jueves, 29 de diciembre de 2011

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Santa Cabalería Mística

Alguna vez había sido un hombre afortunado en el dinero y el amor, pero eso fue hace ya mucho tiempo atrás. Desde entonces permaneció escondido de la mala suerte que claramente lo perseguía, donde quiera que se oculte, atormentándolo día y noche como si fuese su única fijación.

Había sido abandonado por lo ángeles, dicen, y se convirtió en un hombre peligroso para los demás. Se refugiaba, si, bajo los tablones de un antiguo teatro sin uso de la avenida principal. Húmedo y pequeño, pero alejado de la idea común de bienestar, había llenado las paredes con amuletos y cábalas de todo tipo de procedencias extrañas, collares y pulseras, santos y deformes estatuillas de dioses paganos, todo una colección de lo mas macabra. Pero el allí se sentía medianamente a salvo, con sus talismanes protectores y reliquias benditas.

Y no por nada se había ganado la maldición, porque eso fue lo que le sucedió, lo maldijeron con el don de la vida eterna, pero una vida de sufrimiento constante. Viajó en barco hasta el continente, hace ya un par de centurias atrás, pero su vela fue abatida por una tempestad tropical antes de llegar a las costas del Caribe. Allí los pocos sobrevivientes se encontraron enfermos por un soplido del Diablo y en las islas no querían acercarse, ni siquiera para brindarles ayuda. Tormento y dolor, días de fiebre y llagas purulentas que se podían oler a la distancia, edían a azufre. Pero logró reponerse, sujetando siempre con fuerza una medalla de la Señora de la Santísima Trinidad de Aquileo. Una vez de pie (solo él, a los demás apenas se animaron a quemar los cuerpos), bajó el territorio norteño pero le llevó años, apaleado y golpeado por bandidos, sin transporte y sin dinero, todo se le hacía cuesta arriba. Llegó a la selva y en un gran Valle le dieron abrigo y comida. Pero junto a él apareció la sequía y la inundación. Los platos rebozantes de frutas multicolores se marchitaron, la comida se pudrió de la noche al día y las moscas comenzaron a revolotear en nubes, alrededor de los pequeños recién nacidos que lloraban con panzas vacías de alimento. Y el maldito, aquel abandonado por la suerte, debió partir famélico de aquel boceto de infierno con los gritos de auxilio aun resonando en sus oídos.

Toda clase de penurias vivió, no solo él sino aquellos que mantenían contacto con este indigno señor. Y un buen día después de varias décadas se instaló en este antiguo escenario que lo supo cortejar puesto que el maravilloso diseño del edificio había sido llevado adelante por Cutralmistrarte, un excéntrico arquitecto de origen persa. Cuenta la historia que visto desde los cielos el lugar tiene forma de escarabajo de las dunas, aunque otros ven un trébol de cuatro hojas y no un mísero insecto. Lo cierto es que allí se sintió contenido y pese a saberse observado, encontró una bocanada de aire y un refugio para comenzar con su ambiciosa colección de (no tan) santa cabalería mística.

martes, 27 de diciembre de 2011

Creo que nadie me lee o lo hacen en silencio. Como sea, disfruten los cuentos.

lunes, 26 de diciembre de 2011

El Canto Del Héroe: La Primera Melodía De Amor

Cuando aún era una promesa, un simple capullo encerrado en el cuerpo de un niño, nuestro héroe (que no tenía ganado su nombre todavía) destacaba por una sonrisa sincera y una voz celestial. Eran épocas de oscuridad en un mundo donde los pueblos apenas podían dedicarse a juntar comida por temporadas para volver a buscar caminos cuando las lluvias o las sequías así los obligasen. No tenía familia, jamás la tuvo, y refiere la leyenda que había sido rescatado bajo los escombros de un viejo molino por trotamundos. Aún era un retoño con pocas horas de nacido, uno de esos milagros inexplicables, cuando lo encontraron en brazos de su madre sin vida tras el gran diluvio de julio. 

Hijo de las mil tormentas, le decían. Creció bajo el ala protectora de cuentistas y juglares viajeros de todas las tierras al norte de las montañas que lindan con las praderas verdes que desembocan en el mar y junto a ellos aprendió el arte de la historia y la leyenda. Para ellos, hombres y mujeres que no tenían más pertenencias que la propia cultura de la memoria, aprendió el fino arte del relato en su maravillosa extensión, de cómo las palabras atesoran en sus letras un significado diferente cuando son soltadas por una boca amable en su justo tiempo y lugar. Memorizó los cuentos y las fábulas de sus antepasados y, aunque aún muy joven para preguntar sobre su difunta madre, se sintió gustoso y en casa entre hermanos peregrinos. 

Feliz y contento, nuestro héroe de prodigiosa voz celestial, contaba los pasos no en números sino en párrafos y versos. Cruzando senderos con sus salvadores en poco tiempo atravesó vastos paisajes, desde los cerros que aún no eran cordillera y les brindaban refugio en los inviernos, con sus arroyos cristalinos llenos de vida, sus cuevas iluminadas por el calor del fuego que sabían encender y, sobre todo, por los incontables cuentos que oía día tras día. Los veranos resultaban ser cálidos y alegres, siempre y cuando el clima les diese una mano y no inunde los fondos de los acantilados donde hacían refugios para esconderse del agobiante calor de la temporada. Nuestro héroe era feliz, y pese a las advertencias de los suyos, recorría la vida cantando. 

El tiempo transcurrió en la forma en que el héroe lo permitió. Él, inmaculado en su inocencia, contagiaba paz a cuanta persona lo escuchase hablar y recitar. Ya se sabía a la perfección las canciones que había practicado hasta entonces y de a poco comenzó a inventar las propias. Sorprendidos por lo que oían, sus hermanos caminantes, en vez de aplaudirlo, comenzaron a censurarlo. Fue un duro golpe para el héroe que no se resignó y en silencio componía para sus adentros cuando nadie le prestaba un oído. Pero la reacción de los suyos tenía una justificación y así le explicaron. El arte de la creación estaba destinado a los dioses, sin su permiso, vendría el castigo. 

Un día de primavera nuestro héroe despertó sobresaltado en la mitad de la noche profunda. Envuelto en un sudor frío e intranquilo alcanzó a manotear un morral con unas galletas y bajo la atenta mirada de las estrellas dio un paso en soledad, después otro y cuando se dio cuenta ya se encontraba lejos de los suyos. Sin poder conseguir la paz que lo había acompañado hasta entonces se sentó bajo un gran sauce llorón que crecía en el medio de un pequeño valle donde el viento no podía llegar con fuerza. Allí cruzó las rodillas y con los brazos abiertos comenzó a cantar suavemente. Sus primeras palabras salieron de su boca con la lentitud de un reloj al que se le da cuerda por primera vez. Recordó en una melodía multicolor la historia de los suyos, sobre cada amanecer y cada anochecer. Como bien le habían enseñado, supo darle brillo a las mañanas de sol y de a poco los pájaros se acercaron hipnotizados por el cantar del héroe. Zorzales y petirrojos llegaron primeros, luego una familia de torcazas acudió al llamado y por último un alborotado colibrí se congeló en un aleteo infinito frente a sus propios ojos. Se entusiasmó, contento y lleno por la armonía que sus sonidos transmitían (incluso a él mismo) se entregó por completo a la canción. Sin darse cuenta, absolutamente hundido en el hechizo que había creado, recitó estrofas de edades que aún no habían visto la luz, sobre ciudades que jamás había conocido, sobre un viaje que aún no había emprendido. Con tanto detalle cantaba que podía ver los adoquines de una gran escalera elevarse en las nubes, una plaza de flores cuyo aroma le llegaba límpido y dulce a su nariz. Viajó con los sonidos y allí, cruzando un amplio balcón con cortinas de seda blanca, la vio a ella y entonces dejó de cantar; Nuestro héroe se había enamorado. 

De repente y como liberados por el silencio que cayó como el cuchillo de un verdugo, las aves dispararon en vuelo en todas las direcciones. Todas menos un cuervo, que impasible y casi ausente en la noche, aún lo observaba con atención. Son animales valientes los cuervos, pensó él, e intentó retomar la melodía. Pero un gran trueno a la distancia lo asustó y erizándose sobre sus piernas comprobó que las estrellas ya le daban la espalda y una macabra tormenta lo amenazaba con el tronar de los rayos explotando sobre la tierra. Rápidamente se dio cuenta que nada tenía que hacer allí y emprendió el retorno. 

Los primeros surcos fueron tranquilos, con la típica calma que antecede al huracán. De a poco las gotas de lluvia fueron golpeando su rostro y en un abrir y cerrar de ojos ya se encontraba haciendo esfuerzos para abrirse paso en el lodo. Los caminos se habían inundado y amenazaban con llevárselo a él también, pero nuestro héroe ya mostraba un temple tenaz e impasible. Trepó una pendiente que se había convertido en catarata, esquivando rocas afiladas que caían hacía él y haciendo pie en el fango llegó hasta una inmensa saliente en punta de la misma roca, allí se irguió llevándose las manos para cubrir sus ojos de la tempestad y le hizo frente. Buscó con la mirada a los suyos pero no los encontró. Con la sombra recortada por los destellos que la furia del cielo escupía se lo podía ver, ya no a un niño, sino a un joven. Pero había sido advertido y debía pagar el precio de haber creado, de haberse enamorado, de haber encontrado un destino a su canción. Desde la inconmensurable negrura que dominaba las alturas un asesino relámpago estalló en llanto y nuestro héroe cayó dando tumbos por la colina. Entonces todo fue oscuridad. 

Despertó quien sabe cuándo. La tormenta ya había pasado y solo había dejado una fresca brisa húmeda de recuerdo. Aún con la mitad del rostro sumergido en la tierra pudo ver los pájaros a su alrededor, incluso logró distinguir al cuervo, pero a diferencia de cuando su voz alegraba los corazones alados esta vez notó tristeza en ellos. Se recuperó de a poco y una vez de pie nuevamente corrió por los suyos. Cruzó las quebradas y las grietas de la tierra, a su paso, todo era desolación y destrucción, tal como algunas fábulas que le enseñaron en su niñez. Luego de mucho andar, cayó de rodillas ante una imagen que le hizo comprender el significado del dolor. 

Dispersos y a lo largo del nacimiento de un antiguo río que supo estar seco en lo que él lo conocía, encontró a los suyos ya sin vida. Intentó salvarlos pero solo pudo desplomarse en lágrimas al ver que todo era en vano, había llegado tarde. Sollozando y herido se echó la culpa por haber creado cuando no le estaba permitido y los pobres pájaros lo miraban compartiendo su angustia. Era una matanza, una matanza divina pensaba él. Un castigo demasiado grande que no tenía razón de ser y que jamás le habían enseñado y por lo cual no lograba comprender. Un leve movimiento se escuchó entonces y para su bendición, vio una mano moverse entre los restos del temporal. 

