Dudo que tengan noticias mias hasta el martes. Iré donde nadie me encuentre en busca de paz (y otros manjares prohibidos para paladares de este mundo).
Buen fin de semana queridos amigos y enemigos, pórtense muy mal en mi asucencia, después me cuentan.
viernes, 30 de septiembre de 2011
En la víspera del qunitoagésimo* nacimiento de aquel quien ahora no recuerdo su nombre, sucedió una paradoja que sirvió como referente para los que entendimos ese quiebre del espacio tiempo. Duró lo justo y necesario, ni mas ni menos, suficiente para poder mirarnos y saber que la idea fundamental de un mundo mejor significaba la segregación por parte nuestra, alejarnos de la ignorancia de la sociedad que nos rodeaba y comenzar de nuevo sin un antes y con un gran después por recorrer. Haríamos de cuenta que no tuvimos familias, borramos todas nuestras anécdotas y enterramos esas posesiones que nos ataban a la memoria en pos de construir una nueva forma de vivir vivencias. Los testigos, nosotros, teníamos en frente una página en blanco al alcance de nuestras manos, sin otros libros que quedaran en pie y la misma idea de un recuerdo anterior que rápidamente fue borrada del diccionario y jamás se volvió a pronunciar ni en silencio ni en secreto.
* Posterior al Septante Augusto Cuarto, vigesiancenoterceroprimero.
jueves, 29 de septiembre de 2011
Bloom Like An Artist
Quiero que entiendan un poco el espiritu de este lugar.
Por favor, no necesitan mas de 10 segundos para hacer click y mirar esta obra de arte.
http://postimage.org/image/awq2oj5w/
Ah, de nada.
Por favor, no necesitan mas de 10 segundos para hacer click y mirar esta obra de arte.
http://postimage.org/image/awq2oj5w/
Ah, de nada.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Guerrera De Incontables Batallas
Aquella mujer sintió que por primera vez en su vida se encontraba en el momento justo, en el lugar exacto y de la misma forma como alguna vez lo hubiese soñado. Todas las estrellas, todos los planetas, las millones de constelaciones y quien sabe cuantos cometas parecieron alinearse en la misma sintonía, y esa dama en la esquina del salón, sentía la energía del destino entrando por su piel.
Sentada en el fondo del bar, mirando con atención y cautela como quien busca la invisible debilidad de su presa, observaba desde la quietud de su sombra bajo una espesa nube de perfume francés. Llevada por el olfato de un cazador, giró la vista en dirección al hombre que bebía un vaso de whiskey al final del bar, ajeno al tumulto del lugar. Por un momento le recordó a ella misma y la idea definitivamente la sedujo. Atraída por la sensación de que no hay nada más definitivo que algo provisorio (guerrera de incontables batallas, todas perdidas, y lamentablemente, cada una de ellas en los misteriosos terrenos del corazón), se acomodó el peinado y mirándose al espejo de la pared tomó la confianza necesaria para acercarse al extraño de una buena vez.
Si la mentira es mediocre, conviene decir la verdad. Por este motivo decido ahora no contar lo que sucedió a continuación, un cruce de palabras que comenzó con seductoras sonrisas y un escote profundo para concluir en llanto y tristeza y juramentos de nunca más. Una caída más para ponerse de pie nuevamente, los cielos que se apiadaron de su desdicha y ahora si, por primera vez en mucho tiempo, su noche tuvo el final que ella esperaba.
Con otro sujeto. Sin lágrimas pero con alegrías. Una oscuridad que duró hasta el amanecer donde en silencio juntó su ropa del suelo y sin despertarlo escapó de aquel sueño para llegar a horario y prepararle el desayuno a su familia, esta vez sin los vientos del universo a su favor, con sus melancolías y frustraciones de la rutina diaria.
Guerrera de incontables batallas, le decimos nosotros, los que ahora conocemos su historia.
Juguemos Un Poco
Quiero jugar un poco, pedirles un regalo inocente.
Si me dejan palabras, o incluso frases (pero que no sean de otro autor) entonces mañana a la tarde voy a intentar hacer un poco de magia, ojala resulte.
