lunes, 31 de enero de 2011

Mi vida en Aromas

Si me cruzo en tu camino, quizás sientas:

Farenheit de Christian Dior (para la oficina y el trabajo)
Intense Euphoria de Calvin Klein (para mi vida social)
Angel de Thierry Mugler (para el sexo y el amor)

jueves, 27 de enero de 2011

Séptimo

Tuve que aguantarme sus alaridos al teléfono, escupiendo anécdotas e historias de gente que no conozco ni me gustaría conocer. No me importaba la vida de la amiga de la amigo ni porqué el novio de la conocida dejó a su amante… simplemente no me interesaba. Apoyé el tubo en un costado del sillón y salí al balcón sin darle más importancia.

Ya era tarde, una de esas horas antes de la madrugada donde la gente duerme y descansa. Menos yo (hijo de la noche) mimado por la luna y las estrellas. Las miré buscando una respuesta, buscando como calmar mi enojo y mi tensión, de cómo terminar en paz, de cómo conciliar el sueño.

Me senté en el suelo dejando caer mis piernas al vacío mientras me prendía un cigarrillo. La oscuridad me envolvía, el humo me disfrazaba y yo parecía volar en las alturas del cielo.

Concentrado en como el fuego consumía el tabaco (y en los anillos de niebla que salían de mi boca) pude ver como una luz se encendía no muy lejos de donde me encontraba. En un séptimo piso del tercer edificio contando de derecha a izquierda me concentré en la sombra de un velador que cortaba la figura de una mujer en el umbral de una ventana. Se le notaba furia y bronca. Podía oír sus gritos y reclamos (aunque solo los captaba en mi imaginación) hasta que finalmente se dejó caer en un sillón, exhausta y liberada, lanzando un teléfono lejos por ahí.

De repente (como alguien que se transforma sin darse cuenta), dejé de ser quien era hacía unos minutos atrás. No necesitaba demasiado para convertirme en un animal, para sentirme atraído por una pequeña presa a lo lejos. La idea de hurgar en su intimidad me tentaba, demasiado, casi tanto como su cabello, su inocencia. La distancia era un obstáculo pero hubiese volado hasta ahí solamente para sentarme en silencio a mirarla, ver sus preocupaciones, sus gestos… sentir su perfume… básicamente para espiarla.

Por un segundo cruzó por mi cabeza la idea de esconderme. No quería que algo llamara su atención y que cerrara las cortinas, jamás. No quería ser visto ni descubierto. Quería disfrutarla en su mundo, en mi anonimato. Me quedé en silencio, callado, escondido en las sombras.

La vi apagar un cigarrillo y comer chocolate. La vi limpiarse unas lágrimas y soltar una sonrisa también. La vi con ropa (pero poca ropa al fin). Llevaba un vestido suelto, un vestido que de a poco comenzó a levantarse por una mano en forma de serpiente que se movía suavemente por su cuerpo haciéndose lugar y camino. La vi bailando en el sillón con movimientos seductores, mordiéndose los labios y soltando (lo que fantasee que eran) unos gemidos suaves de placer. Y cuando caí en la cuenta ella se estaba tocando, como una lady que se deja llevar por las caricias, por las sensaciones, por sus deseos más carnales.

Lo que pasaba por mi cabeza era extraño de describir. Hubiese bajado a tocarle la puerta y hacer realidad su imaginación (de ser posible) pero esa era solo mi fantasía, no la de ella. Sentí la boca seca después de unos minutos de tenerla entreabierta. Cuando bajé a la tierra, mis pantalones ya estaban medianamente bajos y sentía el frió de los azulejos del piso en mis muslos. Mi mano abrazaba mi orgullo y sin dejar de mirar nunca a su ventana, comencé a disfrutarla como se debe, con movimientos suaves que pasaban de lentos a rápidos acompañando cada uno de los suyos. Le seguía el ritmo, la perseguía justo para contener la explosión y poder seguir disfrutando de mi mano, o mejor dicho, de la suya.