Se apresuró en quitar las piedras del cuerpo y debajo de ellas pudo ver un marchito y malherido anciano, el más anciano de los trotamundos que esbozaban las historias del cantor. Le sostuvo la mano delicadamente y le limpió la suciedad de la frente arrugada. Un hilo de vida aún se aferraba a él, suficiente para darle una última lección al hijo de las mil tormentas al que nunca una tormenta había vencido. Antes de morir, el último viejo le agradeció su canto y le pidió que mantenga viva la cultura de los historiadores viajeros del mundo, que con él aún con vida, su pueblo mantenía la esperanza de renacer. No dejes de crear nunca jamás, busca a tu amada ya que en tu amor vive nuestra memoria. Y dejándose llevar por la muerte (que en algún lugar cercano contemplaba con paciencia esperando) le regaló a nuestro héroe su más preciado tesoro.

Tomándolo con sumo cuidado lo guardó en el morral. Era el tiempo de nuestro héroe.

Lo Que Dejó Un Resto De Tinta

Olvídense, de la misma manera que yo lo hice, sobre la maldad en el hombre y sus designios llenos de ambición desmesurada. Ahora bien, caigan en el ardor del destino que mas aun que el hombre, puede ser mas venenoso y trampero todavía. Así sucedió para un joven que caminó desde San Telmo hasta el barrio de Almagro, el oscuro Almagro, por calles angostas al costado del ferrocarril en un tiempo que aquí no recordamos ni lo deseamos. En estas historias muchos nos vemos identificados, aquellos que al igual que el muchacho de pocos años tuvimos que patear la derecha y la izquierda con pocas monedas en un bolsillo mal cosido después de una noche agitada. Pasear por la ciudad, conocer sus peligros y sus secretos. Grietas que se abren en una callezuela tapada por la bruma de un río que ahora se esconde en la distancia, el aroma de una pulpería (o cafetín marrón) de la época colonial y un hechizo bien de nuestro Buenos Aires querido. 

Pero se lo llevó, se lo trago la tierra, la misma ciudad se hizo con su vida y su memoria. Ya nadie lo recuerda ni lo recordará, excepto por su imagen que sigue viva en estas palabras encantadas.

(a desarrollar).
No van a esperar relatos maravillosos los últimos días del año, ¿o si?

martes, 20 de diciembre de 2011

Si Cambia El Viento

La idea de nacer bajo la mala estrella de un hombre sin suerte me carcomía desde adentro y me pudría las entrañas. Caminar por una calle sin luz en una noche cerrada de tormenta espesa, haber perdido las llaves de mi casa (dato irrelevante) ya que al no reconocer donde estaba no tenía un hogar a la cual retornar. El mundo me había devorado por completo y en ese agujero del infortunio yo había apoyado una rodilla sobre la inmundicia del suelo y me sentía, por decirlo así, abatido en mi primer mitad de un cuarto círculo sin cerrar.

Algún día saldrá el sol tras las nubes, pensaría un optimista. O un conformista. Yo no soy ni lo primero ni lo segundo. Como no he esbozado aún una tercera opción, este relato guarda celosamente un enigma de mala fortuna y caminos a contramano que si esconde un secreto o no, lo veremos más adelante.

Si cambia el viento.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Algo así como Cien Cuentos Maravillosos publicados en este blog entraron a la isla de edición hoy. Si todo sigue su sano curso el 2012 nos recibirá con libro bajo el brazo. 

Feliz lunes, el anteúltimo del año.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Todo Es Caos Y Maravilla

Habla en tercera persona, se ve desde afuera y se maravilla de si mismo. No es vanidad, no es hedonismo, es un extraño caso o condición que padecen los hombres satisfechos con lo que han logrado en vida. Se admiran como un cuento de hadas, se deprimen con sus problemas, sienten sus emociones a flor de piel mediante la facilidad que tienen de abstraerse de ser quienes son. Así cierro mi análisis por el día de hoy, pueden retirarse y que tengan un buen fin de semana.

Pero allí no había nadie quien lo escuchara, tampoco había un salón con butacas o una pizarra. El se encontraba completamente solo y confundido. Cierto, recordó, soy quien no dejo de ser, pensó, me convertí en aquel que alguna vez fui, lo supo con seguridad, algún día conseguiré lo que tanto soñé, exclamó en voz alta cerrando su puño con fuerza

Es difícil seguirle el ritmo, esta un paso más allá del resto. De a momentos da la impresión de pertenecer a una época que aún no vivimos, sin embargo es cuestión de oír sus historias de vida para caer en un mar de antigüedad y lejanía. Hay noches en que sus arrugas se vuelven eternas, algunas mañanas parece haber amanecido como un adolescente que siempre quiere más y más. Sonríe cuando se da cuenta que hablo de él, suspira mirándose a un espejo.

Hay que tener cuidado con los espejos, lo que uno crea adelante de ellos vale por dos y hechiza mágicamente en un mundo paralelo. Eso sucede gracias al reflejo de las tangentes que derivan de un logaritmo que yo he descubierto hace mas de muchos años (sumados, divididos por tres mas catorce). Eso son varias primaveras, queridos. Y como les explicaba, los espejos son traicioneros si no se los sabe manejar. En lo más profundo de un resplandor refractario, o espejo, domé al exponente de la matemática sin números y me hice poseedor a la fuerza del ya nombrado logaritmo. Luego de meses de estudio y sabiendo que jamás podré comprenderlo en su totalidad, había llegado a una conclusión. Haciendo uso del resultado pude saltar dentro del destello de la imagen bajo cuatro marcos y en un mundo paralelo me fue posible adquirir la habilidad de Dios, la de crear a mi imagen y semejanza.

Lo veía hablar en diferentes tonos, mencionar la palabra algoritmo (intentando pronunciar logaritmo) con voz fuerte y pesada, pero para referirse a Dios destinaba suaves suspiros de aire sostenidos por una mirada convencida. Y aún así, si observamos a nuestro alrededor, no hay nadie que me escuche, ni butacas ni pizarra. Dentro del espejo hay un mundo diferente, afirma, pero que hoy solo encuentra refugio en mi cabeza y de allí no lo dejaré salir nunca jamás. Una sola vez busqué la forma de darle libertad y (si así lo hago) entonces el futuro es oscuro, lo sabía, lo se y lo sabré, porque el tiempo es ambiguo y volátil. Dentro de un espejo lo puedo controlar, fuera de el todo es Caos y Maravilla.

Habla en tercera persona y claramente lleva una luz que chisporrotea en esos luceros. Todo un Caos controlado dentro del espejo, aclara mirándome a los ojos, todo dentro de mi cabeza, le respondo a nadie, a nadie que me escuche en un salón sin butacas ni pizarra.

martes, 13 de diciembre de 2011

Excepto por un par de fieles seguidores (que no hace falta que salten como leche hervida ahora) creo que nadie me lee a esta altura. Vos que no me lees podes pudrirte bien podrido/a. Y que en este día de lluvia te quedes solo/a y no tengas donde descargarla y que se te pudra la mano.

Eso dije.

Malditos todos, cuando se conviertan en zombies me los voy a cargar, ya van a ver.

lunes, 12 de diciembre de 2011

El Que Toca A Tu Puerta

No creerán las cosas que he hecho, los tormentos que he tenido que sufrir. Sin embargo lo más destacable, y no quizás lo mas hermoso, es la cantidad de atrocidades que he llevado adelante, todas y cada una de ellas consiente del poder de destrucción que significa ser quien soy.

Debo admitir y porque a esta altura ya no le tengo temor a nada ni nadie que lo que desencadenó este terror fue ni más ni menos que la crueldad de aquello a lo que le llaman amor. Yo, hace tiempo largo que descreo de él. Me río en su cara, lo escupo y le bailo con sarcasmo y burla. Pueden gritar a los cuatro vientos que todo lo que fui, soy y seré, se debe al romanticismo de la vida. Pero claro, el camino es diferente para cada uno y algunos pocos, como yo (si no llego a ser el único), vamos a contramano.

Me divierto, me encuentro feliz a costa de los demás. Quito, jamás doy, pero así me alcanza para recibir lo que deseo y busco. He fantaseado, en alguna oscura noche, ser el único hombre con capacidad de respirar en esta tierra. Pero que aburrido, pienso al mismo tiempo, no tener de quien deleitarse, puesto que a mis ojos, todos son una tentación escondida. Mujeres, las mas hermosas y las mas bellas, jóvenes que aún no se convierten en señoritas, madres fieles o ancianas con sus carteras repletas de historias antiguas. No me basta con ellas, de postre, a veces clavo mi mirada en hombres, sin discriminar excepto por mi estado de ánimo, pequeños malcriados que merecen una lección o retoños que dan sus primeros pasos en la universidad. De ellos, los maduros señores de trabajo a esta altura me aburren y los ancianos tienen mas gracia, por no poder defenderse, porque además de la enfermedad y el tiempo también deben cuidarse de mi. Y porque no ser sinceros, reconozco encontrar un derroche de pasión en esos pimpollos que aún no aprenden a caminar. Si tan solo vieran el rostro de sus padres cuando les aparezco con la sucia noticia de mi perversión, entonces todo se vuelve evidente. Al fin de cuentas, soy lo que soy y el miedo está sanamente justificado.

En este lugar, el de haberme transformado en un monstruo para la sociedad, yo me siento satisfecho. Aunque mi hambre de maldad sigue pidiendo más, debo entender que he encontrado aquello que me completa. A veces a cuchillo o mano limpia, o mediante maquinarias pesadas, cortantes o contundentes, bajo el desorden mental que les puedo producir si me siento fino y perseverante, siempre me salgo con la mía. Nunca escapo, cual es la necesidad preguntaría yo, si puedo irme caminando tranquilo, sin que nadie me vea.

Enemigos, los tengo a montones, demasiados y no les guardo rencor, si admiración. Ellos iluminan mi nombre el cual no tengo; No soy nadie, nadie a quien puedan apuntar con el dedo, nadie que lleva una vida muy diferente a la de ustedes, uno lobo disfrazado de cordero, el enemigo número uno de los cuentos de horror, una grandiosa pesadilla.

Un asesino, hecho y derecho, que sabe y disfruta de matar, torturar y ultrajar. Pero que loco, el mundo nos crea y nos da de comer, una ironía que me da ganas... ganas de saber quien lee mis labios en este momento.

Te doy tiempo de escapar, knoc knoc, antes de que abras la puerta.