Los espero, vamos que estoy impaciente...
martes, 27 de septiembre de 2011
Las Heridas De La Tierra
Las heridas de la tierra supuraban hileras de humo amarillo que contrastaban contra la imagen del gris plomizo del terreno afilado, grandes dientes de rocas miraban desafiantes al cielo impidiendo el paso de aquellos valerosos que hasta allí llegaban escapando del terror que habían dejado ya a sus espaldas. De vez en cuando, alguna laguna se abría espacio entre la piedra, agua turbia estancada de varias lluvias que le daba algo de vida al fin del mundo, un poco de verdín crecía en cada grieta, resbaloso y peligroso para pies poco aventurados. El hedor era inmundo, mezcla de azufre de las profundidades con la putridez del ambiente, una densa pero baja neblina cubría lo que parecía ser un traicionero camino y esos hombres de altos y nobles portes, con los rostros cubiertos y las manos enguantadas sosteniéndose de los picos como puñales, intentando hacer pie en aquel lugar árido y hostil que amenazaba con devorarse la esperanza de sus corazones.
Debemos cruzar, cueste lo que cueste.
lunes, 26 de septiembre de 2011
El Hecho De Querer Y No Poder
Es penoso el hecho de querer y no poder, de intentar y no lograr, de luchar y no ganar. No diría que así me siento, pero tampoco lo desmiento; es que la verdad no es tal cual, y de poder lo afirmaría, pero ahora lo negaría. Ahí hay una certeza, la primera del día, que seguramente sea la misma hasta el caer de la noche, donde es posible que salgan a la luz unas cuantas más, porque la noche es mi momento del día y único donde el sabor de la mente me endulza el corazón. Pero hasta el ocaso falta un tiempo aún y yo sigo desdiciendo lo que no me animo a cerciorar, atino pero no defino, amago con la palabra un desliz que no termina de ocurrir. Y hasta me cuelgo en el pensamiento y casi que me lanzo al error pero la verdad es que sinceramente y no tan sinceramente no creo estar incorrecto. O lo estoy, pero es temprano para comprobarlo. Si es que se puede, claro, porque cabe la posibilidad de que hasta mis dichos sean desdichados y caigan en el olvido del mundo. Es realmente penoso, el hecho de querer y no poder, de intentar y no lograr, de luchar y no ganar.
(a la hora de escribir algo que tenga sentido).
viernes, 23 de septiembre de 2011
Beatriz
A Beatriz no le gustaba su nombre, ni su apellido, o su edad la cual no me atrevo a decir. Tampoco le gustaba mirarse al espejo, le disgustaban sus piernas, la curva de sus caderas, ese sobrante en la cintura, el modo en que su ombligo se torcía hacía abajo por el exceso de piel, y sobre todo la caída que habían sufrido sus pechos en los últimos años. Beatriz tenía una hermosa sonrisa, lo admitía, al punto que a veces se daba cuenta que regalaba demasiadas, más de lo que debería según sus normas de protocolo (que no eran las mismas con su jefe que con el médico que la atendía una vez por mes). Betty, nombre de vieja pensaba ella, pero como siempre la llamaron en el barrio, se sentía cansada de tener que depilarse todos los días. Todos los días, si, una constante fija. Cada mañana, sin falta, había un pelo nuevo que arrancar de raíz. Desde el bigote hasta los brazos, y más abajo también (ya había pasado el invierno), esos microscopicos cabellos encontraban la forma de hacerla sentir un ser monstruoso ser caído de alguna montaña selvática, o quizás de algún cuento de Sandokan.
Estamos en guerra. Hoy, lamentablemente para los hombres que defendemos nuestra querida y amada tierra, nos ha despertado el furioso tronar de las campanas de batalla. Nos hemos visto forzados a abandonar nuestras camas, a nuestras mujeres y a nuestros hijos en pos de brindarles una seguridad que les prometimos desde el primer día en que juramos defender nuestros ideales y valores con nuestro cuerpo y corazón. Muchos no volverán y otros cuantos sufrirán la tortura del enemigo. Pero deben saber, que aquellos que tomemos prisioneros sentirán el filo de nuestra venganza y retornarán a sus hogares solamente allí en el infierno donde corresponde y donde, de ser necesario, los perseguiremos cueste lo que cueste.
