martes, 30 de agosto de 2011

lunes, 29 de agosto de 2011

Vencedor Vencido

Y por primera vez en toda esta historia desde que fuese contada, se atrevió a darle la espalda al héroe de héroes. Cerró los párpados con la lentitud de siete siglos y torció la cara con mueca despectiva acompañando el giro del cuerpo. Dio media vuelta y partió en la mas absoluta soledad, dejando atrás al vencedor vencido. 

Al borde del acantilado sin fondo, nuestro héroe luchaba por contener una única lágrima que insistía con dar batalla. En sus brazos, una princesa exhausta se aferraba al último hilo de vida. La botella, rota en mil pedazos, aún humeaba frente a ellos. ¿Es que así debía terminar esta historia? Jamás, nunca. 

Le ordenó al llanto esperar, recostó a la doncella sobre las cenizas de aquel páramo gris y con la fuerza de los iluminados se levantó una vez más como el pasado supo verlo, pero esta vez a diferencia del ayer, sus ojos escupían venganza y de su mandíbula brotaba dolor.

Corrió entonces con la velocidad del tiempo que no transcurre y le dio alcance al pié de la montaña. Aún de espaldas, el antihéroe lo oyó venir y se detuvo sin necesidad de darse vuelta.  

Cada vez te pareces más a mi, héroe, le susurró con desgano. No puedo oler en ti más que un despiadado anhelo de muerte y revancha, tu hedor asquea a la distancia. ¿Dónde está ahora aquél héroe de héroes que cantaban las canciones? Por aquí, no lo veo.

Nuestro campeón sabía que solo le quedaba una única salida. Llevando sus manos en dirección al morral que guardaba su mas preciado tesoro, gritó valientemente:

Mientras ella siga con vida entonces habrá esperanza! Nada ni nadie podrá alejarla de mi lado! Incluso aunque deba sacrificar mi cuerpo y alma, tú no podrás hacer nada por… 

Repentinamente enmudeció. A su costado no colgaba más el morral. Se desesperó, buscó y dio vueltas en sí mismo superado por la sorpresa y la negación.

Una terrible carcajada lo despertó y dándose vuelta al fin, el villano invocó un nombre, imperceptible, pero para la mayoría, un nombre propio con historia. Por detrás de una gran roca, una pequeña figura respondió al llamado. La mirada del héroe se desfiguró. Ante el, se mostraba ahora aquel misterioso mercader con quien supo negociar la forma para salir del laberinto decimoprimero de Peznar

Acercándose al villano y con una diabólica sonrisa dijo entre sílbidos He aquí lo que le prometí amo, sus deseos son órdenes.

Al mismo tiempo que un trueno explotó en relámpago, el antihéroe levantó en las alturas el morral que contenía el tesoro del héroe. 

¿Es esto lo que buscas acaso? Hace rato que me pertenece, y debo agradecerte a ti únicamente.

Roto y malherido, el antiguo campeón se desplomó en seco, de rodillas ante él, una vez más, vencido por su otro yo. 

Debo recordarte, héroe, algo que tu ya sabías. Esta historia no puede tener un final feliz

Terminó de pronunciar las palabras y abriendo la antigua bolsa de tela color marrón le mostró al mundo su contenido. De su interior sacó una brillante luz del tamaño de una avellana, la cual manipuló con cauteloso cuidado. 

Esto que ves aquí, héroe, me lo has dado tú en mano. Es el Final Feliz que te fuese regalado al principio de esta historia y que, al igual que un traidor, supiste vender por un fin superior. Ahora, esta leyenda me pertenece, a mí y a nadie más.

Acéptalo de una vez héroe, admite la derrota, esta vez, te han vencido.
De viejo voy a seguir siendo rockero.

jueves, 25 de agosto de 2011

Yo soy esa clase de hombre que vive solo y todos los días antes de ir a dormir se toma el trabajo de escribir en la heladera una nueva frase matadora para comenzar el día con la mejor.

martes, 23 de agosto de 2011

La Sinfonía Del Trepador

Enceguecido por su imagen y gran nombre, nuestro héroe se aferró con la fuerza de sus uñas a la inmensidad del tallo verde que crecía desde el suelo hasta donde los ojos no alcanzaban a ver. Absolutamente agigantado y consiente de la leyenda que cargaba en su espalda, supo hacer pie sobre las frágiles hojas saltando de espina en espina, soltando acrobacias, giros y mortales esquivando las envenenadas puñaladas que aquella inmensa flor le arremetía con demencia y odio. 