Acabamos al mismo tiempo. Ella desparramó su placer retorciendo todo su cuerpo y cerrando las rodillas. Yo fui más visceral, solamente apunté al vacío haciendo de cuenta que eran sus pechos los que recibían mis sonrisas, todas mis sonrisas. Me pregunto si me habrá visto, si me contempló como yo a ella.

Hasta entonces no sabía su nombre y tampoco quería saberlo, no todavía. Ya habría tiempo, como para otras fantasías que supimos vivir juntos cuando (en otras noches de soledad) finalmente nuestras miradas lograron cruzarse… pero eso… eso…

Eso es para otra historia.

Me reincorporé subiéndome el pantalón, escondiendo mi miembro ya a media asta. Ajusté mi cinturón y con un beso al viento me fui a dormir en paz.

martes, 25 de enero de 2011

Juntos

Esperaría a que te duermas bajo mi brazo izquierdo para poder acariciar todo tu cuerpo con el derecho. Sin dejar de mirarte, recorrería tus piernas con la yema de mis dedos y sentiría tu piel suave hasta tu cintura. Me tienta hacerte cosquillas pero me controlo, se que estas descansando a mi lado y nada haría por perturbar tu paz. Adoro tu curvas y más aún me gustaría poder bajar a tu ombligo para decirle Hola con mi lengua. Estoy seguro que te robaría un par de sonrisas, algún que otro gemido y un golpecito tímido en la cabeza. Pero no, no te pienso despertar.

Me gusta ver como tus pelos lacios envuelven mi hombro y lo hacen desaparecer. Tu respiración es silenciosa y profunda, tus labios cerrados piden los míos pero… una vez mas debo contenerme. Quizás me decida al fin a susurrarte algo al oído (que solo nosotros entendamos, son códigos) y morderte la oreja despacito para bajar por tu cuello con la humedad de mi boca.

Pero hay tiempo y la paciencia es una virtud. Dormir siesta a tu lado es lo que más disfruto en este momento y me quedo con la fantasía de devorarte entera en sueños.

¿Vamos a la cama? A dormir con vos, conmigo, juntos.

lunes, 24 de enero de 2011

615

- Mis asuntos en este lugar nada le incumben, anciano.

Fui severo y cortante, no quería problemas. Prefiero marcar las distancias al principio para que aquel que intente meterse conmigo este avisado de antemano.

- Ein Zimmer bitte, es ist nür für drei Tage. Und ich will ein Zimmer wo ich die Stadt sehen kann, bitte.

Esta vez le hablé en alemán, una habitación por tres días ni mas ni menos, con vista a la ciudad de ser posible. El abuelo me entregó las llaves sin mirarme a los ojos, habitación 615 subiendo tres pisos pasillo izquierdo.

Junté mi equipaje, una valija pequeña y un bolso de mano, y me apronté a subir las escaleras de madera pintadas de blanco. El lugar se veía bastante acogedor, bien de ciudad antigua, con sus faroles que en algún momento supieron ser de aceite. El olor era extraño, bastante europeo y a la vez quedado en el tiempo, melancólico diría yo.

Paciencia

Me senté en la esquina más alejada del bar, escondiendo mi rostro bajo el ala de mi sombrero de la suerte. Cerré mi abrigo con mis dos manos intentando combatir el frío, estiré una pierna sobre una silla y me fundí en la oscuridad esperando.

Sabía que no tardarías en llegar. Endulcé mi paciencia con el coñac de la casa y me tenté con agregar una pinta de cerveza, pero me pareció demasiado, ante todo la cordura. Mientras pasaron los minutos y las horas el salón comenzó a llenarse de figuras extrañas, desde cantores y fabuleros hasta apostadores y ladrones. Hombres de bien se mezclaban con la más baja calaña, era lo hermoso del ambiente. Los gritos y las voces fuertes se tejían entre canciones y golpes secos al suelo marcando el compás. El humo del tabaco húmedo tapaba las fragancias al sopero que supuraba jugoso dentro de la cocina. Y en un costado me encontraba yo, quieto y en silencio, paciente y cauteloso.