A Todos Y Cada Uno De Ellos

He creado lo que algunos consideran una abominación y que jamás entenderán en su percepción infantil (teniendo en cuenta que hasta un pequeño tiene más imaginación). En lo que a mi respecta, que se pudran todos y cada uno de ellos. He obrado con mi corazón y he puesto todos mis sueños a la obra y despliegue del arte para que estos ignorantes no tengan la capacidad suficiente para comprender lo que a mi me sucede. En lo que a mi respecta, que se pudran todos y cada uno de ellos. La monstruosidad de la cual ríen y se burlan me pertenece a mi y a nadie mas que a mi, levantada desde mis amores y mi oscuridad mas sincera. Siento que les causo vergüenza, una vergüenza ajena que roza con el chiste de ser quien soy. Ni las aves vuelan cerca de la escultura, parece que tienen temor de que cobre vida propia y se las devore una a una. Si fuese por mí, que así suceda y los busque (no a los pobres pájaros), que se pudran todos y cada uno de ellos. Yo a diferencia del mundo, me identifico con lo que veo. Unas inmensas alas de piedra, mezcla de cuervo y águila pero con las pequeñas garras de los vampiros que una vez vi en una cueva del Caribe. Tiene lo justo y necesario y mas aún, poder y fuerza para levantar al gigante en los aires y darle velocidad en la caza, también calidez y bondad para abrazar un alma en pena y resguardarla de las miradas acusadoras. Y que decir del rostro de la bestia, porque así se refirieron a ella, una bestia. Ellos son bestias, todos ellos, y en lo que a mi respecta, que se pudran todos y cada uno. Me preguntaron, intentando contener la postura entre carcajadas, el porqué del tercer ojo y su extraño tamaño. Que van a saber, sobre las puertas del alma y el observar más allá. Me dieron una lección sobre anatomía, justo a mi, que he leído bibliotecas enteras sobre criaturas del mundo, tanto del conocido como de los desconocidos. Tres piernas y no deja de ser un cuadrúpedo, tres cuernos (el del medio más largo que el resto sin ser curvo y si muy afilado), colmillos del tamaño de mi pulgar y una densa cabellera de pelo grueso amarronado cayendo libre dese el cuello hasta donde comienzan las placas de la cola vivoril escamosa. Les vi los ojos bañados en lágrimas cuando se refirieron a las pezuñas de la inmensa estatua, he de explicarles y para que perder el tiempo, que las pezuñas son firmes y sólidas, dando base y estabilidad además de rapidez y potencia. Rieron una vez más. En lo que a mi respecta, que se pudran todos y cada uno de ellos.

Aún no he terminado. Cuando sea el momento esta obra sabrá cobrar vida y veremos quien ríe. En lo que a mi respecta, que se pudran todos y cada uno de ellos.

domingo, 11 de diciembre de 2011

A Los Vientos De Sántiro

Ësta antigua lëyënda se rëmonta a los papiros símaros ëncontrados cërca dë las costas Cámbricas dë Apostolëo Turbantë dondë las aguas corrën furiosas dësafiando a los vientos de Sántiro. Më ha costado ël tiempo quë tardan las avës Phirrá en cruzar trësciëntas sëtënta y cinco lëguas en dësëncriptar ëstos frágiles y antiguos manuscritos sagrados quë dicën así:

Thúmulo Agráhstidoz ël invëncible guardián dë Zaor ha caído finalmente y la ëntrada së abre ahora antë mi como la boca dë un dragón hambriento. No había caido ën la cuënta de lo majëstuoso dë ëstë ëxtraño lugar. Bajo una gran bóvëda dë piëdra nëgra puëdo distinguir unas límpidas ëscrituras quë no puëdo traducir përo quë conozco (...). Zurtg comprëndió mi dëstino y së ofrëció a ënsëñarmë sobrë la crëación y la música quë da vida.

(Continuará)

miércoles, 7 de diciembre de 2011

martes, 6 de diciembre de 2011

Tres Flores

Hubo uno que lo dijo primero, que embelesó la palabra y la hizo atractiva. Un segundo prestó sus oídos con atención, comprendió y no solo se sintió hechizado por lo que escuchó sino que además tuvo la fuerte necesidad de contarle a tercero, cuarto y quinto al mismo tiempo. En esta oportunidad, las frases no solo correspondían con primero, sino que además venían con agregados de segundo para tercero y cuarto, no para quinto quien tenía ganado un rechazo disimulado por segundo. Para él, los comentarios al margen tenían veneno, de todas formas y para los tres nuevos exponentes la historia contada tenía una maravilla que cada cual supo abrazar y adoptar como  propia. El tiempo transcurrió sin relojes, sin días y sin época, pero el cuento se mantuvo vivo y un día llegó a tal nivel de majestuosidad que del mismo crecieron incontables cabezas y garras, dicen algunos que escupía fuego mientras que otros aseguran que sus pueblos fueron devastados bajo su terror oscuro. Así aparecieron los héroes, muchos caídos pero guardianes de moralejas, lo menos aún con vida, pero escondidos bajo la leyenda del primero.

Debo decir, confesar, que guardo en una pequeña talera tres palabras del relato original, las guardo como oro, como primero segundo y tercero, pero las celo con horrores porque sería un puñal al corazón que escapen al viento, quien sabe que les depararía el destino. Yo las aprisiono en su forma pura, tres flores con aroma a lluvia de primavera tal como fue la tarde en la que fueron concevidas.

Por Un Susurro Del Viento

Me he enterado por un susurro del viento que tener defectos es correcto y hasta suele servir como arma de seducción. Yo creía que no era así, que las muchachas de buen pasar, bellas e inteligentes buscan un hombre de manos grandes y fuertes, con un empleo y mucho dinero para darles tranquilidad a la hora de pensar en los hijos. Pero mire usted lo que he escuchado en un suspiro flotante, que mi cojera es atractiva y que mi corta estatura hace juego con mi barriga pícara. Estamos grandes ya, no es momento de darse lujos ni de creerse algo que uno no es, pero yo a la brisa le creo porque siempre me canto la verdad.

Hoy me voy a ajustar el moño, porque estoy en galán.

Se Busca

Se busca muchacha con derroche de actitud que se cope en salir en el banner de arriba del blog (va en serio).

lunes, 5 de diciembre de 2011

El Perfeccionista

En mi vida como amante me he refugiado bajo una diversa y colorida paleta de disfraces que me han ayudado a perfeccionarme en el amor. Siempre de forma estricta y profesional, trabajando para mi mismo y con el móvil de superarme en el amplio espectro del corazón. Es por eso que me he sometido a exigencias varias, desde relaciones de una noche con sus niveles de perversión y ensueño, denigrando hembras o subiéndolas a un pedestal allí en los cielos del paraíso. Mi dura tarea me ha obligado en varios tramos del camino a bajar la cabeza y adoptar el compromiso de la relación, abrazar frases como te amo y para siempre a pesar de que en el fondo sabía que todo era parte de la magia de mi análisis y que la búsqueda de la verdad llevaría a destruir la unión que para mi siempre había sido pasajera y efímera, en todas las oportunidades. El amor engaña y traiciona, la lealtad y la confianza son palabras que seducen pero llevan tanto de mentira como de belleza. Es todo parte de mi trabajo, un hombre con herramientas, dispuesto a aprender y crecer en el mundo de las sonrisas femeninas (tan frágiles que dan ternura).
Me había olvidado de la existencia de los lunes.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Buen Viaje Tom Tom

Me voy a un Spa en Punta del Este, vuelvo el lunes. Los mantendré en contacto de lo que vaya a suceder. Un soplón que conozco de viejas leyendas me aseguró haber conseguido información sobre el paradero de una fuente que otorga inmortalidad y la cueva de una gran serpiente gigante (que vive escondida a los ojos de hombres comunes). Pretendo cazarla, traer su cabeza y exhibirla acá, con fama y gloria. Ah, y claro, encontrar la fuente de la belleza y juventud eterna.

Sombrero en mano, cuchillo en el cinto y bronceador preparados.

Nos estamos viendo.

martes, 29 de noviembre de 2011

Esta lindo el día, porque no aprovechan para...

La Paradoja

Hombres y mujeres de todos lados del planeta se acercaron para estar presentes aquel día que revolucionaría el tiempo y espacio en una paradoja que nadie podía explicar pero que emocionaba hasta el llanto. No había una coherencia para el suceso pero ellos se sentían convencidos, algunos pocos sin embargo, eran escépticos y miraban desde el lejano hogar con indiferencia pero con una notoria curiosidad. ¿Que le pasa al mundo? Me preguntaría yo mismo, gente peregrinando por un hecho que no tiene nombre o descripción, otros que no creen pero que miran. No hay duda que debemos decir que están todos fuera de sus cabales, o que algo está sucediendo y estamos perdiendo la linea. Compostura por favor, mantengan el camino, no se dejen llevar por eso que hay en el aire y los contagia. Yo no compro, no me gusta el pescado podrido.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Al Otro Lado

En un lugar que no conocemos existe un camino el cual cada uno a su forma y manera recorre a su propio modo. Para todos es diferente, algunos no necesitan piernas para dar pasos gigantes o usan escaleras de inmensas y retorcidas curvas con precipicios que asustan, otros en cambio despliegan alas para volar. Pese a no saber donde queda o como se llega tenemos la habilidad de transitarlo. Hay una pared que pueden imaginar de la forma que deseen, ya sea descomunal con refuerzos de metal o edificada con ladrillos de arena (sea como fuere que la vean), que se levanta allí para dividir ambos mundos. Uno es tangible, el otro también, pero desde un sentido alejado de lo que podemos ver, tocar, sentir o mejor dicho, entender. Detrás del muro espera una respuesta distinta para cada uno.

Es extraño a veces comprender como funcionan estos hechizos. Una magia natural para todos pero que desconocemos más allá de la ciencia, que nos habita de la misma forma en que nos alimenta, en un sitio tan dentro nuestro que suele aferrarse con uñas y dientes en lo profundo del alma soltando raíces tan fuertes que pueden abrirse paso en ese muro inquebrantable y llenarnos las venas con la esencia de aquel camino misterioso. Es una llave que no tiene forma de llave, una combinación que no necesita adivinanzas o juegos de palabras, un truco que se asemeja más a un poder que a un deseo.

Se diferencian entonces aquellos locos y genios que se nutren de una energía que no pueden explicar de donde nace o proviene. Hambrientos y con sed de maravillas ajenas a este mundo (que contemplamos con ojos de razón), no dejan de ser más que parásitos en el buen significado de la expresión, llenándose la panza con un conocimiento desconocido. Nos empuja a dar un paso mas en la sabiduría oculta, porque tal es el dogma de aquello que parece utópico y que describe la siguiente línea; todo es posible, incluso lo imposible.

