Olvídense, de la misma manera que yo lo hice, sobre la maldad en el hombre y sus designios llenos de ambición desmesurada. Ahora bien, caigan en el ardor del destino que mas aun que el hombre, puede ser mas venenoso y trampero todavía. Así sucedió para un joven que caminó desde San Telmo hasta el barrio de Almagro, el oscuro Almagro, por calles angostas al costado del ferrocarril en un tiempo que aquí no recordamos ni lo deseamos. En estas historias muchos nos vemos identificados, aquellos que al igual que el muchacho de pocos años tuvimos que patear la derecha y la izquierda con pocas monedas en un bolsillo mal cosido después de una noche agitada. Pasear por la ciudad, conocer sus peligros y sus secretos. Grietas que se abren en una callezuela tapada por la bruma de un río que ahora se esconde en la distancia, el aroma de una pulpería (o cafetín marrón) de la época colonial y un hechizo bien de nuestro Buenos Aires querido.
Pero se lo llevó, se lo trago la tierra, la misma ciudad se hizo con su vida y su memoria. Ya nadie lo recuerda ni lo recordará, excepto por su imagen que sigue viva en estas palabras encantadas.
(a desarrollar).
(a desarrollar).
1 comentario:
Espero el desarrollo.
Si hay algo que puedo decir de la escritura en general es que me sitúo muy bien en los lugares, me imagino las secuencias y eso es una de las principales virtudes del texto para quien lee.
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