viernes, 21 de enero de 2011

miércoles, 19 de enero de 2011

De la Bitácora del Capitán

Al octavo día de viaje encontramos lo que parecía ser una entrada a lo profundo de la selva entre cuatro elevaciones de rocas de varios metros de alto escondidas por la densa vegetación y flora autóctona del lugar. El primero en ver indicios fue un tripulante de tercer rango llamado Jeremías Rincón quién se topó en su camino con una piedra de forma esférica perféctamente tallada, posiblemente utilizada para morteros y caratulada en las posesiones de la expedición como Artículo 126-2. Su descubrimiento fue una llamada de atención por la locación de la misma, después de tantas noches de viaje hacía adentro desde que cruzamos Las Caídas al Abismo o como le decimos nosotros, Las Cataratas Oscuras. Lo extraño fue que hasta el día de la fecha no se conocían registros de tribus indígenas en la zona. 

Una vez tomada la decisión de seguir avanzando una gran tormenta tropical nos obliga a permanecer en el lugar y buscar refugio debajo de los árboles. Las lluvias se extendieron por varias horas y el nivel del agua subió hasta nuestras rodillas (para aquellos que permanecieron en el suelo y desistieron de treparse a los árboles). Perdimos una parte de nuestra comida y se humedecieron nuestros mecheros. Humberto Grecco Uribe, peón de transporte, cae enfermo luego de pasar el temporal y debemos tomar la decisión de dejarlo atrás antes de retomar nuestra expedición. 

El cielo se vuelve púrpura antes del anochecer, los pájaros parecen mirarnos de forma amenazadora, y extrañamente, todas las flores de (absolutamente) todas las plantas apuntan hacia nosotros como los girasoles hacía el sol.

Decido darle descanso a la caravana, continuaremos mañana a primera luz del alba.

lunes, 17 de enero de 2011

De Mosaicos y Azulejos

Mil ciento noventa y siete mosaicos decoraban el mural de la izquierda. Tres se habían caído por el tiempo y yacían sin vida en el suelo polvoriento. De arriba hacia abajo, los pequeños azulejos iban de colores azules profundo a rosados claros, pasando por verdes agua a rojos carmesí. La mitad de izquierda a derecha se encontraba en sombras mientras que el resto se veía iluminado por un tenue rayo de sol que entraba por un tragaluz en lo alto.

Mil ciento noventa y siete mosaicos formaban una mujer, de mirada acusadora pero sensual, de labios gruesos y cabellos castaños. Envuelta en sábanas (grises por el tiempo) que alguna vez supieron ser blancas, cubrían parte de su cuerpo dejando al descubierto un pecho cálido que terminaba en un pezón del tono apenas más oscuro que el de la piel, desafiando la gravedad y el frío (que estoy seguro supo despertarlo).

Mil ciento noventa y siete mosaicos sabían reflejarla a la perfección, con sus miedos y alegrías, su timidez y lujuria. Me quedé observándola un rato hasta que decidí continuar por mi camino, el pasillo último del cuarto laberinto, aquel que había sido diseñado para guardar un gran tesoro de la ambición de ladrones y cazadores de fortunas.

Ajusté mi morral, tomé una gran bocanada de aire y caminé sin mirar hacia atrás pensando que me encontraría al final de mi destino.

sábado, 15 de enero de 2011

Formas de ver el mundo

Dejó el sobre en un costado y encendió un cigarrillo de los importados. Dió una primer pitada profunda que su paladar agradeció con un orgasmo mental. Se entregó al placer dejando caer su cuerpo sobre el sillón, tirando la cabeza hacía atrás mientras el humo espeso lo envolvía por completo. Extendió las piernas en toda su longitud apoyando las botas de cuero sucias sobre una mesa ratona repleta de revistas y recortes de diarios.

Bienvenido a la burbuja, se dijo suavemente.