Recuerden este día, hombres y mujeres de mi pueblo, ya que nunca nada volverá a ser igual, enseñadles a los pequeños del futuro, lo que fuimos y lo que aspiramos a ser, ellos contarán nuestra historia, ellos vivirán por nosotros, sus héroes.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Grandes Exponentes De La Palabra
No es extraño que la palabra héroe haya perdido fuerza en las últimas centurias. Desde la culminación de la eternidad pasada que no se ven por estos lados del mundo grandes exponentes de la palabra, y por los relatos que hasta aquí llegan tampoco del otro lado de las montañas. Recordemos entonces a aquellos gigantes que nos enseñaron en el pasado y vieron su final a manos de la tiranía y la traición, pero que supieron dejar un legado que algunos llevamos hoy en día como estandarte y bandera de paz. Sepan creer, pueblo del habla y la lengua, en las leyendas de boca en boca y como figura en la memoria colectiva que nos une y nos otorga el don de la cultura y la unión. Son esos héroes, caídos, los que alabamos pese a sus derrotas, errores y desaciertos. Puesto que de ellos aprendimos el significado de la identidad y gracias a ellos somos lo que somos, un pueblo con historia que sin importar que tan oscuro se vea el horizonte, jamás olvidará mientras uno de los nuestros quede de pie para viajar por lo ancho del mundo contando nuestro cuento.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Al Descanso Del Camino
No tenían posesiones materiales mas que algún objeto perdido por ahí, quizás algún colchón o un libro con hojas perdidas y sin tapa. Se veían muñecas en los brazos de las niñas, pero muy pocas realmente, y entre ellos, uno tenia una navaja color violeta y mango crema con la cual afilaba pequeñas ramas y las repartía entre otros jóvenes.
En el descanso del camino eso y mucho mas observé. Todos cooperaban de la misma manera, con muy pocas ganas pero con una sensación mecánica de trabajar por el grupo que evidentemente les daba resultado. Cuanto tiempo llevaban vagando, no lo sabía y no lo querían decir. Sus historias, claro, esas las conocían a la perfección, pero parecían olvidar el nombre de sus abuelos o incluso los cumpleaños de sus parientes. Sin dudas el paso de la rutina al exilio los había devorado por completo.
Llegué a la conclusión de que estos caminantes no tenían motivo alguno más que guardar la leyenda de su propia vida como secreto y tesoro mismo. Dejaron de lado las cosas que los ataran a un suelo que no les daría alimento, abrigo ni cariño, las distracciones del día a día. Entendieron que hasta no llegar a destino no les quedaba mas que la memoria de lo que alguna vez fueron. He escuchado decirles que el fuego sagrado no se apaga si el corazón lo mantiene con vida. Y entre risas y canciones, a veces logro distinguir algo de razón en sus miradas.
En estas tierras las condiciones son duras, el polvo y el viento vuela con fuerza y encuentra refugio en los labios y la comisura de los ojos. Es recomendable usar un trapo o tela en el rostro para poder mantener un poco la cordura, y el equilibrio. No sabría decir cuanto tiempo nos tomará abandonar este sitio, llegar hasta esas montañas nos tomaría al menos una semana creo yo.
El Exilio
Nosotros no somos más que un grupo de viajeros sin rumbo ni destino, obligados a recorrer el camino ya sea hacia arriba o hacia abajo, dando las vueltas necesarias para mantenernos unidos todos en una misma dirección. No es fácil, muchos ya tenemos eternidades en nuestras encorvadas espaldas, otros están gravemente enfermos y probablemente no pasen de este octubre. Algunos son jóvenes, siempre dispuestos a la ayuda, sin embargo somos los sabios quienes decoramos cada paso con un relato de nuestra propia historia. Deben ser los pequeños los que se hagan responsables por aferrarse fuertemente a la cultura de este pueblo perdido en el tiempo, sin futuro pero con mucho pasado, que a pesar de haberlo perdido todo aun conserva sus raíces fuertes en los corazones de sus exiliados.
martes, 20 de septiembre de 2011
Transcurre El Tiempo
Eran las manchas de humedad en el cielorraso del techo, la pintura caída al costado de la pared, el sonido aspero de la bisagra del ventanal golpeando contra un picaporte. Todo eso lo deprimía, lo hundía y le quitaban las ganas de vivir. Quizás esta última frase es un tanto exagerada, timidamente le gustaba aceptar la depresión, pero sostenía una esperanza de que fuese pasajera y momentánea. No veía color en el día, pero su confianza lo llevaba a imaginarlo. Era un hombre, en el fondo de un agujero profundo, que a pesar de los golpes y la extensa altura necesaria para escalar a la salida no se sentía oscurecido por la situación adversa, el creía en un mundo mejor. Sin embargo, estaba deprimido, sumamente deprimido.
