viernes, 30 de septiembre de 2011

En la víspera del qunitoagésimo* nacimiento de aquel quien ahora no recuerdo su nombre, sucedió una paradoja que sirvió como referente para los que entendimos ese quiebre del espacio tiempo. Duró lo justo y necesario, ni mas ni menos, suficiente para poder mirarnos y saber que la idea fundamental de un mundo mejor significaba la segregación por parte nuestra, alejarnos de la ignorancia de la sociedad que nos rodeaba y comenzar de nuevo sin un antes y con un gran después por recorrer. Haríamos de cuenta que no tuvimos familias, borramos todas nuestras anécdotas y enterramos esas posesiones que nos ataban a la memoria en pos de construir una nueva forma de vivir vivencias. Los testigos, nosotros, teníamos en frente una página en blanco al alcance de nuestras manos, sin otros libros que quedaran en pie y la misma idea de un recuerdo anterior que rápidamente fue borrada del diccionario y jamás se volvió a pronunciar ni en silencio ni en secreto.

* Posterior al Septante Augusto Cuarto, vigesiancenoterceroprimero.

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