lunes, 1 de agosto de 2011

Que El Mundo Recuerde Tu Llanto

¡¡Alto, alto, más alto! Que el mundo recuerde tu llanto!!

Desde el cascarón de la montaña supuraban finas hileras de sombra que escapaban despavoridas de las entrañas mismas del mundo. El cielo ya se había oscurecido y de las nubes comenzaban a caer lágrimas de tristeza y dolor, la misma que compartían las estrellas que se reunían en las alturas intentando entender que sucedía allí abajo. Las piedras se agrietaban y escupían alaridos de hambre y sed, los árboles se partían muertos sin rastros de vida, los animales no eran más que cadáveres en el suelo marchito. Solo las moscas parecían golpearse las unas a otras por una plaza en el festín. Los buitres volaban en círculos, alejados del denso humo que cubría su reino. Miraban con atención y cautela, flotando con sus inmensas alas abiertas de par en par.

Son heridas necesarias, que de ellas brote tu veneno y limpie tu pecado. Que todos tengan memoria, que los juglares hablen de tu renacer, ¡¡que los trovadores cuenten tu perecer!! Esta será la historia hasta que la eternidad deje de ser infinita, la mordida que nunca sanará.

Realmente disfrutaba con orgullo del daño, de la traición. Desde lo alto de la escalera giró la mirada y apuñalo a nuestro héroe:

Sin fama, sin gloria... sin nadie que cuente tus cuentos, sin nadie que recuerde tus hazañas. ¿Es que acaso creías en los finales felices, héroe? Hace tiempo ya que no son más que la moneda de cambio de los necesitados.

1 comentario:

Nina dijo...

Uno de mis preferidos.
Me encantó.