Sus cabellos volaban al viento, su ropa destruida iba dejando hilos de tela a medida que subía hacia las alturas buscando los pétalos que se escondían mas allá de las nubes, inalcanzables para cualquier simple mortal. No había dudas en su mirada, ni con cada traspié o resbalón, siempre de pié o sostenido al menos por una mano salvadora, con el fin de su historia y una muerte segura cada vez que miraba hacía el vacío. Allí abajo, una ciudad dormía, un niño nacía, una pequeña cantaba en soledad. Para los demás, la vida continuaba sin cambio alguno.

De vez en cuando, entre rama y rama, alguna criatura aparecía decidida a enfrentarlo, quizás una abeja, con sus dorados y negros colores tallados en el abdomen, con aguijones que lo buscaban continuamente para darle caza y castigo. Una cayó partida a la mitad tras un certero golpe de espada, una inmensa araña escapó al ver su azote y un colibrí voló rápidamente para contar el cuento a sus compañeros alados. Por cada invierno que avanzó, por cada primavera perdida, por cada pétalo menos, nuestro héroe crecía en valor y coraje, en deseo y esperanza.

Hasta que una noche de Noviembre, bajo la protección de un generoso sépalo rosado, hundió sus dedos en el último tramo del cáliz. Tomó una bocanada de aquella helada brisa huracanada y decidió ponerle fin a la proeza que solo las águilas podían observar, espectadoras de lujo de la sinfonía del trepador. A su espalda, la infinidad de nubes lo cubría todo y no había nada más que negrura a la vista. Sus brazos, comidos y agrietados por el tiempo, marcaban músculos en cada torcedura de cuerpo, cada brinco y cada pirueta. Sangrando y empapado por la lluvia, nuestro héroe estiró la mano en busca de apoyo. Para su suerte, encontró base en un áspero pétalo de color extraño, cambiante con los relámpagos que de vez en cuando regalaban un ápice de luz en la densa oscuridad.

Rodilla al suelo, pierna flexionada y su cuerpo trepando como una víbora hasta el fruto de las alturas, nuestro héroe entendió que no había más por subir. Ante él, una flor de místicas fantasias le daba la bienvenida. Extendida de par en par, con su inmaculada presencia saludándolo de modo desafiante; y él, devolviendo la gentileza, levantó el rostro y afirmó sus pies, extendió pecho y entonces fue cuando quedó absolutamente hipnotizado por la belleza de la cual era testigo.

Un dulce aroma lo inundó desde que lo penetró por su nariz hasta el último escondite de su cabeza. Veía entonces lo que era un gran embudo de profundidad abismal abrirse ante él, llamándolo por su nombre secreto, invitándolo a nadar en aquellos piletas de miel en los cuales se divertían y jugaban incontables mujeres de exóticas procedencias, una mas hermosa que la otra. Trastabilló, mareado por el encanto de las voces, pero rápidamente venció la tentación y agudizando su vista distinguió los cadáveres de antiguos héroes a media profundidad, poco a poco fue escuchando sus lamentos y penas; rápidamente supo con certeza que en aquella naturaleza muchos como él habían caído para no volver nunca jamás.

Ven héroe, acércate, un poco más.

jueves, 18 de agosto de 2011

(Solo Algo) Sorprendente Y Maravilloso

Había notado el libro de Poe, la carpeta de Borges, la frase Carpe Diem escrita al margen de una hoja en blanco. Le clavó la mirada durante un instante y le pidió por favor que le contara algo sorprendente, de seguro tenía mil historias para relatar. Como si alguien hablara por ella, contestó que su vida no tenía nada de sorprendente, que era simplemente una académica. Nuestro héroe no se conformó e insistió, no tiene porque ser personal, solo sorprendente y maravilloso. Ella se tomó toda una eternidad para responder; y cortó el silencio sin respuesta.

No tenía nada de sorprendente o maravilloso, ni de ella, ni de nadie que compartir. O quizás no habían llegado a ese punto todavía, sea como fuere, nuestro Cazador De Estrellas pareció perder el interés.

De repente la doncella estalló en una dulce y fresca carcajada, la más contagiosa que había oído jamás. Sin darle tiempo a preguntar el porqué lo desafió contundente; quizás para un momento especial, ¿te gustaría acaso ese regalo héroe?