Somos el resultado de lo que absorbemos, de nuestras experiencias en la fantasía, de los pasos dados a lo largo de nuestro camino en un lugar que no percibimos. Algunos descreen y prefieren poner los pies sobre la tierra. Que ignorantes, les digo yo. Otros sin embargo lo abrazan sin siquiera saberlo. Porque para los que hachamos raíces más allá, nada será imposible.

sábado, 26 de noviembre de 2011

(Se solicita) 1/4 de helado de vainilla y dulce de leche granizado.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Raupert

Si tienen la oportunidad de visitar La Sauterelle en París deben saber simplemente una cosa, allí he tenido mi primer y único hijo como mujer. De todas las vidas que me han tocado ya sea por destino o por azar (o por un pacto que no recuerdo haber hecho jamás), solamente en una sola he nacido bajo el hechizo de Eva. Fue toda una experiencia, por la época, por los tiempos que corrían, porque a pesar de haber vivido suficiente nada me preparó para nacer con corazón y curvas.

Es terrible a veces, tener que cargar con el peso de una dama. Esquivar incontables ojos delatores que asesinan con la mirada, contener una sonrisa para no despertar malos pensamientos, guardar la pureza para el elegido, para un amor que jamás llega. Déjenme decirles, que los hombres son todos iguales. Y ellas también, pero lo que diferencia al macho de la hembra es simplemente que ellas luchan contra el estigma de ser deseadas, ellos en cambio sufren la necesidad de desear.

Corrían los años veinte. Una noche de velas y música entre humo espeso lo vi entrar desde el fondo del lugar, con su galera alta y un bigote finísimo que le afilaba la sonrisa de alta alcurnia. Su rosa en el ojal prendía fuego su entallado traje color sombra ceniza, con unos hilos que centelleaban de forma vertical desde el cuello del chaleco hasta los zapatos de charol. Dinero fácil, pensé.

Recostada contra una pared bajo una pintura de no recuerdo quien, hice valer mis curvas. Corrí suavemente la caída de mi vestido dejando ver una pierna larga de bailarina, interminable desde la cadera pálida hasta el comienzo de una media de hilos cruzados transparentes. El corsé lograba que mi cintura desapareciera con poca luz. Mis pechos casi al aire pidiendo salir, aplastados por un escote de piedras brillantes que los transformaba en una puerta al pecado. Labios rojo fuego, ojos turquesas, cabello negro corto. Le clavé la mirada y lo recuerdo bien, se me acercó.

Cuesta contar la historia, pese a ser hombre aún me quedan las cicatrices de vidas pasadas. Aquella primer noche nada sucedió entre nosotros dos. Se presentó educadamente e hizo incapié en mi sonrisa espontánea. Intenté llevarlo al paraíso de mis encantos pero se resistió, sin explicación alguna. Volvió varias noches más, jamás puso sus ojos en otra más que en mí. A veces me traía flores, otras ocasiones el perfume de los jazmines se transformaban en dulces bombones. Hasta que un día me invitó a su casa.

Salimos de La Sauterelle por la puerta de atrás que daba al mágico callejón de piedras húmedas. Allí, bajo una suave lluvia por primera vez me besó. No llegamos a su casa, bajo un puente a orillas del Sena nos fundimos en uno solo. Y he aquí que deseo llorar. Han abierto una herida que tenía olvidada.

Mientras sostenía mi cabello contra una pared fui la mujer mas feliz. Al menos por un instante. Trenzados en la pasión no notamos un grupo de hombres acercarse a nosotros. Nos tomaron por sorpresa y con la crueldad de manos curtidas lo separaron de un empujón. Recuerdo las carcajadas, las pieles asperas, el olor a alcohol profundo y a miedo. No quiero contar mas, apenas sobreviví aquella noche, la mas feliz como triste de mi vida.

Sin dinero y apenas con un hilo de vida me dieron asilo y refugio en La Sauterelle. Me curaron y me alejaron lo necesario para que me recupere. De todas formas, poco tiempo pasó hasta que una vez más me exigieran trabajar para pagar mis deudas. Hasta el octavo mes tuve mostrarme en el escenario, los hombres pagaban más por las lunas de mi vientre. Una noche antes de la llegada del noveno, sola y en medio de la noche me até contra una columna de madera del sótano. Bebí una botella completa de Contreau y sola tuve a Raupert. Le puse el nombre de su padre Raupert de Mognac aunque no sabría decir si era su hijo o el de todos sus asesinos. 

Me encontraron en lo profundo de la escalinata por los llantos del pequeño. Ella me vino a buscar finalmente dos días después. No tuve tiempo de despedir a mi pequeño. Como dije, era momento de abandonar aquel cuerpo frágil.

Por mucho que lo intenté, nunca volví a dar con Raupert (pero esa es la historia de otra vida).
Estoy con la cabeza en blanco, perdón.
Basta, hagamos una orgía y que se acabe el mundo.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Ah queridos lectores y enemigos, les traje Garotos del viaje. Tiren ideas así se me ocurren cuentos maravillosos, un bombón por una ayuda, negocio redondo.
Otra vez me quedé sin tinta y no hay cuento. Que mal que me pone la hoja en blanco.
Otra vez en Baires City, que calor...

martes, 22 de noviembre de 2011

Have you ever heard about Global Agreements? This is the new shit.

Fuck them, i own them all.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Rumbo al aeropuerto, todavía me queda lugar en la valija, haganse pequeños y sumense. Buena semana!

viernes, 18 de noviembre de 2011

Nuestra Casa Es El Mundo Entero

El viaje a través de los mares fue maligno, eso lo recuerdo bien aunque con mucho pesar. No le guardo respeto a las aguas abiertas desde entonces, muchos de los nuestros cayeron por el hacinamiento y la enfermedad. He visto al demonio disfrazado de plaga e infección llevándose a todo aquel que podía con él. Yo no le tengo miedo a la muerte, ella y yo tenemos un pacto.

Pasamos por momentos difíciles. Fue la necesidad la que nos impulsó a abandonar las tierras que en otras épocas habían sido tan verdes, tan ricas. Ya no era así, no más. Los cielos se habían oscurecido y la siembra crecía cuando quería, en mal estado. Nuestro ganado moría por la peste, nuestro pueblo pasaba hambre. Así fue que juntamos una vez más nuestras pocas pertenencias, el oro y las joyas, nuestras historias y leyendas. Con el tesoro de la cultura en nuestras manos dimos un paso más allá. Somos valientes, no nos dejamos doblar las rodillas por nadie, mucho menos por el destino. A donde sea que haya que ir nosotros estamos dispuestos, nuestra casa es el mudo entero.

Llegamos al puerto una madrugada de Octubre. Hacía calor -lo recuerdo-, el aire era húmedo y pesado. Se hacía difícil caminar y no agitarse. De los trescientos que subimos a la embarcación solo una centena habremos llegado en condiciones; los que quedaron en el camino fueron lanzados al mar del olvido. En aquella época juré que recordaría todos los nombres que la edad me permitiese. Hoy en otra vida diferente, en una realidad opuesta, ya no recuerdo ninguno. Tan solo el mío.

Renzo me decían, el malevo romaní; para los extraños era el Gitano. El destino me impuso un castigo, el de morir joven. Pero era tan malevo que volvería a nacer, ya en mi séptima vida. Corrían seis veces que veía la luz y creía saber sobre los secretos mortales del ciclo del tiempo. Inmortal me hacia llamar y aquel que se plantara recibía cuchillazo. Puñal en el cinto, ante la primera de cambio el ritual era el mismo, volaban los naipes por el aire y las camisas se abrían de un tirón. Los pechos envueltos en sudor, mostrando al hombre y su furia detrás. Venga, que el primero que apunta golpea dos veces. Pese a ser un asesino, en la buena ley de los míos y con el debido respeto, me tocó perder una única vez. Tajazo al cuello, seco y veloz. Aquel día mi alma abandonó el cuerpo calé, pero tendría revancha en una nueva vida. 

Dejé a un hijo bastardo en manos de la madre, prima hermana de mi misma sangre. Sin herencia más que mis dos dientes de oro, mis collares (una preciosa cadenilla dorada engarzando un rubí furioso y otra un zafiro de Zares del Danubio) y obviamente, la faca que empuñe a la hora de mi muerte. Con mi nombre labrado en la platería más fina espero que mi pequeño la haya blandido con el honor de los suyos.

No quiero saber que fue de ellos. En aquella vida enterré un recuerdo. Pese a haber nacido y perecido varias veces, uno nunca termina de prepararse para la próxima vez.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Aquel Hombre

Había algo extraño en aquel hombre que me generaba desconfianza. No sabría decir que es lo que me tiene a mal traer, debe ser que su misterio me incomoda. Recostado allí de medio cuerpo en un sillón, con esa tosca mirada perdida en el vacío de la pared. No me gustan sus cejas tupidas, tan pobladas de cabellos que le envuelven los techos de los ojos. Y esos ojos, sin fondo, a medio cerrar. Uno apenas deja ver el blanco del iris y sabemos (lo sabemos bien), que es la puerta del alma. ¿Cómo puedo confiar yo en un hombre que cierra sus emociones? Pero no es solo eso. Parece no tener voz ni vida. Sigue allí recostado de forma torcida, con su rostro deformado por una mano que lo sosiente. Un largo brazo que forma una columna desde el codo hasta la palma. Su piel se retuerce en todo el peso de la cara, deformando las arrugas y las lineas del tiempo. Mudo, el hombre debe ser mudo o esta en trance. Es cuestión de mirarle esa boca. De allí no hay palabras que se animen a salir, cruzar esos labios morados y pálidos; simplemente no puedo imaginar como una bonita frase puede nace de ahí.

Permanece sentado y en la mas absoluta quietud mientras lo observo. Parece no notar mi presencia. Es tarde ya, casi la hora de las brujas. De a poco el lugar se va vaciando, no va quedando nadie. A medida que el silencio crece, mi desconfianza también. El sigue allí y ahora somos dos, no se mueve. A veces me cuesta descubrir su respiración. Clavo mis ojos para encontrar algún hilo de vida, pero me requiere concentración. La temperatura cae, ya es la noche profunda y hace frío. Me abrigo con discreción. Y él sigue allí, quieto.

Doy fe de que esta vivo. Ahora puedo ver el vapor salir de su boca con cada bocanada lenta y pausada. Hay calor en ese cuerpo, por más helado que se vea. La expresión de sus ojos sigue ausente. ¿Que extraños sueños surcaran esa mente? No voy a irme de aquí hasta averiguarlo. Creo que cuando uno llega a este punto debe continuar, no debo dejarme vencer. El es la clave, se que lo es, tengo la seguridad. Debo esperar, ser cauto y paciente. Si había algo extraño en aquel hombre que me generaba desconfianza, ahora se había convertido en fascinación, pero una fascinación morbosa que logra helarme la sangre.

Cada vez la brisa es mas fuerte. Las ventanas se abren de par en par y golpean contra las paredes. Los candelabros tintinean y la llama de las velas amagan con apagarse dando así lugar a una sombra bailarina en la pared detrás de aquel misterioso hombre. Una luz tenue y la sombra allí, danzando y repiqueteando de aquí para allá, feliz entre tanta penumbra. La quietud del hombre le sirve de trampolín y del sillón a la pared da vueltas haciendo giros, construyendo trapecios. Es una sombra mal educada y traviesa,  corre agitando su oscuridad entre las mesas del lugar, jugando a las escondidas detrás de las columnas. Me daba cierta gracia observarla, como si bailara para mi, su único espectador. 

