martes, 6 de septiembre de 2011

Aquella Misteriosa Puerta

Anoche, mientras disfrutaba de la tranquilidad del silencio, decidí que era un buen momento para cruzar aquella misteriosa puerta. Dejé que el cigarro se consuma en el cenicero y le dí el último trago a la botella, a esta altura ya vacía, lamentablemente. Me entregué, me desplomé en el sillón y comencé a viajar.

Subí no se cuantos miles de escalones, doblé en distintos sentidos y me encontré caminado boca abajo. Este era el camino, lo recordaba bien a pesar del tiempo perdido. Me guiaba el aroma a roble, el crepitar de los tablones de madera en el suelo, la aspereza de las paredes grises. De vez en cuando una brisa me traía el perfume de flores lejanas, a veces del mar, a veces de las montañas. Admiré salones inmensos, sus dibujos y mosaicos, columnas infinitas hacía las nubes. Y después de una eternidad consumida en viaje, llegué a la puerta, aquella misteriosa puerta.

Sabía muy bien que encontraría allí. Mejor dicho, no sabía para nada lo que encontraría. Depende de como quisiera entender la no realidad. Detrás de la puerta había un sillón, muy parecido al sillón donde mi mente comenzo este paseo. Sin emabargo en algún lugar escondido detrás de esa entrada yo sabía con exactitud que había guardado hace ya mucho tiempo un cofre que contenía mis más grandes recuerdos, alegrias, penas y secretos. Desde la última vez que me anime a hurgar en mis memorias muchas otras nuevas habían crecido, algunas como árboles, otras como yuyos malignos. Era momento de enfrentarme a mi mismo, sacar de raíz aquello que perturbaba la armonía, embellecer aquello que traía paz. Construir mi propio jardín, levantar mi propio paraíso, allí, donde guardo todo aquello que oculto o cuido con recelo.

Ante la misteriosa puerta me encontré, llave en mano, colgando de una fina cadenilla de plata. La llevé a la cerradura, cuatro giros a la derecha, tres a la izquierda, -click-. La puerta se abrió levemente dejando salir un hilo de humo, proveniente de un usado cenicero. El aroma a whisky me invadió y me invitó a pasar, no rechazaría una propuesta semejante. Allí, detrás de un sillón donde un hombre roncaba de costado, un inmenso baúl se imponía ante mí.

Me acerque en silencio, intentando no despertar al prójimo y vistiéndome de sombra me arrodillé ante el arcón. Lo admiré por un instante antes de abrirlo. Que maravilla!, toda mi vida allí adentro. Que mezcla de sensaciones. Es momento de levantar la tapa. Vamos, ahora.

Mis manos tomaron el cofre por los costados y levantaron la cubierta. Un pequeño ruido salió veloz del interior, obligándome a cerrar bruscamente y volver hacía atrás mi objetivo. Detrás mío y levantándose del sillón, una figura quedó helada ante mi presencia, su rostro de miedo ahuyentaba la luz. Debo escapar, debo huir, debo..., pero me fue imposible, ciertamente imposible.

Nos miramos fijo. Nos conocíamos. Entonces comprendí. 

Tú eres mi secreto. Mi más oscuro secreto.

2 comentarios:

Nada más importa dijo...

Me gustaría poder hacer realidad tu cuento y materializarlo en mi vida. Encontrar la llave, llegar a abrir la puerta y saber que mi secreto va a estar esperándome.

Nina dijo...

¡Qué intriga ese oscuro secreto!

Yo por el momento no tengo ganas de hurgar, ni abrir puertas, ni baúles...