No le interesó haber sido aceptado en la universidad, ni el dinero de la beca, ni de los alcances del doctorado. O quizás solo era su manera de festejar, no lo sé (aún).

viernes, 14 de enero de 2011

Cincuenta pares

El pequeño ciempiés reposaba sobre una gran piedra volcánica en la saliente más empinada de la montaña. Observó la distancia entre él y el horizonte analizando los días, el tiempo y los caminos que los separaban. Era demasiado lejos se decía para sus adentros. No seas pesimista, se contestaba a él mismo. Será lejos, pero tenes cincuenta pares de patas a tu favor y el primer paso es siempre el más difícil.

Tomó aire. Recordó los días de juventud en aquella húmeda cueva con sus hermanos y como había superado el gran monzón de agosto. Era un aventurero y cerrando los ojos movió la primer extremidad de la derecha. Como una canción que sigue la armonía de la música, el resto de sus piernas la siguieron al compás como una gran ola de mar. Haciendo zigzag, nuestro ciempiés había emprendido un viaje hacía lo desconocido.

Humilde opinión

Habría que prohibir los corpiños.

jueves, 13 de enero de 2011

Push Send

Ahora que tengo un celu como la gente estoy motivado. Manden mails, mensajitos, besos y abrazos que estoy amigado con la tecnología!

miércoles, 12 de enero de 2011

De Soñadores y Pragmáticos

Lo conocí en vida pero aprendí a apreciarlo días después que me anunciaran su fallecimiento. Era un compadre más que un hermano y la distancia y las peleas de vanidad que reinaban en nuestra amistad nos supo separar durante los últimos años, media década más dos (pasado el invierno serían ocho), para ser más exactos. Supimos recorrer el mundo juntos y nuestros puños se cruzaron incontables veces, tanto en nuestras mejillas como contra la de nuestros oponentes. Carcajadas en burdeles de humo espeso y botellas vacías sobre ceniceros completos de historias románticas. Compartimos mujeres y tristezas, envidia y competencia.

Tanto camino recorrido para distanciarnos así nomás. Era un cable a tierra, aquél que juzgaba mi razón y excesivo uso de la lógica para intentar explicar los sucesos del mundo y el amor, la muerte y la vida, hablándome de como obra la suerte y el destino, justo a mí, caballero de las ciencias exactas y los números pares. El era un soñador, yo un pragmático.

Como decía, sonó mi teléfono un martes a media mañana y fue su nieta quien me comunicó la noticia. Renata, de voz quinceañera, simplemente soltó la muerte como quien lee un diario, como quien vende un perfume puerta en puerta. Ni sabía quien era yo realmente, me di cuenta cuando preguntó por mi nombre de pila y apellido, con una sequedad dolorosa. Su abuelo jamás me había llamado así, para él yo tenía otro registro, aquel que los pisceanos les dan a la gente con la cual comparten aventuras. Quizás si le cuento que yo crucé Babilonia a pié con su abuelo entonces me reconozca. O si le digo que fui yo quien lo salvó de un tigre enfurecido en la India (pero con una cicatriz profunda como recordatorio), entonces tal vez me hable con otro tono. 

Prefiero seguir en el anonimato, al menos por ahora. Habrá tiempo de contar anécdotas, tiempo siempre sobra. Nunca faltará un bar amigo que abra las puertas a los contadores de cuentos, a los fabuleros y  a viejos amigos que lloran por aquellos que se quedaron en el tiempo.

lunes, 10 de enero de 2011

Quiero viajar a...

Alguna vez soñaron con llegar al aeropuerto de New York con una valija preparada de antemano (con ropa de playa y ropa de invierno), pararse adelante del panel de Departures y apuntando con el dedo exclamar:

"Quiero viajar a..."

Podría ir a París y comer un Croissant en Champs Elysses, o ir directamente a Amsterdam y fumarme uno mientras miró las vidrieras del Red District, o sino iría a El Cairo para ver las pirámides antes de que las cierren al público. Bangkok también suena salvaje aunque Atenas tiene algo místico que no puedo describir. Incluso Tokio parece exótico sino fuera tan caro. 