¿Y aquel extraño hombre? Seguía en calma e inmóvil, era sin embargo su sombra la que me llamaba ahora. Abría sus brazos y los cerraba, caía detrás de los cuadros y de rodillas pedía (o rogaba, imploraba o suplicaba) por algo que no podía comprender. A estas horas mi cabeza me esta jugando una mala pasada.

Pero realmente sucedía. La tiniebla del lugar era palpable, pequeñas lucecillas de velas a medio apagar, a medio encender, suficiente para darle música a esta opera de la umbría. Deseaba saltar de mi espera y bailar, tomarle las manos y salir a pasear por el mundo de la sombra. Que sea así entonces. Levanté mi cuerpo del reposo y con miedo me acerqué a la profunda oscuridad danzante. Para mi sorpresa se quedó fija cuando le extendí mis dedos, como un dibujo de tinta china, o un manchón. En su negrura se que me miró, casi que pude verla a los ojos. También entendí lo que hasta ahora era un secreto.

La brisa amainó y la música de a poco fue bajando su volumen invisible. La sombra se arqueo en su propio vacío y tomó la forma de un hombre a medio recostar en un sillón, de cejas frondosas y cabellos gris ceniza. Y aquel extraño hombre sin reacción, de a poco comenzó a abrir los ojos. Su mano se separó de un rostro marcado por el letargo y las edades. Su espalda se fue desencorvando de a poco, como una serpiente de sangre fria que se despereza ante el primer rayo de sol al mediodía.

Gracias por devolver mi sombra, susurró despacio, gracias.
Pueden pedir un deseo.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

El Hombre De Las Catorce Vidas

Hace ya dos vidas atrás, en el ocaso de un tiempo, fui interrumpido en mis sueños por mi pequeña nieta. Con sus cortos seis años había despertado en medio de la noche asustada y juraba no poder volver a dormirse, no a menos que su abuelo le narrara uno de esos cuentos extraños y tan divertidos. Así fue que, después de envolver su frágil inocencia con una cálida frazada, comencé a relatar la historia del hombre de las catorce vidas que, para aquel entonces, aún eran doce.

Para ser sincero, no tengo memoria o recuerdo alguno de como sucedió. Si fue algo que me gané o un don adquirido. He armado y desarmado la ida del elegido entre elegidos, y sin embargo sigo sin respuesta. No soy poseedor de poderes mágicos ni tengo la fórmula de la inmortalidad. Crezco de la unión del hombre y la mujer y en polvo conlcuyén mis hojas. Varias veces sucede, una repetición de la historia sin explicación de mi parte. Pero puedo asegurar que hasta el día de la fecha, he tenido la suerte y la desgracia de haber vivido más vidas de lo habitual. Más de una, claro, emprendiendo el último tramo del camino a la décimo quinta, me animaría a confesar.

Me gusta referirme a mi mismo como un adolescente, de quince vidas. He visto demasiado como para sentir las emociones de la misma manera que el hombre común. Sentimientos como la alegría y la tristeza son efímeros y ya no me preocupo por detalles menores. No derramo lágrimas mas que por el amor de los seres queridos. O al revés, por la pérdida de los mismos. Morir y nacer, el viaje que todos viven una única vez, yo las repito en el tiempo. Como si fuese un error, porque no debería ser así, crecer para morir y volver a renacer, pero sabiendo una verdad que a todos les cuesta una vida entera para descubrir.

He visto la luz, en diversos ámbitos y culturas diferentes. He vestido colores de piel en todo el mundo y hablado más idiomas que políglotas reconocidos, todos ellos aprendidos desde la cuna donde me haya tocado crecer. Fui testigo de guerras, las he sufrido como las he disfrutado, conozco hechos que los libros hoy desconocen. Yo soy el ejemplo más claro, la constante.

Me ha tocado el destino de vivir una rueda triste. A quien debo preguntarle, a quien debo reclamarle respuestas. Tantas veces he vivido, ¿cuantas veces debo morir? Quince vidas llevo en mi bolsillo y aún sigo de pie. Soy un eje de la historia, un testigo mudo al costado del camino que aprendió del silencio. Observo he intento comprender quien soy, sobre la razón de ser en este cuento, en el que todos viven una vez, lamentablemente.  

Hace casi tres años ella, mi querida nieta, solo escucho la primera frase antes de caer profundamente dormida. No sabrá quien soy y mejor que crea en la fantasía del cuento de un ajeno. Yo debo cumplir con mi destino una vez más, quien sabe que me deparará la historia en la próxima página.

Le di un beso en la frente y le desee dulces sueños. 

lunes, 14 de noviembre de 2011

viernes, 11 de noviembre de 2011

The Story Of My Life


Will Bloom: A man tells his stories so many times that he becomes the stories. They live on after him, and in that way he becomes immortal.

jueves, 10 de noviembre de 2011

 
Ex-girlfriend: If we fuck I'm gonna feel like shit tomorrow.
Jack: That's okay with me.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Del Sin Razón De Ser

Es injusto y no tiene razón de ser, lamentablemente es lo que lo convierte en algo tan real. Somos pocos los que lo vemos, realmente pocos. Un pequeño para nada selecto grupo de alguna vez visionarios que una vez soñaron con la potestad de un logro imposible. Era nuestro lema, cada cual a su manera, que la fantasía podía trasladarnos a mundos en los cuales seríamos nosotros aquellos que cambiáramos la historia, poder imaginar y crear a la vez. Que equivocados estábamos, demasiado para que la masa pueda comprender. Porque eso somos, incomprendidos, en su doble sentido, o triple, si aún queda coraje y valor. Es tan real que se torna horroroso y mata de espanto, he allí el alma cruel de esta criatura.

En un principio todo era tentación y gloria divina, el descubrimiento de la mentira que envolvía las fronteras, de un más allá de lo conocido. Podíamos traspasar límites que la gente común no contemplaba, límites que para la esencia del hombre eran tan reales como la idea de que no se debía pensar en semejante condición, el humano era lo que siempre fue, un ser pensante de razón lógica con todo lo que eso conlleva. Con el poder de nuestras ideas, supimos forzar la naturaleza mediante la pluma y la tinta, la oratoria y la palabra. En el abstracto del concepto cruzamos la dialéctica y el método. Como he afirmado al principio, con fantasía todo era posible. Pero no supimos ver más allá y en nuestro hambre lo descubrimos.

Es injusto y no tiene razón de ser, gracias a la libertad de la ilusión, nació el monstruo.
Ayer de noche, antes de que se largara a llover. No tenía conexión y era algo tarde, poco había para hacer por lo cual salí al balcón a fumarme un cigarro. Como saben desde mi 9no piso pulmón de manzana, me gusta mirar a mis vecinos. Allá a lo lejos, en un 8vo, una mujer escribía en su laptop sentada en el sillón. Para mi que lee mi blog.
Así como viene la inspiración, también desaparece.

Una lástima.

martes, 8 de noviembre de 2011

lunes, 7 de noviembre de 2011

Y tal pensamiento me había llevado hasta allí, por lugares que solo yo puedo inventar en mi retorcida perversión de un mundo que no es el que parece ser. Tan extraño incluso que a la muchacha que me miraba le faltaba la lengua, y por esas razones de mi propia imaginación yo conocía con detalle el relato de cómo sucedió y su triste porqué.
Extraño es que las mujeres que pasaron alguna vez por mi alcoba, en algún momento de la noche (o del día, dependiendo del tiempo) se refirieron todas y sin excepción al espejo que se levanta en la pared. No entiendo exactamente el motivo por el cual les causaba tanta curiosidad. En algunos casos asombro y en otras las he visto llorar, admirando su propio reflejo de cuerpo entero, sufriendo por la imagen o al revés, luciendo curvas que jamas olvidaré en mi memoria. No importaba el color de cabello, la edad de la muchacha en cuestión, si la luz se mantenía prendida o en la oscuridad total, absolutamente todas las damas que caían en mis sábanas tenía algún comentario sobre aquel espejo mágico.

Llegado el momento me fue imposible no tomarle cierto cariño, al final de cuentas, era mi confidente y único testigo, compañero de aventuras y voyeurista de primera fila.
Amasando otro cuento maravilloso...

viernes, 4 de noviembre de 2011

Donde Pertenezco Ahora

Cualquiera diría que estoy desorientado. Yo, en mi percepción distinguida de la situación, entiendo que el uso de la palabra desorientado es un error de concepto, especialmente teniendo en cuenta el contexto aplicado al instante del Ahora. Diría quizás que necesito repensar donde estoy parado, tomarme unos minutos de análisis para saber exactamente la dirección de mi camino. Desorientado no estoy, así como menciono el entorno y significado del Ahora, hablar del Dónde me resulta un poco complicado. "Cualquiera diría", no resulta correcto. No importan los cualquieras, especialmente cuando no tienen espacio en esta historia que se centra en mi rumbo y mi destino, no en la opinión ajena.

Repasemos y entendamos, ustedes confidentes de mi mente que pueden oírme pero que no deseo escucharlos, el eje principal de este enigma que me atrapa. Que me atrapa he dicho, pero no desorientado, porque el misterio no es donde estoy (aunque allá dicho que así sea) sino como surgió la duda en primer lugar. Hasta aquí analizo el panorama, pasando primero por el Cómo para desembocar en el río del Porqué. No puedo evitar maravillarme con lo que aprendo. Eso es una certeza, el aprendizaje, aunque todo aquello que se aprende con el tiempo o por razones de fuerza mayor también pueden ser olvidadas. Ahora que lo pienso (y sorprendentemente flota la palabra Ahora), cabe la posibilidad que no sea un asunto de orientación lo que me tiene atascado aquí, sino de pérdida de memoria. En caso de serlo, ojalá sea transitiva y temporal, no es mi deseo olvidar por siempre; así mueren los héroes en las leyendas, en el olvido.

Una vez me enseñaron (y con esto refuto la última hipótesis surgida, sin dudas aún recuerdo la anécdota) que en caso de perder la noción del espacio es menester repetir los pasos dados en el tiempo breve transcurrido hacía atrás; o como dicen, volver la página y comenzar a leer otra vez. Para llevar adelante la prueba, aconsejo que describamos el entorno.

Estoy situado en el centro, pero claramente el centro esta a mi derecha. La partición hace que la izquierda este a mi frente y a mi espalda se ubique la línea divisoria que ahora no divide ni la izquierda de la derecha, ni adelante de atrás, ni el centro del afuera. Como brújula no tengo (y es un espacio cerrado por lo cual no hay Sol o estrellas que puedan servirme de guía), he de entender que por mas que algunos insistan con la palabra desorientado, el grave problema está en el orden del mundo y no en mi percepción personal. Observen, estoy debidamente de pie en silencio, sin embargo a mi alrededor, todo es un caos.

