miércoles, 26 de diciembre de 2012

El año dosmildoce fue superior al dosmilonce, sin embargo no a la altura del dosmiltrece que se viene.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Crece y crece glotona y oscura
Hasta que no hay cadenas que puedan con ella
Entonces todos preguntan y algunos sollozan
¿Cual fue el error?
Y no hay vuelta atrás
Ella todo lo devora

jueves, 25 de octubre de 2012

Desde lejos voy a desearte, mientras otra mujer que no eres tú, ni tampoco tú, mete su mano dentro de mis pantalones. Aún así deseo ganarme el Cielo, aunque deba comenzar desde el Infierno. Es fácil decirlo, lo es.

martes, 23 de octubre de 2012

He dedicado vidas enteras al estudio y la práctica de la estadística en todos sus niveles, aplicados a mi propia jerarquía de disfrutar el paso del tiempo. He intentado no desentender la propia normalidad de la historia común humana, sobre todo en el desarrollo del concepto del vivir para morir, del amar para concebir familia, del trabajar para enseñar y dejar legado. Pero me ha resultado inexplicablemente difícil y no es de extrañar que llegado al ocaso de mis días me encuentre en un oscura habitación en la mas absoluta soledad.

Me pregunto entonces cual ha sido mi error, donde o cuando he equivocado el camino, porque según mis números, todo ha salido perfecto. Pero veo a mi alrededor, y todo está mal. 

Entiendo y comprendo que estadisticamente soy, como dicen en algunos círculos  la excepción que confirma la regla. Me alegra tener estatus de único. Pero único, vuelve a significar soledad.

Todas tus vidas dedicadas a la búsqueda del integral que termino derivando la línea que jamás supiste ver. Soy tú lo que tú eres a mi, y ellos son a nosotros lo que nosotros somos para ellos. Todos somos yo y ellos son lo que yo digo que sean, o lo que ellos piensen de mí, no puedo poner resistencia alguna. He viajado cuando tu creíste estar perdido, he disfrutado la copa llena mientras tus manos  buscaban la función que explicase la velocidad en que esa copa debía vaciarse. La respuesta es sencilla, !tan rápido como mi garganta pueda lograrlo! Ellos piensan diferente, el elixir debe beberse con la delicadeza del cuentista para endulzar no solo los labios propios sino los de la dama a cortejar. Entre ellos, un sector cree que es necesario dedicar mas tiempo a la elección de la musa inspiradora. Puedes seguir calculando que es el tiempo, mientras yo lleno una segunda copa de muerte.

No hay vidas dedicadas al estudio y la practica, que no hayamos disfrutado por ti. No he desperdiciado el tiempo en vano, ni ellos han torcido la vena en su brote de aventura para que ustedes desperdicien todo en un instante de soledad, en un cuarto oscuro.

No hay realidad, que la que no queramos ver, seas tu o tus otros tús, la que podamos fabricar según la incógnita a resolver. 

lunes, 22 de octubre de 2012

Café derramado sobre el escritorio, un mensaje escondido para ojos entrenados. La vida trata de decirme algo, el destino me advierte. Debo intentar comprender, en un mundo donde un Hola también significa un Adiós, donde Ir es Volver, que el futuro también puede ser pasado, o en este caso, presente.

viernes, 19 de octubre de 2012

Lanzaba una moneda al aire, una y otra vez mientras apostaba a cara o seca por su vida o la de ella. A veces perdía, a veces ganaba, pero ¿que significaba la victoria o la derrota en este caso? Tras esta pregunta decidió que el aburrimiento lo había consumido y, sin quitarle el trapo de la boca o desanudar su manos, abandonó el lugar dejándola allí al merced de un destino diferente. 

miércoles, 17 de octubre de 2012

El Cronógrafo jamás podría haber sido construido sin la ayuda del Cazador de Letras.

martes, 16 de octubre de 2012

Cada mes tiene su lluvia propia y cada lluvia una única gota mágica que, de caer en la cabeza de una persona, le otorgará un don especial. Es como ganar la lotería, dice él, mientras camina empapado por la calle de adoquines. Nunca se sabe, quizás esta vez si me toque a mi.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Días atrás mis pies tocaron puerto amigo tras un tiempo sin tiempo de incontables aventuras y peligros. 