Así consiguió entonces lo que buscaba, una promesa que escondía más de lo que mostraba, y a pesar de hacer el esfuerzo, poco pudo hacer para ocultar la sorpresa de su rostro. Y claro, antes de irse, le devolvió la sonrisa. Se la había ganado.

martes, 16 de agosto de 2011

lunes, 15 de agosto de 2011

Las Crudas Palabras De La Verdad

Sus manos temblaron al oír las crudas palabras de la verdad y soltó la pequeña burbuja prisión que sus dedos sostenían. La caída duró cuatro eternidades del mundo y al tocar el suelo se partió en infinitas esquirlas de vidrio que explotaron en miles de sentidos contrarios y opuestos. 

Libre al fin, el Alma en Pena que esperaba con paciencia aquel momento sintió una vez más el significado mismo de la Libertad. Un pequeño hilo de humo violeta ceniza creció entonces de los restos, elevándose cada vez más buscando un nuevo cuerpo morada y con la velocidad de los vientos del Sur serpenteó entre las rodillas de los presentes. En un abrir y cerrar de ojos saboreó a cada uno de ellos, los comprendió en toda su concepción y antes de que cualquiera pudiese hacer algo al respecto la esencia ya se hacia camino por detrás de los oscuros cabellos de la doncella, entrando suavemente por su oreja y reclamando aquel cuerpo para si mismo.

Sus blancos párpados se cerraron presas de la magia, desplomándose sobre los brazos de nuestro héroe que apenas llegó a salvarla de una caída libre al borde del precipicio. Allí, en ese alejado páramo gris, con la Luna como testigo y bajo las estrellas espectadoras, el villano los observó sosteniendo el inmenso libro como quién se hacía dueño de una verdad absoluta, cortante y envenenada, pero cierta al fin.

A veces es mejor vivir en la ignorancia y el engaño, héroe, al menos de esa forma, los cobardes están a salvo.

viernes, 12 de agosto de 2011

-13-

Trece personas y un número de mala suerte; todos y cada uno de ellos en una única nube, haciendo equilibrio para no caer al vacío. Doce quedarían de pie mientras que un desafortunado habría de abandonar las alturas, pero ¿quién sufriría semejante destino? 

Dos de ellos cruzaban miradas y sin decir palabra complotaban en silencio, no obstante lo cual, parecían no ponerse de acuerdo en la víctima elegida. Cinco se sostenían agarrados los unos a los otros, tres de los cuales concentraban sus pensamientos en idear un plan en caso de que alguien sufriera un accidente. Otros cuatro esperaban el momento oportuno para acomodarse dentro de la espesura del cielo. Nadie se atrevía realmente a realizar movimiento alguno. No había armonía y sin embargo tampoco anarquía. Todos esperaban, observando hacía abajo con prudencia y cautela. Uno de ellos consideraba en saltar por el bien de los demás, sin embargo, su ubicación en el centro significaba que cualquier paso condenaría a otro a la perdición. El peligro era evidente, y en el horizonte para agregarle tensión a semejante situación, una tormenta mostraba sus primeros relámpagos recordándoles que el tiempo se terminaba. 

O todos o ninguno, pensaba el el tercero contando desde los cinco primeros. Intentaba convencerse, pero sabía con tristeza que no había forma de evitarlo, uno sería el elegido. Y por mas que miraran hacia abajo, no se observaba nada mas que la nada misma. ¿Es que acaso caer es una opción? gritó valientemente el decimosegundo. No distingo suelo ni semejantes, contestó el octavo.

¿Dónde estamos? preguntaron todos al mismo tiempo. 

Ninguno tenía la respuesta, ni siquiera intentaron responder.

jueves, 11 de agosto de 2011

La Aventura Había Comenzado

Ensilló la montura y ajustó las alforjas. Bien hecho Capitán, le susurró a su caballo mientras le palmeaba el hocico. Subió de un salto y sin mirar hacia atrás cabalgó sin rumbo al horizonte.

Y desde la ciudad se lo podía distinguir,  cortando con su oscura silueta el Sol que de a poco se escondía detrás de la colina más alta, allí, donde terminaba el camino conocido. Aquellos que vieron al héroe partir lo despidieron con un profundo adiós, de esos hasta siempre. Nunca habían visto el retorno de un Cazador de Estrellas desde las leyendas de antaño y esta no parecía ser la excepción.