Creyó que comparando podría ver el lado bueno de la vida. Pensó en la hambruna, en la indigencia, en la maldad de corazón. Se sintió sumamente alejado de tales conceptos, pero no le trajo bienestar alguno. No le faltaba un plato de comida, ni un techo (por mas deteriorado que esté) ni tampoco le deseaba mal a nadie. Era un pobre tipo, ni mas, ni menos.
Esa idea, la del pobre tipo, solo en este mundo, lo obligaba a analizar todos los momentos de su historia. El porqué y el para qué de las cosas que logró, sobre lo que ansiaba y mas específicamente sobre aquello que representaban sus sueños... pero era un hombre sin suerte y ya no pensaba en términos de sueños como lo haría un soñador.
El tiempo transcurre sin dar nota. Llegó entonces la noche, con su Luna reflejando a través del cielo, rebotando contra la base de una lámpara en la mesa de luz y dándole de lleno en su rostro. Así no se puede dormir, pensaba en su cabecita, cuanta luz... pero no hizo nada al respecto. Se envolvió en la sabana y se dio vuelta contra la pared (sucia por la humedad). Pero claro, no cerró los ojos ni logró descansar. Se distrajo con el estallido de las gotas de una canilla mal cerrada, pero nada hizo al respecto.
El tiempo transcurre sin dar nota. Llegó entonces la noche, con su Luna reflejando a través del cielo, rebotando contra la base de una lámpara en la mesa de luz y dándole de lleno en su rostro. Así no se puede dormir, pensaba en su cabecita, cuanta luz... pero no hizo nada al respecto. Se envolvió en la sabana y se dio vuelta contra la pared (sucia por la humedad). Pero claro, no cerró los ojos ni logró descansar. Se distrajo con el estallido de las gotas de una canilla mal cerrada, pero nada hizo al respecto.
Le regaló una rosa y le declaró su amor. Ella, princesa, lo miró despectivamente y contuvo una sonrisa. Sin disimulo alguno le alcanzó la flor a su esclava y ésta la guardo quien sabe donde. Continuó caminando, como quien esta acostumbrado a tales demostraciones de cariño. Pobre hombre, aquel agricultor que nada tenía que ofrecer mas que una promesa de amor eterno, no sabía cual era su destino.
Al otro día, su cabeza despertó en la plaza central, su cuerpo, en una fosa común rodeada de buitres famélicos. Es el precio a pagar por acercarse a una princesa tan fuertemente celada por un hermano enamorado, valiente él, quien sacrificó su alma por una amor no correspondido.
La época de la peste fue una época olvidable, muy dura y cruel. Preferiría olvidar aquellos días nefastos, sobre todo las noches, con interminables lamentos de personas moribundas, jadeantes intentando escapar al abrazo de la muerte. Pero así fueron esos tiempos y los pocos que logramos esquivar la enfermedad hoy la evocamos con dolor y espanto. Las plazas, esas plazas que alguna vez perfumaban el aire con el dulce aroma de los jazmines, supieron convertirse en negros cementerios de humo. Allí, maldita memoria que guardas el recuerdo, amontonaban los cuerpos pútridos en pilas tan altas que llegaban al cielo. Y entonces les prendían fuego y los dejaban en ceniza, una ceniza con olor funerario que ya no cargaba con la peste pero que se respiraba, que teñía las narices de oscuro y flotaba en el aire como niebla.
A él le gustaba rodearse de enemigos, lo hacia sentir fuerte y joven, siempre alerta y en guardia. Le resultaba todo un desafío el pasar desapercibido, mezclarse entre los que no eran los suyos, intercambiar historias que no eran las propias, inventar una hazaña y llenarse de laureles sobre su profesión, la cual cambiaba día a día. Su nombre, el cual no dije aún, era todo un misterio. Ayer dijo ser Milplayo Sacarías, hoy sin embargo su apodo era El Picapedrero, mañana quien sabe.
lunes, 19 de septiembre de 2011
En Lo Profundo
A contramano de la creencia popular, el destino del mundo se maneja desde abajo y no desde arriba, como mal aprendimos de la cultura y la religión. Esto lo digo con conocimiento de causa y no por simple cuentista con alma de bufón, por ende puedo afirmar con la frente en alto que yo puse mi pie en el cuarto de máquinas, que mis ojos contemplaron los miles de millones de hilos atados a incontables manijas, pedales y mancuernas, movidos por él y nada más que él.