Tantos lugares donde ir...

Ruidos en el Bosque

Nuestro Héroe sabía que robarle una estrella al Cielo traería consecuencias y con el tesoro entre manos comenzó a mirar hacia todos los costados temiendo lo peor. Quizás detrás de los arbustos o entre as raíces inmensas que se enredaban sobre otros árboles (o simplemente debajo de las rocas milenarias), de cualquier lado podrían estar observándolo sin que el pudiese notarlo. Con sus manos sosteniendo la luz contra su pecho, con alma y vida, caminaba con pasos cortos y desesperados buscando los ruidos del bosque que gritaban su nombre. El croar de las ranas era atronador, el silbido del viento parecía una sirena de alarma, el crepitar de las ramas lo apuntaban con tono acusador. Era evidente entonces que los cuatro días que había estado escapando de la noche no habían sido suficientes y aún corría peligro. Debía seguir escapando lejos, bien lejos, dónde nadie puediese encontrarlo jamás.

domingo, 9 de enero de 2011

No te dejes estar

Aquellos que nos desvelamos en las noches con ideas salvajes y arriesgadas, con objetivos que están más allá de nuestro alcance, no podemos permanecer en silencio. Nos movemos, buscamos y encontramos. 

viernes, 7 de enero de 2011

Viernes

No veo la hora de llegar a mi casa, sacarme todo y desmayarme en el sillón.

Ah, y comprar jazmines en el camino porque me gusta el perfume que dejan.

jueves, 6 de enero de 2011

El Filoso

Ese hombre de manos ásperas se llamaba Fausto y le decían el filoso. Su apodo no había sido otorgado ni por su barba rala ni por su mirada profunda y pesada, sino por su habilidad para cortar la tensión con frases oscuras de augurios extraños.

En el pueblo de Funes a Fausto no lo querían, pero tampoco hacían nada para molestarlo. Era considerado una especie de místico loco que, a pesar de su moderada edad y su amor por la bebida, solía acertar con sus palabras de cuervo de la tempestad. Cuando Fausto abría la boca, todos escuchaban con atención, pero nadie se atrevía jamás a mirarlo a los ojos.

La última vez que se pronunció en público solamente necesitó golpear con su vaso medio lleno de bermú la mesita en la que se encontraba. Salpicó todo a su alrededor y en el bar reinó un silencio de muerte. Afuera los faroles se abarrotaban con polillas de la noche y el viento hacia golpear la pequeña puerta del lugar, sin embargo nada interrumpió que los clientes del lugar se encorvaran sobre sus cuerpos y le prestaran toda su atención.

Fausto los observó a todos, uno por uno, a medida que ellos corrían su cabezas para no sentirse maldecidos por el filoso

Una de estas noches, dijo en voz baja, el cielo llorará Tormenta. Ella vendrá disfrazada en el viento y a él lo buscará, pero por un precio muy alto, solamente a ella se llevará. El pueblo tendrá un hijo.

No dijo nada más. Ante la mirada de todo el bar simplemente extendió su mano sobre la botella y se dispuso a seguir con su rutina de borracho. Sin embargo Fausto el filoso había hablado y sus palabras harían mella en asuntos por venir.

miércoles, 5 de enero de 2011

Pies Hermosos

En Panamá me pinte -de negro- la uña del pie derecho (dedo gordo) y aprendí a apreciar mis pies de una nueva forma, jamás les había prestado atención.

Estoy seguro que ninguno de mis Clientes se imagina lo que hay dentro de mis zapatos brillantes, eso es lo hermoso de tener un lado secreto.

martes, 4 de enero de 2011

lunes, 3 de enero de 2011

Postales


Dejamos atrás el paraíso para volver a la vida normal.

domingo, 2 de enero de 2011

Objetivo Cumplido #1

Comer Langosta a orillas del mar con los pies en la arena

Objetivo cumplido.

Feliz año!!!