Y díganme, ustedes que todavía siguen conmigo y de a poco son parte de este relato, ¿cómo harían de encontrar el camino en un mundo desordenado? Es una gran pregunta, y sería lógico analizar una respuesta digna. Todavía no resolvimos sobre el Dónde, el Cómo y el Ahora, aunque algo hemos dicho al respecto. Pero en un análisis del sistema, logramos dar con un hecho concreto del cual podemos partir en pos de llegar a destino; a mi alrededor, todo es confusion y desorden. No podemos pretender que mi derecha este en su correspondiente lugar, si apunto a la izquierda alguien entenderá que debe volver hacía atrás y si deseo continuar adelante probablemente solo esté vagando en círculos; es una anarquía que debe ser enfrentada.

Debemos impartir orden. La llave al corazón de la metáfora del relato se esconde en el lugar al cual correspondemos en el mundo en el que vivimos. La respuesta al Cómo me viene de repente a la mente como el don del iluminado, buscando Dónde pertenezco Ahora.

Dicho esto, con orgullo puedo asegurar que se quien soy, de donde vengo y hacia donde voy. Lo que había quedado librado al azar se vuelve evidente ante mis ojos. ¿Desorientado yo? Jamás, aunque hay gente que habla por el solo hecho de hablar.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El Mensajero

El no era de esas tierras, se le notaba en el aspecto sucio y desprolijo, en el andar torcido de viejas heridas mal sanadas. Escondía su rostro bajo una eterna capucha que dejaba ver un hueco negro profundo, no sobresalía nariz alguna, ni siquiera se veía el brillar de un par de ojos, era un vacío intranquilizador el de aquella cabeza que a primera vista parecía ausente. 

Caminando en diagonales desparejas, el extraño llegó hasta la gran posada del lugar. Abrió la puerta y para asombro de quien escribe, el lugar se encontraba prácticamente desierto, excepto por algunas pocas personas que hacían campamento alrededor del fuego de la chimenea, envueltos en humo espeso de incienso y una gran pila de jarrones de cerveza ya bebidas. Los hombres, y dos mujeres, reían a carcajadas entre cantos y bailes. No se detuvieron ante el nuevo cliente, no le dieron la más mínima importancia, su diversión les había privado de percepción alguna.

La figura harapienta se acercó a la barra y desplomó la parte superior del cuerpo sobre el mostrador. Con el suave movimiento de su mano, huesuda y flaca, ordenó a la distancia una bebida; pronto tuvo a su frente al dueño trayendo consigo una pinta de color ambar espumante. Lo observó. Era inevitable no caer bajo el hechizo de la misteriosa figura que en silencio reposaba sobre el cuadrante del bar. El clima está bravo, atacó el tabernero. Que lo trae por aquí buen hombre, si desea compartir su historia.

Se puso incómodo. Tardó en recibir una respuesta. Finalmente, los trapos se elevaron de la mesa aunque la espesura de la oscuridad no dejó ver en su interior. Un silbido casi de silencio escapó de una boca invisible, sus palabras se oían bien, aunque impronunciables. Traigo un mal de ojo, chifló de la capucha, he de entregarlo aquí, a esta hora, a su señorita rubia que caerá bajo los encantos de la bebida cuando usted le preste la debida atención.

Las palabras le llegaron tarde pero la curiosidad lo envenenó. Pasada la magia su cuello se torció en dirección al grupo que continuaba con la fiesta. Allí, a unos pocos pasos de la fogata, una bellísima mujer de cabellos dorados danzaba al compás de una flauta. En cuanto le clavó la vista, ella le devolvió la mirada, primero a él, después al forastero. 

Su baile se hizo lento, sus pies se hicieron un nudo, trastabilló y cayó seco sobre el suelo. La música se detuvo repentinamente. El mensaje ha sido entregado, deslizó como un brisa entre los gritos del lugar. Consternado y húmedo en sudor frío, el cantinero fue testigo de como aquel tenebroso recadero de otras tierras se iba con gran esfuerzo, sin embargo, en una soledad de aquellos que le brindaron el escape oculto de la indiferencia no percibida.

De más esta decir, que la doncella que sin permiso se había ausentado de su cuarto aquella noche, no despertaría facilmente, pero esa es otra historia.
Una buena por favor.

lunes, 31 de octubre de 2011

Estimado Lector

Necesito que comprenda, estimado lector, ciertas reglas -no tan reglas- que estructuran las líneas de mis relatos, incluso de los más verídicos. Hay una música que todo lo abraza. Hay tonos y semi tonos, que le dan coherencia a sucesos que a simple vista nada tienen que ver. Hay notas al pie y al margen, para que siga conmigo mientras escribo. Ese repiqueteo pum tum pum es un compás, para que puedan mantener el ritmo de mi proza.

Me gusta pensar, y de tal forma entender, que la armonía proviene de la naturaleza del silencio. Como hace no mucho tiempo expliqué, un visionario que escribía sus memorias usaba un Cronógrafo para captar los gritos del mundo y transformarlos en tiempo. No es casualidad que así sea, un hecho meramente atemporal, sin comienzo ni final, bajado a la realidad del hombre para ser traducido en detalle, al final de cuentas, la historia viva de la palabra no hablada.

Todo lo que digo puedo ser comprobado y verificado, para que vean que más allá de mis cuentos, algunas leyendas, hasta ciertas fábulas que he compuesto, no todas son inventadas y muchas de ellas guardan celosamente una verdad que pocos tienen la habilidad de observar (diría yo, un don de los nacidos bajo la luna de Piscis). 

Sígame con la imaginación, en esta pradera verde de noche estrellada. Recuéstese en el pasto y mire hacía el Cielo. Allí en lo alto, miles de brillantes puntitos titilan difusos, semifusos, llenos y vacíos. Estire el brazo, delicadamente por favor, y usándolo a modo de pincel dibuje suaves líneas en la profundidad de la negrura, cinco para ser específicos, cinco líneas paralelas que en la lingüística que conocemos recibe el nombre de pentagrama. Ahora bien, es momento de dejarse llevar, observar la partitura, completada por mágicas notas que consuman la música de la cual les hablé. Si somos pacientes, veremos la luna pasar por el bastidor invisible, y Solfeo orgulloso sonríe desde algún lado, dando comienazo a esta orquesta primaveral.

Sean en paz, en la quietud de la fantasía que todo lo logra. Hay una melodía, con ritmo y canto, de miles de años que nos trae el tiempo; lástima que no tienen un Cronógrafo como el visionario para dar detalle de las historias que contiene. Yo si tengo uno, y si me tienen paciencia, voy a contarles incontables leyendas, todas aquellas que pueda traducir, de la naturaleza y la palabra no escrita.

Para ustedes, con placer.

jueves, 27 de octubre de 2011

Voy a escribir solo para mí porque a nadie le interesa tomarse cinco minutos en un texto de mas de dos oraciones.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Creo que estoy deprimido. No se, yo siempre fui anti depresión.

El Cronógrafo

Su alma había sido atada al campanario por los siglos de los siglos hasta que el tiempo se detenga. Desde la cúpula del gran reloj, el visionario analizaba el pasar de las edades anotando todo cuanto detalle sus ojos pudiesen observar. Sus memorias no eran mas que una leyenda, la misma que le daba sentido a la vida, al menos en su percepción, la descripción mas fiel de un punto de vista neutral a los sucesos que nacían y perecían bajo las nubes del Cielo. 

Para lograr llevar adelante su tarea y vocación, contaba de la ayuda de un artefacto que el mismo había creado mediante el poder de la imaginación. Allí en el monumento donde residía, escribía sin parar al compás de la música de un inmenso e imponente Cronógrafo. Así le había puesto, así lo había denominado. Un Cronógrafo; cuya palabra le daba la dulzura necesaria a la fuerza del significado. De base cuspidoimitoide y con tres manivelas (una en cada triángulo), veintiocho teclas negras y blancas se superponían a la armonía de un gran tazón platinoide circular. Apuntado al horizonte, el cronógrafo captaba los acordes de la naturaleza. Desde la percusión de los truenos hasta los invisibles flautistas que se esconden en los vientos, o descubriendo las tormentas con su aporte xilofónico de las gotas de lluvia, cada corchea de la tierra llegaba hasta el Cronógrafo el cual absorbía cada nota transformándolas en una suave música atemporal, pero que de atemporal, nada tenía.

martes, 25 de octubre de 2011

La Culpa Mentirosa

En mis bolsillos guardo adivinanzas de todos los lados del mundo, y en mi cabeza escondo sus respuestas. Es que no llegue hasta estas tablas en un teatro colmado para que me vean admitir una culpa mentirosa; y se que en la inocencia no creen, por lo tanto son mis palabras las únicas que guardan la esperanza a la cual me aferro y no me suelto.

Aquella tarde del sesenta y tres yo no era más que un pequeño más entre muchos. Se los repito para que lo tengan en claro. Si no les alcanza con observar dentro de mis ojos, quizás estén dispuestos a que les abra el corazón. Yo no tenía mas de diez y siete cuando la ví por primera vez, en un abrir y cerrar me escondí detrás del Ciruelo. Era de noche y ya se me hacía tarde para llegar en horario a la cena, me apuraba puesto que de no estar sentado en la mesa a las ocho en punto (con mis manos limpias, sin indicios de tierra bajo las uñas) entonces mi padre me daría una dura lección con su cinturón. Pero en aquel ocaso, mientras juntaba mis tijeras y quitaba mis guantes, la vi apoyada en la ventana, cerrando unas cortinas de seda blanca, finísimas que no lograban ocultar esas curvas de ensueño.

Si, he estado ahí ese día. ¿Pero es que eso me hace culpable? Odio la palabra culpable, casi tanto como la de cobarde. Era nada más que un polluelo, hipnotizado jardinero que se congela ante la belleza de una hembra desnuda disfrutando de un cálido baño perfumado, piel lechosa y cabellos de oro encandilante. Jamás la olvidaré, no podría, su figura caló ondo en mi memoria. Pero a su vez juro que yo no tuve nada que ver con lo que sucedió a continuación. Parado en silencio, un joven jardinero estupefacto por el deseo carnal dejó caer la podadora como quien no se presta a mantener la mandíbula en su lugar.

Y me escuchó. No recuerdo si logró verme o no, solo admito haber soltado todo y correr con la velocidad del viento a mis espaldas como si hubiese visto un fantasma. Perder mi oficio por perverso y fisgón era peor que llegar tarde a la cena familiar, por lo cual huí despavorido dejando mis herramientas atrás. Mi familia puede afirmar que aquella noche mi silla no quedó vacía y aunque sin apetito, terminé mi comida educadamente.