No, no, miento, o no me expreso bien. Él los guía, los dirige y los manda. Pero no tiene tantos brazos como para sostener semejante estructura, solamente dos y con eso le alcanza. Tampoco tiene suficientes piernas como para coordinar y organizar, con dos camina, con dos camina muy bien. Son sus ayudantes lo que traen, llevan, sostienen y manejan esta empresa de destino puerta a puerta, de aquello que haces sin pensar y también de eso que sucede por suceder.
Y lo repito, yo se como es, donde es y que es. Pero no es allí arriba en las nubes, oh no, ni de casualidad. Es abajo, muy abajo, mas abajo que abajo, en lo profundo, en el abismo de lo profundo, en el abismo del vacío del profundo abajo del fondo. Allí, él hace y deshace, todos los días, todas las eternidades.
Y lo repito, yo se como es, donde es y que es. Pero no es allí arriba en las nubes, oh no, ni de casualidad. Es abajo, muy abajo, mas abajo que abajo, en lo profundo, en el abismo de lo profundo, en el abismo del vacío del profundo abajo del fondo. Allí, él hace y deshace, todos los días, todas las eternidades.
Lo digo con conocimiento de causa y no por simple cuentista con alma de bufón (disculpad, a veces repito, lo hago sin pensar), que a mi y solo a mi me han cortado el cordel del tiempo. Porque yo puse mi pie en el cuarto de máquinas, que mis ojos contemplaron los miles de millones de hilos atados a incontables manijas, pedales y mancuernas, movidos por él y nada más que él, y fue él y nada mas que él, quien con una tijera de plata y oro cortó los nudos que me ataban al destino.
Yo, el Sin Camino.
Pasajera
Allí, al costado del andén, una mujer esperaba maleta en mano y abrigo hasta el cuello, en silencio y paz absoluta. Miraba las copas de los árboles, las hojas de color marrón y amarillo que se juntaban entre las vías del tren, el viejo reloj de agujas que marcaban celosamente el paso del tiempo controlando la furiosa y desordenada llegada de sus hijos a la terminal. A cada grito de la campana, las miles de hormigas corrían trepando a los vagones, arrastrando equipajes e hijos, problemas y reclamos. Cuantas vidas de acá para allá, con sus historias, cuantas anécdotas y leyendas que jamás verán la luz del día, asesinadas en el anonimato del hombre común.
Mirando, con los brazos dentro de los bolsillos, ahora sentada en un banco de plaza al costado de una máquina de refrescos, la pequeña dama seguía aguardando por ese tren que la sacaría de aquel sufrido lugar. No fueron vacaciones, tampoco un viaje de trabajo. No llegó hasta allí visitando familiares, mucho menos buscando respuestas. Sus rulos caían suaves por debajo de la boina, su sonrisa escondía mas que alegría, casi triste diría yo, pero ciertamente pasajera, de eso no había dudas.
Sonó la bocina, el tren de las tres catorce en cinco minutos por anden uno. Tomó su cartera, controló su pasaje y esperó en profundo silencio. Ella era transparente, delicada y llena de dolor. Sin embargo en su pena había salvación, la misma que siente al abordar el ultimo tramo de la vuelta a casa. Ella representaba la última lágrima de una época oscura, esperando un ultimo tren sin destino, en una ciudad sin nombre.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Yo duermo con antifaz.
Me dí cuenta que soy un super héroe de los sueños.
Y claaaa, no podía ser de otra manera.
Me dí cuenta que soy un super héroe de los sueños.
Y claaaa, no podía ser de otra manera.
martes, 13 de septiembre de 2011
Hay magia en este mundo, en el destino y su romance con la casualidad. Del imprevisto no pensado puede nacer un previsto por años de fantasias que algunos creerían inútiles, los soñadores sin embargo, las ven como absolutamente necesarias en la normal construcción del día a día. De una situación semejante como salir trece minutos más tarde del hogar por haber puesto mayor detalle en el cuidado de la cabellera o la elección del perfume, pueden suceder una conjunción de factores que culminarán tanto en maravillas como en catástrofes, asuntos que la memoria jamás recordará o quien sabe, quizás la adquisición de una anécdota que nos acompañara hasta el final de nuestros días.
lunes, 12 de septiembre de 2011
La Casta De Idris
Idris tuvo cuatro hijos, dos de ellos mellizos, un varón y una mujer que falleció al segundo mes por la peste que trajeron los barcos del mar de Jerón. De los tres que quedaron, el bello Dumas le ganaba en dos años al valiente Balzac, menor también que la hermana de sangre del primero y fiel reflejo de sus cabellos grises pero de ojos de color verde en vez de azules. Ella se llamaba Uruthiel pero le decían Sulihet como la Estrella de Oriente y compartía la primogenie con Dumas a pesar de haber nacido unos minutos mas tarde.