He vuelto, mas malvado, mas anti yo.
Caprichoso aquel que caminaba a cara cubierta frente al viento. No debía ser visto, corría peligro. Por tal motivo este para nada vagabundo destinó sus pasos por senderos traicioneros para viajeros inexpertos donde el mal y la muerte se esconden y espían en cada esquina. No, pero eso no iba a detenerlo, nunca jamás. Había sido comandado, por un suspiro, por una corazonada. Debía continuar, nunca retroceder, probarse a si mismo al destino de unas letras perdidas.

martes, 28 de agosto de 2012

Minnesota, Chicago, New York. De aventuras esperando encontrar una luz al final del camino.

miércoles, 8 de agosto de 2012

jueves, 26 de julio de 2012

martes, 24 de julio de 2012

Al Son Del No Ser

Me han regalado un puñado de palabras que todavía no se usar con propiedad. Me han advertido que no las malgaste, pues solo tienen un uso. Apenas me animo a abrir la bolsa de tela que las esconde. Allí veo unas cuantas letras sueltas y no se si es mi trabajo unirlas y darles sentido, o si sabrán encontrarlo por ellas mismas. 

Me han dicho que las lleve conmigo hasta que una despedida lo amerite. O hasta que conozca al amor de mi vida. Pero la duda me invade, ¿como no pensar que quizás estaría derrochando una oportunidad? 

El ejecutante me interrumpió con una corchea punzante de su flautín antiguo. No pienses mas, me dijo aún con la mirada en el instrumento. Tocaré hasta que te distraigas en las notas de mi melodía y no en un puñado de letras rotas; puesto que eso son. Unas letras sueltas sin sentido. 

Deben de tener algún sentido, respondí sin quitarle mi atención al regalo. Hubo un silencio de contemplación, el flautín desprendía una melodía triste. 

Tu mirada perdida te vuelve mas hermoso. Esas palabras parecen consumirte. En tu sonrisa veo al Diablo. Ten cuidado, ese obsequio puede esconder una maldición. ¿Me repites de dónde sacaste eso?

Ya lo sabes. Una sombra de lo que alguna vez fue. Una sombra me las dio.

lunes, 23 de julio de 2012

En La Memoria De Un Reptil


Capítulo Extraído de Tres Golpes de Timbal de Daniel Moyano

El Sietemesino, según refiere la minuciosa metáfora de Fábulo, recorrió las sangres zoológicas procurando introducir en cada especie la noción de un filo de cuchillo. Se desencantaba descubriendo que allí no había inteligencia criminal, que esos seres miserables eran movidos por una mecánica que no alcanzaba a comprender, y se enfurecía viendo cómo sus diferentes congéneres, según avanzaba o descendía en las escalas de la vida, se apartaban de él aunque tuviesen su misma forma.

El destino del hombre era ser dueño de la muerte y a través de ella llegar a ser dios, esa forma infinita del poder. A esa idea del Sietemesino, que podía ser la de la humanidad en su conjunto, se oponía la naturaleza, precisamente en salvaguardia del destino del hombre, cuya finalidad, insistía Fábulo, era la alegría, lo único que podemos oponer al sentimiento de la muerte. En el tinglado del titiritero asistíamos a la contemplación de una lucha, no eterna, entre la irracionalidad del poder o el deseo de ser dios, bajo la forma de un reptil persiguiendo una canción, y la libertad y la alegría, simbolizadas por el canto, que era la respuesta de la precariedad del hombre ante la historia y a la vez el refugio de sus desgracias. Mientras el cantor hacia un viaje a Lumbreras en busca de una palabra o un sonido para nombrar el mundo, el Sietemesino se metía en el mundo, provocando un ruido en el silencio de lo viviente, con lo que impedía que se lo nombrase. También él iba en busca de un pasado. Con ese propósito se introdujo en el mar.