No entiendo que sucedió después; es injusto que me acusen a mí. Pero en esta obra soy el sospechoso, el apuntado por esos índices afilados y me animaría a arriesgar que aquel que intenta darme muerte no lo hará de frente, sino por la espalda, detrás del telón, cuando todos estén aplaudiendo de pie mi inocencia.

Tengan piedad, se los ruego.

viernes, 21 de octubre de 2011

De Mala Suerte

No quiero sonar fabulero ni tampoco que me acusen de mentiroso. En primer término, la palabra inventor no suena a insulto pero dicha fuera de contexto seguramente me generaría rechazo y una molestia (por lo cual no se aplica). Es que la leyenda que les traigo a continuación no es propia y ciertamente verdadera, como bien lo explican los textos encontrados después del terremoto, que dan cuenta de que lo sucedido es real. Y créanme cuando les digo que he pasado por penas y penurias para dar con esta historia, pero el relato de como llegué hasta allí lo guardo solamente para mi mismo, dulce tesoro bien ganado y fuertemente celado. Sin embargo aquí estoy ahora, de frente a ustedes, y he prometido una memoria no propia pero que da testimonio de un hecho que realmente ocurrió (aunque depende de ustedes creer o no) y que ahora me dispongo a narrar.

Hace ya incontables eternidades atrás, cuando los pueblos se veían obligados a vagar por lo ancho y lo largo del mundo (sin siquiera conocer un tercio de él), por causas divinas que prefiero omitir, un hombre fue confinado a la tristeza de la soledad, a vivir en un agujero profundo muy profundo, dónde no llegaba la luz de las estrellas y donde el aire apenas le dejaba respirar. Allí, en un pequeño cuarto circular, este desdichado se vió obligado a escribir sobre la mala suerte. En un principio, comenzó con su propia mala suerte, el cómo y el porqué de su abstracción del mundo terrenal, sus aciertos y sus errores. 

Con el paso de los años, de las décadas, de los siglos y los milenios, ya no le quedaron más gajos de su alma que descubrir. Como cuenta la propia búsqueda de nuevos caminos, cuando recién los hombres se reunían allí en la superficie para crear inmensas ciudades gracias a la memoria colectiva, fue que este prisionero decidió destinar su pluma entintada a la mala suerte de los demás, de aquellos que vivían en compañía y no en soledad como él. 

El mundo descubrió en su ignorancia una nueva era terrenal. Las grandes cosmópolis creadas hasta entonces se veían destruidas por montañas que escupían fuego y terror. Los mares devoraban las costas persiguiendo a los pescadores y sus familias. La tierra supuraba mala suerte, temblaba ante el llanto de los suyos que en vano le pedían a sus dioses por misericordia y ayuda. Aquellos que no caían por la infortunio de una mala cosecha debían verse obligados a huir de la peste que se cargaba a todo cuanto podía. Eran tiempos terribles, dónde la humanidad comprendió la impuntualidad de la palabra catástrofe.

Y allí en su profundidad dónde no existía día o noche, un hombre escribía sin parar sobre la mala suerte de los demás. Tantas ideas soltó en aquel primer tiempo que decidió racionar desgracias para dedicarse a detalles menores. Con el correr de los inviernos pulió su letra y ya no describía ríos envenenados o dioses que en su enojo le ordenaban a la lluvia esperar. Ahora, en cambio, su deber se centraba en la relación del hombre con la mujer.

La mala suerte del amor comenzó en aquel lugar, en esa mesa redonda y pequeña, de la mano de este sin nombre que velaba por el destino y el azar, dándole equilibrio a la canción de la vida. Con el correr del reloj inmortal se dió cuenta de algo mágico que unía los cataclismos que separaban pueblos con simples desgracias como nombrar al esposo por el nombre del amante.

En todos los casos, todos y sin excepción, la mala suerte comprendía una anécdota que abría nuevas puertas a caminos desconocidos. Caminos que, sin mencionar, llevaban a buen puerto (si es que acaso la sugestión del hechicero de la desdicha no había destruido ya), el de enfrentar la adversidad y vencerla.
Me absorvió la noche y por más que lo intente, jamás podré pegar un ojo. Insomnio que me acechas desde las sombras en esta lúgubre luz, te juego al ajedrez, cuento hasta tres y cuando menos lo esperes te hago una de judo, cuatro de kung fu y gancho al mentón para levantar los brazos triunfante y victorioso.

No, maldición, eres de acero. Mi mejor golpe de nada sirvió. Quizás con una pastilla te pueda vencer, o no. Contemos ovejas, soñemos despiertos, tres fogatas y un compás de rock n roll.

Denme una receta mágica, por favor (o un par de pechos donde reposar mi cabeza).

jueves, 20 de octubre de 2011

Si Subo Abajo

Si subo abajo entonces jamas podré llegar a la derecha. La solución sería cambiar de dirección hacia la izquierda para continuar por la paralela que me deja en la diagonal (sin descender porque sino me perdería otra vez). Entonces de ahí seguir por la perpendicular, hacer un semicirculo completo y continuar por el camino de arboles sin perder nunca la orientación, importante este ultimo dato y para lo cual me he tomado el trabajo de marcar con tiza el destino de mi andar.

Una vez llegada a la rotonda podría tomarme cinco minutos de descanso, quizás beber un poco de agua y resolver algunas adivinanzas de mi libro, las que el tiempo me permita. Pero basta de relajarse que aún queda bastante por delante. Siguiendo este curso, debería subir cuatro escaleras de trecientos cuarenta y tres escalones, dos hacia abajo y cinco hacia arriba, cruzar una puerta (que debería estar abierta, a menos que solo busque problemas) y mirar el suelo buscando la próxima respuesta. Allí habría de encontrar una llave que divide una biblioteca en dos dejando en evidencia una infinita escalera caracol escondida que sube hacia lo mas profundo del lado izquierdo, tomando dos atajos y sin mirar hacia atrás por nada del mundo ya que pocos pueden tolerar tanto vértigo.

Mejor me dibujo el mapa en la mano, no me quiero perder.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Tómelo o Déjelo!

Buenísimo! Una millonada de gracias!

Tómenlo o Déjenlo!

(o mejor dicho)

El Encuentro Con Un Eufenúz

Todos saben (ya sea en su conciencia o inconsciencia) que en algún momento de nuestras vidas nos vamos a cruzar con un eufenuz. Algunos tienen la suerte de encontrarse a varios durante su existencia, otros, en cambio, lo logran una sola vez y, en el peor de los casos, sucede cuando uno aun es joven e inexperto.

Los eufenuces están, van y vienen, los vemos y no los reconocemos. Son como nosotros, como ellos, como aquellos. Nadie los ve y sin embargo todos saben que caminan, respiran y nos hablan. Son imposibles de distinguir, excepto, cuando deciden que es el momento indicado de hacerlo.

Todos los eufenuces tienen algo místico. Son criaturas que se muestran en el momento menos pensado, de la manera más disimulada posible. Un amigo, un enemigo, un conocido o un desconocido. Jamás se sabe donde y cuando se van a aparecer. Sin embargo, si uno abre bien los ojos y se mantiene muy atento, quizás llegue a reconocer el momento exacto en que ellos hacen lo que mejor saben hacer, dar una oportunidad única.

Los eufenuces no son de este mundo. Son esa oportunidad menos pensada, la mano amiga, la respuesta necesaria en el momento justo. Son los mensajeros de la suerte y la bocanada de aire en tiempos de oscuridad. Cuando uno dice que el tren pasa una sola vez en la vida entonces esta esperando encontrarse con un eufenuz (si es que lo hizo y no lo reconoció).

Ellos se acercarán y ofrecerán, de la manera más extraña, una posibilidad única, dirían las fábulas, una chance mágica. Reconocerlo y aprovecharlo depende de uno mismo.

La clave es estar siempre abierto a vivir algo nuevo.

lunes, 17 de octubre de 2011

El Mar De Los Caídos

Era el manto gris de la nada misma. No había oleaje ni olor a mar, ni siquiera las estrellas se animaban al reflejo en el cielo. Ni barcos, ni botes, ni pescadores. No se veían por ningún lugar. Incluso las leyendas sobre las inmensas carabelas que vigilan las costas parecían ahora fábulas inventadas para asustar a los niños. Sin embargo había algo en el aire distinguible para todos aquellos que pertenecían a la tripulación (que hasta allí había llegado a pie). Frente a ellos, y en todo su tétrico esplendor, se desplegaba el mar de los perdedores y los caídos.

Los esclavos entraron en pánico, continúa la bitácora. Incluso los fuertes hombres de trabajo que tenían las piernas encadenadas intentaron escapar. Se arrastraban por el suelo inmersos en una enfermedad de espanto y miedo. En sus ojos se veía claramente que buscaban desesperadamente huir de la muerte. Intentamos controlarlos, pero preferimos darles descanso eterno, al menos a aquellos que no cayeron en el sueño mágico del lugar. Nos quedamos sin mano de obra antes de poner un pie en las aguas, de eso estoy seguro, termina la página.

Ajustadores y jubinos de armas se llenaron de dudas. Como habrían de cruzar semejante vacío, era una pregunta que daba terror contestar. Quizás ya habían perecido y esto era  el deber de cruzar hacía el infierno, muchos de ellos nombraban al barquero del Caronté, que obviamente, jamás apareció. Se escuchaban tintineos de monedas y rezos a dioses perdidos. Las cábalas no sirven para construir embarcaciones. Nadar no era una opción.

Ante esas costas donde la parca había decidido cobrar vidas, ya sea por el terror o las manos de sus dominados, los Valientes decidieron armar campamento hasta encontrar una forma de vencer la desesperanza, o cruzar de alguna forma aquel paisaje al costado del mundo que ni siquiera estas lineas pueden describir con la lealtad que se merece.
Hoy quiero fiesta!
Pese a los muchos años que habían pasado desde la partida de nuestro héroe en el pueblo aún se recordaban sus canciones pero con melodías levemente diferentes esculpidas por el paso del tiempo. Todas conservaban aún la esperanza en sus compases pero los trovadores poco a poco parecían perder el interés en su cantar. Aquellos que más hacían eco de tales leyendas eran los pequeños que corrían libres por los senderos jugando a ser Héroe de Héroes, anudados en luchas de brazos y agigantando la leyenda que ahora servía para imprimir valentía en los niños.