Ellos eran la gloria de Idris y los mantuvo en la mas alta estima en lo que duró su reinado de paz y descanso, sucumbiendo al tiempo por una enfermedad de la sangre que mas tarde se descubriría fuera producto de una maldición y no del curso y destino de la vida.
La edad dorada se recuerda a lo largo de unos pocos años y termina cuando Sulieth fuera tomada prisionera por Ashazkar en nombre de los Santos quienes reclamaban las tierras altas de aquel lado del mundo donde nacía el Sol, quitadas de sus manos centurias atrás en los días de los Héroes del Cielo. Y así fue como Dumas y Balzac levantaron un ejercito de inmensas proporciones y cabalgaron con coraje y esperanza pero con mensajes de justa venganza.
En esa guerra Dumas se enfrentó en duelo con Ashazkar y fue herido de muerte antes de darle derrota a su oponente. Pobre Balzac, quien engañado por la trampa de su enemigo tuvo que decidir entre la vida de Uruthiel o la de su querido hermano, decidiendo por este último y llorando a su melliza. Ambos regresaron de vuelta a casa, ella sin embargo se perdió en el vació de tales memorias que inlcuso hoy algunos intentan no recordar.
El bello Dumas jamás le perdonaría a Balzac que haya dejado morir a su hermana en tierras lejanas e impuras, y antes de castigarlo con la muerte prefirió desterrarlo para siempre de la herencia de Idris, sus tierras y leyendas sin retorno nunca jamás para el resto de la eternidad.
Misterio En El Cementerio
De la tumba dieciocho a la decimocuarta había literalmente tres lápidas (contando de atrás para adelante) y una faltante que seguramente había sido robada por algún grupo de adolescentes molestos de esos que se escabullen en los cementerios de noche para hacer maldades a cuentas de los muertos. Diría mi abuelo que esas cosas pasan, pero a mi no me pasa, ni al difunto perturbado del lote tercero ni a nadie que yo pueda recordar. En fin, diría yo y no mi abuelo, que de tanto nombrar a la parca esta puede hacerse presente en las cercanías, poniendo su atención en uno mismo.
Pero es de día, la historia del hurto fúnebre no es mas que una anécdota y no hay calavera de negro a mi vista. Todo parece darse normalmente en este soleado martes otoñal pre primavera. Dícese entonces, diría mi abuela postiza, que hablar de espíritus atrae buenas y malas energías, de igual manera, según sobre que y quien se mencione. Porque tirar piedritas, mover caracoles, prender velas y sahumerios, todo vale, cuando hablamos del más allá.
Pero no quiero irme de tema en este segundo día del mes noveno de un año no nombrado en esta historia, ya que la noticia del misterio en el cementerio me había dejado un poco inquieto. No se describir exactamente que fue, pero algo me tenía a mal traer, diría mi madre que en paz descanse, que si uno creyese todo lo que lee entonces moriría joven, y cuanta razón tenía en decirlo, no por ella que a pesar de haber conocido el final prontamente, no leía ninguna noticia por supersticiosa, sino por mí, quién aún no sabía lo que se escondía detrás del hurto del cadáver y la promesa de un velador de las sombras que sin que yo lo supiese escribía mi nombre en una larga lista, a mi espera.
NdA me gustan escribir sin línea de cohesión, a veces dejar que la imaginación fluya tiene mas coherencia de lo que uno puede ver a primera vista.
viernes, 9 de septiembre de 2011
Escuchame bien, a todos nos van a romper el corazón alguna vez en la vida, entre tanta gente del montón, mejor que sea yo quien lo haga.
martes, 6 de septiembre de 2011
Aquella Misteriosa Puerta
Anoche, mientras disfrutaba de la tranquilidad del silencio, decidí que era un buen momento para cruzar aquella misteriosa puerta. Dejé que el cigarro se consuma en el cenicero y le dí el último trago a la botella, a esta altura ya vacía, lamentablemente. Me entregué, me desplomé en el sillón y comencé a viajar.