La noche le daría la bienvenida. Para nuestro héroe la aventura había comenzado.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Ellos Son Los Locos

Esta es la leyenda que la gente recordará con el nombre de La Traición De Los Valientes y si sucedió o no, lo dejo a cuenta del lector. No espero que lo sucedido a lo largo de estas páginas sea tomado de forma literal, mucho menos fantástica, puesto que los extraños sucesos que se dan en la mente de los hombres pertenecen a un terreno que aun hoy la humanidad no supo encontrar forma de dominar. Y es una gran suerte para nosotros, ya que imaginen lo que pudiese acontecer si las ideas cayeran en malas manos.

Dícese así que en nuestras cabezas existe un sinfín de mundos paralelos creados por nuestro propio inconsciente. De allí nacen todas las atrocidades conocidas y desconocidas, como a su vez, también lo hacen los gestos más esperanzadores, bellos y ausentes de intención. Somos capaces entonces de crear unicornios, dragones alados, o incluso dragones unicornios, si eso nos deja contentos. Y no siempre dominamos nuestras creaciones, porque a veces, el don se nos va de las manos, incluso mientras dormimos, lo cual se denomina soñar.

Tan fuerte es el poder del subconsciente que en ocasiones logra ser más que la misma conciencia, transformándonos en seres carentes de coherencia. Pero la realidad lleva a que en nuestras propias historias, hasta lo absurdo pueda equivaler, objetivamente hablando, a la verdad absoluta. Ellos son los locos, susurra la gente, y no tienen idea que esos soñadores son aventureros de cuentos que jamás les fueron leídos (y por lo tanto jamás comprenderán). Nótese aquí la palabra soñador, usada en forma de substantivo, dando nombre a una raza de viajeros sin alas. Se los encuentra en cuentagotas, en un plano que se eleva a escasos centímetros del suelo, imperceptible para ojos no entrenados. Son pocos y quienes comprenden el significado de la palabra los valoran como tesoros mismos, una fuente casi inagotable de puertas sin llave hacía destinos inciertos, quizás no construidas aún.

Así pensaba él, quien escondido detrás de un escritorio llenaba renglón tras renglón buscando llegar a puerto seguro. Soltó la pluma y se llevó las manos a la cabeza, estaba exhausto de tanto escribir. Su próxima novela ya tenía fecha de edición y a pesar de contar con tiempo de sobra, todavía sentía que le quedaban demasiadas correcciones por realizar antes de que su obra viese la luz. Si tuviese con quien compartirla, quizás, le resultaría más fácil. Miró a su alrededor y solo encontró murallas de libros sobre libros, bibliotecas infinitas que chocaban con los techos, papeles desbordados de palabras, algunos restos de comida, la música sonando suave de fondo. Se sentía solo, absolutamente solo y abandonado. Gracias que todavía me queda la imaginación, pensó, y continuó con la revisión de sus textos.

Y aquel hombre que vivía la soledad como propia, quien jamás había conocido el amor de una mujer, por suerte para esta historia, era también un soñador.

La mención a este soñador en particular no es pura coincidencia. Podría decirse que en el transcurso de su vida había escrito una gran cantidad de textos. Algunos con sentido y otros sin, guardados quien sabe donde, quizás en cajas o ya devorados por el tiempo. Muchos ensayos, con dirección y conclusión; otros directamente inconclusos. Cuentos de fantasía con personajes asombrosos e historias de aventuras en lugares desconocidos destinados a ser encontrados solamente por su mente. Papeles y servilletas llenos de extraños garabatos con la intención de convertirse algún día en la idea cuna de una gran obra maestra. Carpetas y cuadernos con dibujos y composiciones, reflejos de su alma y crónicas de vida donde se cuentan tanto tristezas como alegrías. O quizás aquellas anotaciones en la pared, llenas de párrafos que no seguían una dialéctica marcada, una línea de composición o una trama en particular.

Tanta información, tanto derroche de creatividad. Porque no es nada fácil despertarse en medio de la noche, buscar lo primero que uno encuentre a mano y empezar a escribir. A veces las ideas fluyen, otras no.

Y nuestro soñador tenía muy en claro que todo lo que uno lee, todo de lo que uno aprende y asimila, esta compuesto nada mas que por una extraña combinación de letras. Veintiséis, para ser más exactos, que forman el abecedario y que dan libertad absoluta para que sensaciones y pensamientos queden registrados, ya sea en una pantalla, una pared o una hoja.

