miércoles, 25 de abril de 2012

Dividimos Por Cero

En números que no lo son, una vida entera puede durar un puñado de recuerdos. La alegría en cambio, no más de uno. Pero este no es el caso y, sumando tristezas, tan solo tuve que mirar hacia atrás para arrepentirme. Necesité dos segundos, quizás tres.

Me había costado ciento cuarenta minutos tocar el cielo. Algo así como dos eternidades en un mundo que no es el nuestro. Sin embargo, a mi propia impresión, todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos. La vi de pie a mi merced, entendí el error y, antes de que pudiese hablar, ella se había marchado. Quedé completamente solo (aunque para ser fiel a esta historia hay que admitir que ni la soledad me acompañaba entonces).

Dividimos por cero.

viernes, 20 de abril de 2012

Si el fin de semana se aburren, lean mis cuentos maravillosos.

Hasta el maldito lunes.

jueves, 19 de abril de 2012

Criatura

A ti que no comprendes el bien o el mal, que llevas un rostro deformado por la locura y el horror, he de darte un regalo divino. Puesto que llevas cicatrices que jeden a la distancia, ahora como nidos de moscas que encontraron allí la dulzura del terror salado, de lágrimas rojas que caen de tus varios ojos, de todas las cuencas de un pútrido ser.

Y pese a la monstruosidad, dentro de lo que fuese eso que es cuerpo, claramente reside un alma. No está en mi juzgar por tu bondad o contrario, ahora bien no se que eres. Pero al tener esencia entonces compartes algo conmigo, por tan alejado que sea, somos parte de lo mismo. Ya sea que los espejos no nos reconozcan como iguales, incluso ellos pueden equivocarse en su reflejo.

A ti criatura asquerosa, te obsequio tres amigos fieles que nunca te temerán, sin importar lo que piense el mundo.

miércoles, 18 de abril de 2012

lunes, 16 de abril de 2012

Siete Otoños Más

Al Oeste, una luna asomaba la mitad de su mejilla. Con vergüenza y timidez se levantaba por sobre las montañas del olvido. Al Norte, un vasto mar calmo se perdía detrás de un manto de estrellas, como si alguien hubiese estornudado polvo de plata sobre un telón negro. Al Este, el nacimiento de un río y cuarenta carabelas ancladas en el puerto con sus velas altas celebrando la victoria. Al Sur, la promesa de esperanza.

Trágico había sido aquel día para la Ciudad de Jub. Los cadáveres todavía conservaban el calor de la vida y su sangre seca maldecía los prados alguna vez verdes. Mientras soldados ataviados de acero crudo limpiaban la inmundicia de la tierra, despojaban a los enemigos de sus posesiones y cruelmente seleccionaban a los esclavos entre los escasos sobrevivientes, un General miraba el horizonte desentendido de la matanza que allí se había dado lugar.

En su corazón cantaba fábulas de conquista.

Por su espalda se acercó un joven consejero y preguntó de forma inocente que observaba con tanta atención. El hombre, que tenía la mano derecha apoyada en la empuñadura de su espada envainada, tardó unos instantes en contestar. Finalmente, rompió el silencio.

Dícen que la historia del mundo se escribe día a día, pero a mi me han enseñado lo contrario. Hace ya veinte inviernos de los largos mientras lideraba una tropa en los bosques más allá del horizonte encontré un hombre herido en la pierna. Había sufrido el ataque de un lobo. Lo ayudamos, lo atendimos y a los pocos días ya caminaba por sus propios medios. Fue entonces que me enseño su verdadera esencia y me entregó un secreto sagrado.

Sabes Gyund que soy cruel ante mis enemigos. Pero con justa causa. Dicen, que la historia del mundo se escribe día a día, pero yo estoy destinado desde mi concepción del mal. Ese hombre que había salvado de una muerte segura se encontraba en este lugar en el día de ayer. Y fueron mis manos quienes le arrebataron la vida. Me preguntaras porque, pero yo te preguntaría porque no. La respuesta querido Guynd no la tengo yo, sino que está en la música. La noche llora una serenata en mi nombre, en una clave de sol invertida, dándome siete otoños más de existencia.

Llévale ahora la orden a mis hombres de que acerquen hasta mí el Cronógrafo. Acompáñalos velando por su integridad, de que no se caiga ni se golpee en el camino.  No deseo perder tiempo en afinarlo. Una vez que retornes con él, te enseñaré lo que aquel hombre me enseño a mí hace ya mucho tiempo atrás.

Es hora de que escuches la balada del Héroe.

viernes, 13 de abril de 2012

Conciliábulo

Los cuentos sobre conspiradores son traicioneros hasta para el propio lector. Es imposible distinguir si están jugando con uno, si están confabulando o simplemente es artimaña de baja calaña. Por tal motivo he puesto en movimiento mis dones de poder para juntar en un antiguo almacén a ciento catorce actores y cuarentaysiete actrices. Cada cual con órdenes específicas sobre que decir y como responder ante las palabras de los otros cientos, misiones y objetivos a la carta y un antiguo caserón convertido en planchas de teatro libre. He de llegar, con cuaderno y pluma en mano, ha descubrir la verdad sobre los conspiradores, sobre sus aventuras y redes tramposas. Perfecciono mis ojos, agudizo mis oídos y créanme, que no le creo a nadie, ni ustedes deberían creerme a mi, ni a ellos a nosotros, ni ustedes  a ustedes mismos.

Porque les cuento un secreto, en este exacto momento si mis crónicas están en lo cierto, alguien esta conspirando contra usted.

miércoles, 11 de abril de 2012

De La Profundidad Que Albergan Los Cielos

El hijo desaparecido había vuelto, sin más no era el mismo que ojos antiguos habían conocido. Sus formas eran oscuras y sus deseos, a diferencia del ayer, ahora se ocultaban tras una coraza de sombras. Ya no había sonrisa en su rostro, ni siquiera una pizca de alegría o júbilo alguno. Quien era este ser, que siglos atrás supo ser maravilloso, nadie podía explicarlo. Su nombre ya no lo representaba. Tras una bruma de misterio y mirada azul escarcha, decía llamarse a sí mismo como un monstruo formado de letras de otro alfabeto, traducido solo en una sensación de venganza que lograba serpentear bajo la piel de todo aquel que osara sostenerle la mirada.

Oh tú (antiguo perdido), que bajas de una profundidad que albergan los cielos, ¿es acaso este el infierno del cual habla el paraíso? Contagias temor, las flores se cierran a tu andar y los perros salvajes aullan en tu honor, ¿debemos acaso esperar que las cosechas mueran bajo tu susurro? Ten piedad de estos humildes hombres que nada te han hecho, solo sufrir tu ausencia.

Allí contemplando la vida, se encontraba el impronunciable. Imposible describir, como esas cuencas vacías gritaban, tan solo conservadas por un brillo tenue de un olvidado resplandecer. Sin embargo, tanto decían, que era mejor permanecer con la boca cerrada. Era muerte y vida a la vez, una vida que supo encenderse tras arrebatar una inocencia que le habían quitado, o que, muy probablemente, había perdido quien sabe por que causa macabra.

¿Has venido entonces a pedir el tan postergado perdón, héroe?

No se inmutó. Ni los vientos tuvieron la valentía de interrumpirlo.

martes, 10 de abril de 2012

Clávico comprendía el concepto y lo abrazaba como tal, en su forma pura de corchea semifusa.

miércoles, 4 de abril de 2012