Subí no se cuantos miles de escalones, doblé en distintos sentidos y me encontré caminado boca abajo. Este era el camino, lo recordaba bien a pesar del tiempo perdido. Me guiaba el aroma a roble, el crepitar de los tablones de madera en el suelo, la aspereza de las paredes grises. De vez en cuando una brisa me traía el perfume de flores lejanas, a veces del mar, a veces de las montañas. Admiré salones inmensos, sus dibujos y mosaicos, columnas infinitas hacía las nubes. Y después de una eternidad consumida en viaje, llegué a la puerta, aquella misteriosa puerta.
Sabía muy bien que encontraría allí. Mejor dicho, no sabía para nada lo que encontraría. Depende de como quisiera entender la no realidad. Detrás de la puerta había un sillón, muy parecido al sillón donde mi mente comenzo este paseo. Sin emabargo en algún lugar escondido detrás de esa entrada yo sabía con exactitud que había guardado hace ya mucho tiempo un cofre que contenía mis más grandes recuerdos, alegrias, penas y secretos. Desde la última vez que me anime a hurgar en mis memorias muchas otras nuevas habían crecido, algunas como árboles, otras como yuyos malignos. Era momento de enfrentarme a mi mismo, sacar de raíz aquello que perturbaba la armonía, embellecer aquello que traía paz. Construir mi propio jardín, levantar mi propio paraíso, allí, donde guardo todo aquello que oculto o cuido con recelo.
Ante la misteriosa puerta me encontré, llave en mano, colgando de una fina cadenilla de plata. La llevé a la cerradura, cuatro giros a la derecha, tres a la izquierda, -click-. La puerta se abrió levemente dejando salir un hilo de humo, proveniente de un usado cenicero. El aroma a whisky me invadió y me invitó a pasar, no rechazaría una propuesta semejante. Allí, detrás de un sillón donde un hombre roncaba de costado, un inmenso baúl se imponía ante mí.
Subí no se cuantos miles de escalones, doblé en distintos sentidos y me encontré caminado boca abajo. Este era el camino, lo recordaba bien a pesar del tiempo perdido. Me guiaba el aroma a roble, el crepitar de los tablones de madera en el suelo, la aspereza de las paredes grises. De vez en cuando una brisa me traía el perfume de flores lejanas, a veces del mar, a veces de las montañas. Admiré salones inmensos, sus dibujos y mosaicos, columnas infinitas hacía las nubes. Y después de una eternidad consumida en viaje, llegué a la puerta, aquella misteriosa puerta.
Sabía muy bien que encontraría allí. Mejor dicho, no sabía para nada lo que encontraría. Depende de como quisiera entender la no realidad. Detrás de la puerta había un sillón, muy parecido al sillón donde mi mente comenzo este paseo. Sin emabargo en algún lugar escondido detrás de esa entrada yo sabía con exactitud que había guardado hace ya mucho tiempo un cofre que contenía mis más grandes recuerdos, alegrias, penas y secretos. Desde la última vez que me anime a hurgar en mis memorias muchas otras nuevas habían crecido, algunas como árboles, otras como yuyos malignos. Era momento de enfrentarme a mi mismo, sacar de raíz aquello que perturbaba la armonía, embellecer aquello que traía paz. Construir mi propio jardín, levantar mi propio paraíso, allí, donde guardo todo aquello que oculto o cuido con recelo.
Ante la misteriosa puerta me encontré, llave en mano, colgando de una fina cadenilla de plata. La llevé a la cerradura, cuatro giros a la derecha, tres a la izquierda, -click-. La puerta se abrió levemente dejando salir un hilo de humo, proveniente de un usado cenicero. El aroma a whisky me invadió y me invitó a pasar, no rechazaría una propuesta semejante. Allí, detrás de un sillón donde un hombre roncaba de costado, un inmenso baúl se imponía ante mí.
Me acerque en silencio, intentando no despertar al prójimo y vistiéndome de sombra me arrodillé ante el arcón. Lo admiré por un instante antes de abrirlo. Que maravilla!, toda mi vida allí adentro. Que mezcla de sensaciones. Es momento de levantar la tapa. Vamos, ahora.
