es diferente para cada uno y algunos pocos, como yo (si no llego a ser el único), vamos a contramano.

Me divierto, me encuentro feliz a costa de los demás. Quito, jamás doy, pero así me alcanza para recibir lo que deseo y busco. He fantaseado, en alguna oscura noche, ser el único hombre con capacidad de respirar en esta tierra. Pero que aburrido, pienso al mismo tiempo, no tener de quien deleitarse, puesto que a mis ojos, todos son una tentación escondida. Mujeres, las mas hermosas y las mas bellas, jóvenes que aún no se convierten en señoritas, madres fieles o ancianas con sus carteras repletas de historias antiguas. No me basta con ellas, de postre, a veces clavo mi mirada en hombres, sin discriminar excepto por mi estado de ánimo, pequeños malcriados que merecen una lección o retoños que dan sus primeros pasos en la universidad. De ellos, los maduros señores de trabajo a esta altura me aburren y los ancianos tienen mas gracia, por no poder defenderse, porque además de la enfermedad y el tiempo también deben cuidarse de mi. Y porque no ser sinceros, reconozco encontrar un derroche de pasión en esos pimpollos que aún no aprenden a caminar. Si tan solo vieran el rostro de sus padres cuando les aparezco con la sucia noticia de mi perversión, entonces todo se vuelve evidente. Al fin de cuentas, soy lo que soy y el miedo está sanamente justificado.

En este lugar, el de haberme transformado en un monstruo para la sociedad, yo me siento satisfecho. Aunque mi hambre de maldad sigue pidiendo más, debo entender que he encontrado aquello que me completa. A veces a cuchillo o mano limpia, o mediante maquinarias pesadas, cortantes o contundentes, bajo el desorden mental que les puedo producir si me siento fino y perseverante, siempre me salgo con la mía. Nunca escapo, cual es la necesidad preguntaría yo, si puedo irme caminando tranquilo, sin que nadie me vea.

Enemigos, los tengo a montones, demasiados y no les guardo rencor, si admiración. Ellos iluminan mi nombre el cual no tengo; No soy nadie, nadie a quien puedan apuntar con el dedo, nadie que lleva una vida muy diferente a la de ustedes, uno lobo disfrazado de cordero, el enemigo número uno de los cuentos de horror, una grandiosa pesadilla.

Un asesino, hecho y derecho, que sabe y disfruta de matar, torturar y ultrajar. Pero que loco, el mundo nos crea y nos da de comer, una ironía que me da ganas... ganas de saber quien lee mis labios en este momento.

Te doy tiempo de escapar, knoc knoc, antes de que abras la puerta.

A Todos Y Cada Uno De Ellos

He creado lo que algunos consideran una abominación y que jamás entenderán en su percepción infantil (teniendo en cuenta que hasta un pequeño tiene más imaginación). En lo que a mi respecta, que se pudran todos y cada uno de ellos. He obrado con mi corazón y he puesto todos mis sueños a la obra y despliegue del arte para que estos ignorantes no tengan la capacidad suficiente para comprender lo que a mi me sucede. En lo que a mi respecta, que se pudran todos y cada uno de ellos. La monstruosidad de la cual ríen y se burlan me pertenece a mi y a nadie mas que a mi, levantada desde mis amores y mi oscuridad mas sincera. Siento que les causo vergüenza, una vergüenza ajena que roza con el chiste de ser quien soy. Ni las aves vuelan cerca de la escultura, parece que tienen temor de que cobre vida propia y se las devore una a una. Si fuese por mí, que así suceda y los busque (no a los pobres pájaros), que se pudran todos y cada uno de ellos. Yo a diferencia del mundo, me identifico con lo que veo. Unas inmensas alas de piedra, mezcla de cuervo y águila pero con las pequeñas garras de los vampiros que una vez vi en una cueva del Caribe. Tiene lo justo y necesario y mas aún, poder y fuerza para levantar al gigante en los aires y darle velocidad en la caza, también calidez y bondad para abrazar un alma en pena y resguardarla de las miradas acusadoras. Y que decir del rostro de la bestia, porque así se refirieron a ella, una bestia. Ellos son bestias, todos ellos, y en lo que a mi respecta, que se pudran todos y cada uno. Me preguntaron, intentando contener la postura entre carcajadas, el porqué del tercer ojo y su extraño tamaño. Que van a saber, sobre las puertas del alma y el observar más allá. Me dieron una lección sobre anatomía, justo a mi, que he leído bibliotecas enteras sobre criaturas del mundo, tanto del conocido como de los desconocidos. Tres piernas y no deja de ser un cuadrúpedo, tres cuernos (el del medio más largo que el resto sin ser curvo y si muy afilado), colmillos del tamaño de mi pulgar y una densa cabellera de pelo grueso amarronado cayendo libre dese el cuello hasta donde comienzan las placas de la cola vivoril escamosa. Les vi los ojos bañados en lágrimas cuando se refirieron a las pezuñas de la inmensa estatua, he de explicarles y para que perder el tiempo, que las pezuñas son firmes y sólidas, dando base y estabilidad además de rapidez y potencia. Rieron una vez más. En lo que a mi respecta, que se pudran todos y cada uno de ellos.