Allí repitió miles de veces la matanza de Lumbreras, sosteniendo con las de abajo la veracidad de las matanzas de arriba, prolongándolas en el tiempo, justificándolas para siempre. El mundo era violencia y destrucción, y en el fondo de esta constante, como una belleza terrible, estaba la idea de ser dios, reservada a los más fuertes y violentos. El mar le pareció el lugar ideal para esos propósitos. Habiendo conseguido la condición del más sangriento de los tiburones, forzada hasta casi hacerla estallar más allá de sus alcances en busca de la belleza de la muerte, aspiraba a trasladarla intacta al interminable cuerpo de una ballena. Pero éstas, regresadas al agua tras una larga experiencia de la tierra, de la que sólo trajeron la leche materna introduciéndola como alimento, despreciaban a los tiburones. Para ellas, desde sus tranquilas lejanías cetáceas, eran como pequeños reyes glotones, y su ridícula ferocidad una forma asquerosa de comer. Es una lástima, se dijo el joven asesino acuático, la ignorancia del poder de la muerte las llevará al exterminio o al suicidio; habitadas por mi, serían inmortales.



Observando a las especies superadas, el soberbio tiburón capaz de rebasar sus propios alcances se complacía en la certidumbre de que en esa aburrida grey de pequeños sobrevivientes él había introducido la belleza de matar. Pero no lo entendían. Esas despreciables formas vivas, alimentos unas de las otras en una eternidad sin sentido, no tenían capacidad de comprender su hazaña maravillosa. En sus soledades de tiburón aislado por sus propios congéneres, a quienes llegó a aterrorizar, intuía sin embargo que ese enjambre interminable estaba en otra búsqueda. El mar, entonces, no era una afirmación de muertes que culminaran en la inmortalidad a la que él aspiraba, y se orientaba en cambio hacia la vida, frágil y temerosa. Tras millones de años y labores pacientes, las formas que los seres del mar lanzaron hacia instancias superiores de vida habían culminado en un ser terrestre tímido y cobarde que con su instinto criminal era el eslabón escapado de la infinita cadena, vuelto contra ellos y contra si mismo. Conscientes del fracaso, desde las algas hasta las poderosas ballenas buscaban una nueva forma destinada a completar el sentido de la vida, entregándose a una interminable cadena de sangres generosas.



Para evitar estos atisbos el SietemesinoTiburón se entregaba al goce solitario de su poder, una forma de melancolía ante la incomprensión del mundo al que por desgracia pertenecía. Y la melancolía rozaba los bordes peligrosos de la tristeza de vivir cuando veía pasar a lo lejos, radiantes de chorros espumosos, las inaccesibles ballenas como grandes crispaciones del mar, ya claramente inhóspito para él. Entonces borraba esas fronteras negativas matando y devorando, más allá de la saciedad, a los tiburones más sanguinarios y feroces, con lo que, multiplicando sus instintos, llegó a ser él solo todos ellos. Sólo un temor lo acompañaba en su isla privilegiada: el de que, dejándose arrastrar por la belleza de la muerte y su placer irresistible, pudiera devorarse a sí mismo. Conocía esa terrible tentación. Sus dientes, más de una vez, se habían vuelto hacia su cuerpo con apetito por su propia sangre.



Entristecido y solo, un día, fabuloso en los anales de su raza, convocó a los demás alrededor de la gran esfera de agua que era su isla despoblada de vida. Los depredadores del mar se acercaron cautelosos, apenas lo necesario para oír las razones del venerable tiburón que los contenía a todos ellos.



Tiburones del mar inmenso, exclamó; maravillosos aparatos de matar que sin embargo carecen de una noción precisa de la muerte, y con todo el poder que tienen forman parte sin embargo de la estúpida grey de los seres del mar nuestro. Es posible que mis días estén contados, por una debilidad que sufro, que en un momento dado ustedes me devoren y ocupando mi lugar me entreguen a la absurda mecánica de este mundo perdido.