Mis manos tomaron el cofre por los costados y levantaron la cubierta. Un pequeño ruido salió veloz del interior, obligándome a cerrar bruscamente y volver hacía atrás mi objetivo. Detrás mío y levantándose del sillón, una figura quedó helada ante mi presencia, su rostro de miedo ahuyentaba la luz. Debo escapar, debo huir, debo..., pero me fue imposible, ciertamente imposible.
Nos miramos fijo. Nos conocíamos. Entonces comprendí.
Tú eres mi secreto. Mi más oscuro secreto.
Tú eres mi secreto. Mi más oscuro secreto.
Un Recuerdo
Una vez, recuerdo sentado en este oscuro sillón, logré transformarme en sábana blanca mientras dormías una noche de septiembre. Suavemente y sin despertarte me enrede entre tus piernas, acariciando tus muslos, perfumándome de tu perfume. Tu cintura me abrió camino y entre tus pechos un rato mi cuerpo descansé. No hubo resistencia, me alimenté de tus sueños, aprendí de tus pesadillas y antes de que abrieras los ojos te dejé en absoluta soledad.
Me fui de allí en silencio, con la panza llena de memorias que no eran las mías.
Si supieras lo que mis ojos vieron, sonreirías de emoción. Si hubiese permitido que me acompañes, no alcanzarían tus lágrimas para terminar con tanto dolor. Pero no temas Querida, porque jamás sabrás lo que fui, lo que hice, y lo que te pretendo hacer.
No eres más que un recuerdo, desde un sillón, lejos de tu cama de sábana blanca.
lunes, 5 de septiembre de 2011
La Caída Del Gavilán
En estos tiempos que agotan calendarios y almanaques, donde las horas no son más que el cuenta gotas de los días y los ladrillos con los cuales se construyen y levantan los meses, hay también errores matemáticos que producen quiebres en la linea que distingue pasado, presente y sobre todo futuro de lo que es el ahora, del fue y del será. Porque como es posible entonces que un hecho sucedido ya hace incontables décadas atrás, que sumadas completan centurias, un hombre sicario él, con la trágica misión de asesinar, enterrar y hacer desaparecer el cuerpo de un estafador de alta alcurnia, llevara adelante de la manera mas silenciosa posible, sin testigo alguno, referente de oído ni siquiera de mentiroso (a mentiroso), el acto que por el cual se condenó a otro hombre tantos años mas tarde.
Dice el diario de ayer, titulado como La Caída Del Gavilán, que Norberto Quiroga Uriarte fuere (y dice "fuere" en un contexto estricamente informativo no novelìstico, ajeno a la academia) condenado a perpetua en el marco de una investigación sin precedentes para la policía local. Nombra a la jefatura del Sargento Décimo Cuarto de la sede de Don Bosco, condecorado por el accionar ante el enemigo público, según su abogado, sin antecedentes penales en estos días nefastos. Culpable y de por vida adentro, inocente jamás, repetía la bajada de línea. Que será entonces del tiempo, que en este pasar se parece tanto a la rutina que se convierte en atemporal, hundiéndonos en el tic-tac del reloj, donde no se puede distinguir ni diferenciar a un maleante de una edad antigua con el malhechor que frecuenta las calles entre sombras malandras de esta Ciudad del nuevo milenio.
Dice el diario de ayer, titulado como La Caída Del Gavilán, que Norberto Quiroga Uriarte fuere (y dice "fuere" en un contexto estricamente informativo no novelìstico, ajeno a la academia) condenado a perpetua en el marco de una investigación sin precedentes para la policía local. Nombra a la jefatura del Sargento Décimo Cuarto de la sede de Don Bosco, condecorado por el accionar ante el enemigo público, según su abogado, sin antecedentes penales en estos días nefastos. Culpable y de por vida adentro, inocente jamás, repetía la bajada de línea. Que será entonces del tiempo, que en este pasar se parece tanto a la rutina que se convierte en atemporal, hundiéndonos en el tic-tac del reloj, donde no se puede distinguir ni diferenciar a un maleante de una edad antigua con el malhechor que frecuenta las calles entre sombras malandras de esta Ciudad del nuevo milenio.
Y por el brutal asesinato del noble Jesús Olavarría del Campo, terrateniente feudal del siglo quince XV, será que este pobre oficinista, un tal Norberto Quiroga Uriarte pasará el resto de su vida tras las rejas para la felicidad del pueblo, de mi pueblo querido, aquel que no se detiene ante el tiempo, por algún error matemático o por justicia divina, pero que no se detiene nunca al fin.
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