Para explicar el horrible sentimiento de impotencia y odio que nuestro soñador guardaba hacia la rutina, solo necesitaba ubicar una cierta cantidad de letras en su correspondiente lugar. Con esos caracteres, de la A a la Z podía, de la misma manera, detallar la felicidad que le generaría conocer el significado del amor. Si su deseo fuese crear una bestia de gigantes proporciones y maldad absoluta solo necesitaba adjudicarle un nombre y elegir los grafemas para que esa criatura cobrase vida.

Ellos son los locos, creía escuchar de vez en cuando, y la verdad que algo de razón tenía.

martes, 9 de agosto de 2011

¡Cuidado Héroe!

Mientras nuestro héroe contemplaba la dulce tentación del Deseo Impuro, a muchas páginas de allí una joven damisela quitaba cuidadosamente las sedas que cubrían su figura y se disponía a tomar un delicioso baño en una tina llena de leche de bambú, traído de muy lejos, más allá de las fronteras del reino y a pedido suyo únicamente.

Se ubicó en el borde, extendió sus brazos y rápidamente unas esclavas de rasgos orientales llegaron para sostenerla y ayudarla. Con un suave y delicado movimiento sumergió un pie en la bañera. Fresca, con la fuerza de la juventud de trescientas vírgenes, sintió la temperatura y consistencia del baño al dejar hundir su cuerpo por completo, entregándose al calmo nacer del atardecer, a la diosa de la belleza y la longevidad.

La servidumbre se retiró, por orden de la muchacha, que disfrutaba con placer de su momento. Apenas se le podía distinguir del rostro una blanca sonrisa mientras sus cabellos conquistaban el suelo de la habitación cayendo libres por fuera de la tina. Jugaba embelezando sus brazos con palabras de luz, moviendo sus infinitas piernas de aquí para allá, salpicando pequeñas gotas por todo el lugar, revolucionando los aromas del amizcle y anís que aún humeaban de los sahumerios.

Al mismo tiempo, en otra página de este libro, Arga le confesó su amor a Juno, pero Itribio estalló en cólera, abandonado su cariño por ella. Tronaron las constelaciones y este es el punto de la leyenda del héroe donde cuatro historias se unen (desde cinco lugares diferentes), por los destinos que cada uno de ellos dibujó en el pentagrama de la creación alguna vez antes de ser música.

En aquella noche de verano, la joven doncella sintió en su jamás tocada piel que alguien a la distancia la observaba fijamente, y quien la observaba no tenía interés alguno en quitarle los ojos de encima. La espiaba, como por un arte de magia que no comprendía.

En aquella tarde de primavera, nuestro cazador de estrellas se dejó llevar por la dulce tentación y destapó la botella. En su interior, una princesa de un relato ajeno buscaba a alguien con su mirada, la obscenidad en el deseo del héroe la ponía incómoda.

En aquella noche de invierno, un antihéroe, que aún no se había convertido en tal, llegó después de cruzar los apoteóticos desiertos de Ghaba a la tienda del serpentino mercader de Thurmekhalaâbar, en busca de una víctima digna de fama y gloria.

En aquel mismo polvoriento día de otoño, alguien que todavía no fue nombrado en este relato, dio la orden de comenzar el juego una vez más. La repetición de la historia, de boca en boca, de principio a final.

¡Cuidado héroe, detrás de ti!

lunes, 8 de agosto de 2011

Dulce La Tentación

Era una botella; un envase; una prisión. No era grande, tampoco pequeña, suficientemente cómoda como para cargar incluso sostenida del cinturón. Su forma; sus líneas y detalles llamaban poderosamente la atención de quien la mirase... De base huevoide, con finas curvas sobre el vidrio espejado de azul tornasolado, dicen, para emular los colores del océano profundo. Botella de piratas, han dicho. O que allí se esconden maldiciones, que al descorchar la tapa se escapa un alarido de mujer y todos caen al suelo quebrados en llanto.

Todo incorrecto. Todo mentira. En las líneas doradas que diagonalmente cortaban el recipiente se podía leer, muy claramente, la utilidad ofrecida, claro, si se era erudito en lenguas antiguas. No había trucos de magia, engaños o traiciones. No habitaban genios ni aladinos, esta no era una botella cualquiera, esta era una botella con un don especial.