(Diría yo, que su recuerdo se marchitó el día en que el primer niño malforme mostró su rostro con protuberancias córnicas que hizo que el partero lo suelte en el aire, un niño maldito por los enemigos del héroe, decían en secreto, y desde entonces el pueblo se prepararó para lo peor).
Pensando como conseguir que este blog produzca orgasmos en sus lectores.

viernes, 14 de octubre de 2011

Posible Lo Imposible

Como es posible lo imposible, bajo un contexto de ciencia y religión. Todavía estamos lejos de comprender lo hasta ahora incomprensible, todo aquello que sucede sin poder explicar el porqué, serán milagros, o simplemente casualidades, al menos yo, no puedo entenderlo todavía en su totalidad. Poco a poco armo el rompecabezas y algún día lo conseguiré, con presta paciencia y mucho sudor, puesto que si hay algo que me mueve en esta vida es la búsqueda del saber sobre aquello que un sentido nuestro (que aún no dominamos) puede distinguir en el mundo, un polvo de estrellas que flota y forma objetos, da y quita vida, mueve los cometas en el cielo y nos llena de frescura con el viento así como también nos congela de pánico y terror en un abrir y cerrar de ojos. Hay mucho por aprender, este es mi destino, el de la investigación de un arte olvidado desde hace ya centurias, por los números y los dioses, en conclusión, por las masas y sus individuos.

jueves, 13 de octubre de 2011

Nadie jamás va a saber la verdad de donde estuve ayer hasta altas horas de la noche, ni que hice ni mucho menos el porqué. Es simplemente un secreto mas que guardo en mi cofre escondido, ese que ya casi está lleno y pide a gritos un recambio.

Shhh.
En mis propias fantasias no hay monstruos que me atemoricen; o villanos que me logren derrotar. En mi cabeza soy lo que quiero ser (y mucho más), porque puedo, porque así lo deseo.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Solemné

En estas hojas lastimadas por el tiempo vive la historia de Solemné, quién tuvo que cargar con la tarea de aprender las artes monarcales de su padre Atracio, Rey de Huna Harabis. Ya en sus épocas doradas, cuando las fronteras habían vencido los límites impuestos por las montañas, este señor del imperio decidió enfrentar las paredes del interminable océano y en pleno crecimiento comandó a todos los hombres que pudiesen levantar un martillo a construir barcos. Veinte años después, ya anciano de poca fuerza pero con mucha voluntad, vio la dimensión de su obra al cruzar los mares con un ejercito, descubriendo así nuevas tierras que abrirían nuevos caminos de comercio y prosperidad para su amado pueblo.

Solemné, que para entonces había alcanzado la adultez, tomó su lugar al lado de Atracio y este le derivó de a poco tareas de importancia con el fin de enseñarle toda su sabiduría, convertirlo en su heredero, una continuación de sangre con el objetivo de hacer de lo grande algo gigante. Solemné, con todas sus ganas de aprender, llevó adelante la pesada mochila de ser la sombra de un Héroe para los suyos, una eminencia y un creador entre aquellas ovejas que buscan un faro en la oscuridad. Y bien que lo hizo, ya que un lustro más tarde, Solemné ya caminaba por las calles de Huna Harabis con la frente en alto, haciendo mella de un respeto bien ganado, más allá de ser hijo de, una fardo que para la mayoría suele ser lo suficientemente fatigoso como para ahogarse en un charco.

Cuenta la historia que Solemné trabajó durante días de varios soles y veía pasar una gran cantidad de lunas hasta dejarse vencer por el sueño. No solo abrazó tareas de regente, sino que además bajaba a los terrenos lejanos solo a sentarse en las fogatas y escuchar los maravillosos relatos de sus habitantes, muchas de ellas plagadas de reclamos de ayuda, otras en cambio, contando los cuentos del hijo del Señor. Se sentía orgulloso, podía caminar por los senderos recolectando saludos y cantos de alabanza, sin dudas era un hombre amado y apreciado que había sabido poner su nombre en la lista de espera de las constelaciones que todo lo vigilan.

Sin embargo, por sobre su cabeza en alto, aún prosperaba la figura del Rey Atracio. Todos los días compartían almuerzos, mesas llenas de manjares de otros continentes, la majestuosidad de sus cosechas coloreaban sus paladares y entre bocadillo y bocadillo, Atracio le enseñaba de forma superada, exigiéndole cada vez más y más.

Durante los primeros inviernos, Solemné se sintió contento. Veía el amor en los ojos de los suyos, veía sus progresos en cada amanecer y su corazón vivía en paz. Respetó las palabras de su padre, a raja tabla, hizo caso exacto en cada reclamo, exigencia y reto con los ojos en dirección a la enseñanza y a la perfección de su propio ser. Prometía convertirse en un Rey sabio, si algún día llegaba a tal edad.

Sin embargo con el paso de los veranos, Solemné acumuló tareas sobre sus hombros. Buscó contener todo lo que sus manos pudieses sostener y las filas de hombres y mujeres que necesitaban de su consejo se extendían por kilómetros lejos del palacio. Su figura ya comenzaba a hacerle sombra a Atracio quien ya no salía de sus bibliotecas y planeaba nuevas tareas para su primogénito. Tal es así que las charlas entre padre e hijo se hicieron cada vez menos frecuentes y las enseñanzas se transformaron de a poco en llamados de atención de aquel quien había vivido para ver sus logros hacía aquél que debía conseguir nuevos, siempre había un nuevo objetivo por conquistar. No había tiempo para detenerse en victorias, no se celebraban las fiestas y el aire cambió llevando consigo un aroma de que siempre algo faltaba por hacer.

Y Solemné, educado hijo imperial, comenzó a menguar en sus fuerzas. 

Un día, Atracio llegó hasta él con gritos de falta y resto, escupiendo a voces sobre todas las cosas que quedaban en carpeta y sobre el fin de los tiempos. Una discusión se dio en aquellos lugares y entonces nada fue igual. Solemné no contuvo sus frustraciones y le dijo en cara todo aquello que sentía, que para él, su labor jamás lo complacía.

- Hijo, algún día sabrás comprender, le arremetió con la mirada pesada. Lamento que lo veas de esa forma.

- No lo entiendes padre, no me hacen falta días que duren años para cumplir con tus designios,con una felicitación de vez en cuando basta para robarme una sonrisa y darme ese empujón para lograr aquello que me pidas, hasta lo imposible si es necesario.

Esta vez, Atracio Rey de Huna Harabis no le devolvió la vista. Mirando al costado repitió sus palabras, lo lamento, algún día sabrás comprender. Contundente.

Solemné masticó bronca, juró venganza silenciosa y sin decir palabra la sombra de su alma se retiró mordiendo fuerte los labios, con una negrura en el alma por un padre que cometió un único error en toda su majestuosa vida, la de no reconocer los logros de su propio y amado hijo.
Quien haya dicho que todo está perdido irá directo a la hogera, por visionario y hechicero.

martes, 11 de octubre de 2011

Una vez más retorno de lugares extremos, espero que me hayan extrañado.

jueves, 6 de octubre de 2011

Una Demostración De Poder

Admiren el suave movimiento de mis manos, hipnotizan con sus curvas serpentinas mientras dibujan imágenes invisibles que flotan en el aire. Disfruten la prosa de mi cantar, endulcen sus oídos con estas palabras llenas de misterio e incertidumbre, puesto que lo que hoy les traigo es una demostración de poder que la razón no puede explicar ni mucho menos comprender.

Enfoquen su concentración en mis ojos. Profundos ojos negros sin fondo, no dicen nada de nada. Busquen una respuesta, intenten entender. Hoy (ni mañana, tampoco ayer), voy a lograr lo que nunca nadie antes logró. Un visionario, un manipulador de las artes taciturnas de tal porte, hoy les extraerá de sus mentes la certeza del saber. Usted lo ha escuchado bien, la certeza que reside allí en su corazón.

Fijaos en mis dedos, estos dedos que se mueven viperinamente, largos y puntiagudos envueltos en perfumes acaramelados, entran delicadamente por la imaginación y se roban, de manera silenciosa, tu certeza, tu seguridad y algo más que no diré, por mas que me torturen, nunca lo diré.

Y con eso que quité y no te diré, desaparezco en una sombra para que siempre te preguntes el -como- y el -porqué-, de lo acontecido mientras tu mente intentó perseguir las letras de este humilde cuento disfraz de un mago timador.
Somos lo que hacemos.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Un Lugar Llamado Cielo

"Del paraíso no puedo hablar, porque no estuve ahí."
Sir John Mandeville (siglo XIV)

Después de haber pasado una vida entera bajo las estrictas normas de la honestidad, la lealtad, el respeto y la fé, aquel hombre llegaba a las puertas del Cielo portando una sonrisa triunfadora y celestina. Recordemos que en lo que duraron sus años mortales, este caballero no solo había sido estricto a la hora de batallar contra todo aquello considerado maligno e impuro, sino que además se tomó el gran trabajo de enseñar y esparcir la idea de Dios a lo largo y lo ancho del mundo. Aquellos que aún lo nombraban se referían a el como un Santo, un pregonero de la bondad y la misericordia quién en justa causa se había ganado un lugar en los altos templos donde los ángeles escuchan nuestros rezos y sollozos.

Habiendo cumplido con su meta en vida, el fraile se encontraba ante unas inmensas rejas retorcidas de metal escarlata. Hacía la derecha o hacía la izquierda, sea donde fuere que mirase, estas se perdían en el infinito de las nubes. No había puerta, no había entrada, no había carteles, no había Sol, no había Noche, solo una interminable reja gris que le impedía el paso.

Confundido, el buen fraile se rascó la cabeza. Durante un tiempo esperó. Su alma conocía la perseverancia así como la paciencia y en la mas absoluta calma se sentó sobre una nube. Una vez más, sus obras rindieron para ver el fruto de sus cosecha y después de tanto tiempo sentado logró divisar una figura que caminaba del otro lado de la verja. Lo llamó con un suave movimiento del brazo y para felicidad del santino, aquel paseador se acercó a su encuentro.

Separados nomas por la interminable reja, finalmente se vieron las caras. Él, un fraile de buen corazón, el otro, un caminante de los cielos.

- Digame buen hombre, ¿dónde puedo encontrar las puertas del paraíso? Setenta y cinco años de sudor lleva mi frente y no veo la hora de descansar entre amigos. Mi alma se encuentra exhausta, allí abajo, la batalla contra el mal no da respiro.

Se tomó un tiempo en contestar. Ese misterioso ser, aquel que vagaba por los senderos de lo que el fraile creía ser el Cielo, lo miró a los ojos y le respondió:

- Siempre llegan aquí, de una forma u otra, algunos abrazando sentimientos de victoria sin importar la causa, otros derrotados, llenos de promesas para cambiar y hacer el bien en esta nueva etapa en el camino del señor. Lo que ves, es lo que hay compañero. La imagen del paraíso no existe, así como la misma idea del infierno. Ambos mundos conviven juntos, allí abajo, en lo que dura la vida. Tu ya has caminado los jardines de tu propio elíseo y has luchado firmemente contra los demonios del infierno que te ha tocado conocer. No esperes más, si alguna vez creíste en disfrutar un lugar llamado Cielo, deberías haberlo hecho en vida, cuando todavía te era posible.