viernes, 14 de enero de 2011

Cincuenta pares

El pequeño ciempiés reposaba sobre una gran piedra volcánica en la saliente más empinada de la montaña. Observó la distancia entre él y el horizonte analizando los días, el tiempo y los caminos que los separaban. Era demasiado lejos se decía para sus adentros. No seas pesimista, se contestaba a él mismo. Será lejos, pero tenes cincuenta pares de patas a tu favor y el primer paso es siempre el más difícil.

Tomó aire. Recordó los días de juventud en aquella húmeda cueva con sus hermanos y como había superado el gran monzón de agosto. Era un aventurero y cerrando los ojos movió la primer extremidad de la derecha. Como una canción que sigue la armonía de la música, el resto de sus piernas la siguieron al compás como una gran ola de mar. Haciendo zigzag, nuestro ciempiés había emprendido un viaje hacía lo desconocido.

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