Puesto que lo que el mercader le ofrecía a nuestro héroe no era ni más ni menos que un Deseo Impuro extraído de manos hechiceras con ganas de venganza, encerrado en un envase de vidrio en forma de cofre para viajeros. Lo invitó a abrirlo y verlo con sus propios ojos; el pecado le lamía la oreja.

Es dulce la tentación que hoy se te regala, ¿no lo crees héroe?

viernes, 5 de agosto de 2011

A Vos Que No Lees Este Blog, Te Odio

Sinceramente lo lamento por aquellos que no se toman el tiempo de leer este blog, un espacio incomprendido que evidentemente esta un paso más allá del bien y del mal. No puedo entender bajo ningún punto de vista como todavía tengo solo dieciséis seguidores y no tres millones, lo cual sería seguramente más cercano a MI realidad.

Los odio, a todos ustedes que jamás van a entrar a leer esto. Y si lo lees, medio beso por este párrafo, la otra mitad cuando al menos termines el cuento de abajo. Y si sos hombre, una palmada en la espalda y gracias man.

Estoy sumamente indignado con el mundo, no me jodan.

El Mercado de Almas

Nuestro héroe caminaba por las calles de aquella Ciudad con firmeza absoluta, decidido a navegar los mares del infierno si así fuese necesario. Pero estos no eran océanos de fuego los que se abrían ante él, hacía donde quiera que mirara, Thurmekhalaâbar le daba la bienvenida. 

A cada rincón, a cada vuelta de sendero, pequeñas muchedumbres de personas se achinaban ante los pequeños puestos de mercancías como moscas de la pudredumbre intentando comerciar las extrañas y maravillosas promesas que se ofrecían por doquier. La gente iba y venia, de aquí hacía allá, inmersas en sus propios cuentos de hadas y juramentos de venganza. En la ciudad de la avaricia y la ambición, nuestro héroe luchaba para hacerse paso entre los perdidos rostros que constantemente le cerraban el camino en busca de los propios.

Un mercado de almas, eso era Thurmekhalaâbar. Jamás mejor descripto por palabras que conserven la misma dosis de esperanza como de pena, ni siquiera por los juglares de Rhâm, que para aquel lugar tenían una expresión en su propia lengua.  Haciendo pie entre la multitud y siempre sosteniendo su morral (donde guardaba su más preciado tesoro), nuestro héroe clavó su mirada en una pequeña carpa polvorienta y olvidada por el tiempo desde donde un hombre de serpentinos movimientos lo llamaba con la mirada.

Héroe, le dijo al oído y a la distancia, la música que escuchas en tu corazón es la misma que en este día sin nombre (aún) te trajo hasta aquí. Son las notas que te faltan, los acordes perdidos, aquellas que mi sabiduría puede ofrecerte y entonces, buscando entre mis pertenencias quizás encontraré, algo que pueda servirte en la necesidad. Y en un susurro apagado agregó, a cambio, solo pediré el honor de haber ayudado a construir la balada que los ancianos le contarán a los pequeños sobre tí y que llevará tu nombre, héroe de héroes.

¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿Cómo sabes? Las palabras intentaban salir de de su boca come escupidas por una fuerza de voluntad que jamás había creído conocer hasta entonces. Muestrame lo que tienes, quiso decir, pero la frase jamás llegó a escapar de sus labios. Una extraña mujer, de finísima cintura y brazos largos como víboras, apareció por detrás de su cuerpo, abrazando con suma delicadeza a nuestro héroe por la cintura, invitándolo a entrar en aquel misterioso agujero del mundo.

Cruzó la telas que separaban el afuera del interior hipnotizado por una fascinación que no podía explicar. Adentro, una presencia se hacía dueño y amo del lugar. Nuestro héroe, aunque versado en ciencias ocultas, no lograba distinguir en este hombre signos de maldad concebida, pero a su vez, tampoco podía encontrar eco de bondad alguna en sus oscuros ojos. Y su mirada, ¡que maravillosa manera de contemplar que tenía! Una extraña torcedura en el labio superior, una nariz percudida por el tiempo, un cabello que en suaves mechones oxidados por los años se dejaban ver por debajo de una antigua capucha, un ser que evidentemente era poseedor de relatos fantásticos traídos de los más lejanos mapas alguna vez dibujados.

Continuará...

