De la tumba dieciocho a la decimocuarta había literalmente tres lápidas (contando de atrás para adelante) y una faltante que seguramente había sido robada por algún grupo de adolescentes molestos de esos que se escabullen en los cementerios de noche para hacer maldades a cuentas de los muertos. Diría mi abuelo que esas cosas pasan, pero a mi no me pasa, ni al difunto perturbado del lote tercero ni a nadie que yo pueda recordar. En fin, diría yo y no mi abuelo, que de tanto nombrar a la parca esta puede hacerse presente en las cercanías, poniendo su atención en uno mismo.
Pero es de día, la historia del hurto fúnebre no es mas que una anécdota y no hay calavera de negro a mi vista. Todo parece darse normalmente en este soleado martes otoñal pre primavera. Dícese entonces, diría mi abuela postiza, que hablar de espíritus atrae buenas y malas energías, de igual manera, según sobre que y quien se mencione. Porque tirar piedritas, mover caracoles, prender velas y sahumerios, todo vale, cuando hablamos del más allá.
Pero no quiero irme de tema en este segundo día del mes noveno de un año no nombrado en esta historia, ya que la noticia del misterio en el cementerio me había dejado un poco inquieto. No se describir exactamente que fue, pero algo me tenía a mal traer, diría mi madre que en paz descanse, que si uno creyese todo lo que lee entonces moriría joven, y cuanta razón tenía en decirlo, no por ella que a pesar de haber conocido el final prontamente, no leía ninguna noticia por supersticiosa, sino por mí, quién aún no sabía lo que se escondía detrás del hurto del cadáver y la promesa de un velador de las sombras que sin que yo lo supiese escribía mi nombre en una larga lista, a mi espera.
NdA me gustan escribir sin línea de cohesión, a veces dejar que la imaginación fluya tiene mas coherencia de lo que uno puede ver a primera vista.
2 comentarios:
No se necesitan oraciones entrelazadas ni ideas que se conjuguen con otras, ni nada de eso. Solo escribir lo que sentimos y darle vida de esa forma, sin cambios, ni dibujos de ningún tipo.
Me encantó el kilombo de explicaciones, (léase "kilombo", como una forma de describir lo que sentí al leer, no de una forma despectiva, si?).
Lo que diría tu abuelo, tu abuela, tu mamá, o quien fuera que quisiste meter en medio de la historia.
Muy buena.
Adhiero a "Nada más importa", me copó mucho ese recurso!
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