Aún no he terminado. Cuando sea el momento esta obra sabrá cobrar vida y veremos quien ríe. En lo que a mi respecta, que se pudran todos y cada uno de ellos.

domingo, 11 de diciembre de 2011

A Los Vientos De Sántiro

Ësta antigua lëyënda se rëmonta a los papiros símaros ëncontrados cërca dë las costas Cámbricas dë Apostolëo Turbantë dondë las aguas corrën furiosas dësafiando a los vientos de Sántiro. Më ha costado ël tiempo quë tardan las avës Phirrá en cruzar trësciëntas sëtënta y cinco lëguas en dësëncriptar ëstos frágiles y antiguos manuscritos sagrados quë dicën así:

Thúmulo Agráhstidoz ël invëncible guardián dë Zaor ha caído finalmente y la ëntrada së abre ahora antë mi como la boca dë un dragón hambriento. No había caido ën la cuënta de lo majëstuoso dë ëstë ëxtraño lugar. Bajo una gran bóvëda dë piëdra nëgra puëdo distinguir unas límpidas ëscrituras quë no puëdo traducir përo quë conozco (...). Zurtg comprëndió mi dëstino y së ofrëció a ënsëñarmë sobrë la crëación y la música quë da vida.

(Continuará)

miércoles, 7 de diciembre de 2011

martes, 6 de diciembre de 2011

Tres Flores

Hubo uno que lo dijo primero, que embelesó la palabra y la hizo atractiva. Un segundo prestó sus oídos con atención, comprendió y no solo se sintió hechizado por lo que escuchó sino que además tuvo la fuerte necesidad de contarle a tercero, cuarto y quinto al mismo tiempo. En esta oportunidad, las frases no solo correspondían con primero, sino que además venían con agregados de segundo para tercero y cuarto, no para quinto quien tenía ganado un rechazo disimulado por segundo. Para él, los comentarios al margen tenían veneno, de todas formas y para los tres nuevos exponentes la historia contada tenía una maravilla que cada cual supo abrazar y adoptar como  propia. El tiempo transcurrió sin relojes, sin días y sin época, pero el cuento se mantuvo vivo y un día llegó a tal nivel de majestuosidad que del mismo crecieron incontables cabezas y garras, dicen algunos que escupía fuego mientras que otros aseguran que sus pueblos fueron devastados bajo su terror oscuro. Así aparecieron los héroes, muchos caídos pero guardianes de moralejas, lo menos aún con vida, pero escondidos bajo la leyenda del primero.

Debo decir, confesar, que guardo en una pequeña talera tres palabras del relato original, las guardo como oro, como primero segundo y tercero, pero las celo con horrores porque sería un puñal al corazón que escapen al viento, quien sabe que les depararía el destino. Yo las aprisiono en su forma pura, tres flores con aroma a lluvia de primavera tal como fue la tarde en la que fueron concevidas.

Por Un Susurro Del Viento

Me he enterado por un susurro del viento que tener defectos es correcto y hasta suele servir como arma de seducción. Yo creía que no era así, que las muchachas de buen pasar, bellas e inteligentes buscan un hombre de manos grandes y fuertes, con un empleo y mucho dinero para darles tranquilidad a la hora de pensar en los hijos. Pero mire usted lo que he escuchado en un suspiro flotante, que mi cojera es atractiva y que mi corta estatura hace juego con mi barriga pícara. Estamos grandes ya, no es momento de darse lujos ni de creerse algo que uno no es, pero yo a la brisa le creo porque siempre me canto la verdad.

Hoy me voy a ajustar el moño, porque estoy en galán.

Se Busca

Se busca muchacha con derroche de actitud que se cope en salir en el banner de arriba del blog (va en serio).

lunes, 5 de diciembre de 2011

El Perfeccionista

En mi vida como amante me he refugiado bajo una diversa y colorida paleta de disfraces que me han ayudado a perfeccionarme en el amor. Siempre de forma estricta y profesional, trabajando para mi mismo y con el móvil de superarme en el amplio espectro del corazón. Es por eso que me he sometido a exigencias varias, desde relaciones de una noche con sus niveles de perversión y ensueño, denigrando hembras o subiéndolas a un pedestal allí en los cielos del paraíso. Mi dura tarea me ha obligado en varios tramos del camino a bajar la cabeza y adoptar el compromiso de la relación, abrazar frases como te amo y para siempre a pesar de que en el fondo sabía que todo era parte de la magia de mi análisis y que la búsqueda de la verdad llevaría a destruir la unión que para mi siempre había sido pasajera y efímera, en todas las oportunidades. El amor engaña y traiciona, la lealtad y la confianza son palabras que seducen pero llevan tanto de mentira como de belleza. Es todo parte de mi trabajo, un hombre con herramientas, dispuesto a aprender y crecer en el mundo de las sonrisas femeninas (tan frágiles que dan ternura).
Me había olvidado de la existencia de los lunes.