(cuando me vuelvan a dar ganas de escribir)

jueves, 4 de agosto de 2011

This Is So Fucked Up Man

I remember that day... she told me, i dont want to get hurt again, and i turned around (i was about to leave) and forced a smile. I gave her my heart man, the one i didnt own, and now i realize that it wasnt love at all, we even had sex but, the morning after, she was already dead. Dont know what happened man, she was just lying there, in the shadows. I thought she was sleeping, i didnt know... i didnt...

(lights another cigarette)

This is so fucked up man...

miércoles, 3 de agosto de 2011

Apostar al amor es una derrota segura, el placer es una fija que nunca defrauda.

martes, 2 de agosto de 2011

Arga, Itribio y Juno

En esta historia no existe la realidad como tal, ni razón de ser, mucho menos un porqué definido por parámetros que nos sean conocidos o cercanos para lectores despistados. A esta leyenda no se le puede asignar valores de tiempo y espacio específicos y delineados ya que se dio hace quien sabe cuanto tiempo, si sucedió o si sucederá, o acaso decir donde vio su origen, si aquí o allá, en algún o ningún lugar. No conozco praderas tan verdes como las de aquel extraño rincón del mundo, con árboles de flores tan majestuosas, con cielos de varias lunas, con estrellas de constelaciones tales como Arga, Itribio y Juno.

Recuerdo haber caminado por senderos altos y otros más bajos, cruzando arroyos y piletones de agua formados por pequeñas cascadas, hablando con las aves a mi paso, petirrojos y colibríes, águilas y celestinos. A todos ellos les iba regalando nombres y agradecidos entonaban profundos cantos en mi honor. He visto además corretear libres por el bosque otras criaturas sin alas, muchas que jamás había observado hasta entonces. Unas mostraban sus afilados dientes del tamaño de mis dedos, otras huían con la velocidad de un relámpago ante mi presencia, no por temor, sino por ignorancia creo yo. Pocas se acercaban a mi, pocas se mostraban lejos de lo profundo.

Allí debía llegar con mi pasos gigantes de viajero, a lo profundo. Puesto que se acercaba el monzón de Octubre y todavía no había concluido la ida, mucho menos había comenzado la partida, o mejor dicho, el retorno. Era la época de funerales y cortejos fúnebres, días de ensueño y noches de espíritus, dónde todos bailan, absolutamente todos. Faltaba aún para los días de lluvia, y yo seguía a paso lento pero constante, preguntándome, a medida que repartía sonrisas en este extraño lugar sin norte ni sur, si la volvería a ver. Pese a las predicciones de las tarotistas, de las videntes y las adivinadoras, yo creía muy en el fondo de mi corazón, que tarde o temprano mi destino era estar a su lado. Y quien sabe, quizás, antes de octubre, pueda tomarla de la mano y bailar, porque aquí, absolutamente todos bailan.

Y yo la buscaba a ella, si no en esta vida, aunque sea en la otra, dónde sea, como sea, la encontraré.

lunes, 1 de agosto de 2011

Que El Mundo Recuerde Tu Llanto

¡¡Alto, alto, más alto! Que el mundo recuerde tu llanto!!

Desde el cascarón de la montaña supuraban finas hileras de sombra que escapaban despavoridas de las entrañas mismas del mundo. El cielo ya se había oscurecido y de las nubes comenzaban a caer lágrimas de tristeza y dolor, la misma que compartían las estrellas que se reunían en las alturas intentando entender que sucedía allí abajo. Las piedras se agrietaban y escupían alaridos de hambre y sed, los árboles se partían muertos sin rastros de vida, los animales no eran más que cadáveres en el suelo marchito. Solo las moscas parecían golpearse las unas a otras por una plaza en el festín. Los buitres volaban en círculos, alejados del denso humo que cubría su reino. Miraban con atención y cautela, flotando con sus inmensas alas abiertas de par en par.

Son heridas necesarias, que de ellas brote tu veneno y limpie tu pecado. Que todos tengan memoria, que los juglares hablen de tu renacer, ¡¡que los trovadores cuenten tu perecer!! Esta será la historia hasta que la eternidad deje de ser infinita, la mordida que nunca sanará.

Realmente disfrutaba con orgullo del daño, de la traición. Desde lo alto de la escalera giró la mirada y apuñalo a nuestro héroe:

Sin fama, sin gloria... sin nadie que cuente tus cuentos, sin nadie que recuerde tus hazañas. ¿Es que acaso creías en los finales felices, héroe? Hace tiempo ya que no son más que la moneda de cambio de los necesitados.