Dominado por una tristeza letal que se le presentaba como término de su poderío, contempló su contorno y se concentró en sus contenidos. Mirándose hasta el fondo de su sangre, donde guardaba como deslumbrantes joyas rojas todas las muertes recogidas en su largo viaje, vio que su inconmovible palacio de terror estaba a punto de derrumbarse. El mar parecía vacío. Las familias acuáticas, al oír su voz, habían huido hacia lo oscuro de las profundidades. Solamente los terroristas del mar, aunque aterrados, se mantenían en sus puestos para ver la puesta del sol del carnicero venerable.

Tiburones, gritó poseído por las muertes que contenía; mis designios son más altos; yo no me perderé en búsquedas inútiles; pertenezco a la gloria: voy a comerme a mí mismo.



Giró furioso buscando los extremos de su cuerpo; cuando pudo darse la primera dentellada, la enorme esfera acuática que abarcaba con sus giros se convirtió en un oscuro ovillo de sangre que él iba devorando sin dejar de darse dentelladas, vacilando entre cortarse o engullir, los dos extremos de su placer terrible, buscando el centro deleitoso que le permitiera por fin comer su propia boca y cerrarse para siempre en su poder y en su placer, acabar su vida en sí mismo, heroicamente, antes de que sus congéneres, a la vista de su sangre, tragasen su formidable cabeza de tigre del océano. Pero los tiburones, sin poder soportar el espectáculo, habían desaparecido dejándolo a solas con su muerte.
Saciado su placer y viendo que no podría ir más allá aunque la imposibilidad de devorarse a si mismo hasta el final desapareciese, se abandonó a una corriente tibia que lo llevó hasta la desembocadura de uno de esos ríos dulces que bajan de la tierra, donde descansó sintiendo que su estirpe de tiburón lo abandonaba, y también el mar ingrato.

viernes, 20 de julio de 2012

Agregué el pack adultos en mi tv con Venus y PbTv.

Así estamos.

martes, 17 de julio de 2012

miércoles, 4 de julio de 2012

De Tiempos Que No Corren

En una incronología de la historia este sería el diario de un hombre retorcido, malvado y puro. Las hojas se manchan poco a poco dejando huellas salpicadas que hablan por mas de mil letras, que se resquebrajan en las puntas y de a poco comienzan a volverse polvo. 

Es trágica la sensación que uno recibe al apoyar la punta de los dedos sobre páginas de estos oscuros párrafos que se desanudan de a poco, perdiendo toda coma y todo signo de admiración. 

Pero los tiempos que corrían en ese entonces no eran lineales, de primaveras seguidas de veranos o inviernos que vencen otoños. En aquellos días estos duraban meses, los meses años y los años ya no se median como tales sino por las estrellas de bailes lentos y lealtad absoluta.

Que es el tiempo como tal, cuando unos renglones que aún luchan desafiantes por mantenerse firmes y colgantes ante la inminente llegada del olvido, con una suavidad tan hermosa que da ternura, aferrados hasta que llegue el amargo final. Que más puede hacer uno que admirarlos, que aprender de ellos, que sentirse tocado. 

Es la pureza, la misma que les da esperanza que inspira al finísimo hilo que alguna vez fue cosido con minucioso cuidado uniendo todas esas hojas a medida que se iban escribiendo. Aún con delicadeza de un alma que tiene con que dar batalla las mantenía unidas ante el hundimiento de la leyenda allí dibujada.

Ahora quien puede decir que esta incronlogía de la historia no podría contar las andanzas de un hombre de valentía y coraje, de un guerrero. En todo caso, este sería el diario de un héroe de héroes.

viernes, 29 de junio de 2012

jueves, 28 de junio de 2012

Show de Peter Murphy tonight. 

El último texto El Aroma De Negro habla sobre una hombre humilde que comienza a sentir la presencia de la muerte en el aire. Sabe que está, que ella los observa y que eventualmente algo sucederá. Pero falta continuar con el desarrollo, sepan armarse de paciencia.

martes, 26 de junio de 2012

El Aroma De Negro

Hay aromas que logran traspasar los sentidos y nos permiten viajar a lugares lejanos. Así funciona con la mezcla de especias que forman los diferentes tipos de curry, algunos a base de cardamomo, clavo de olor y comino, otros agregan jengibre, cúrcuma, o azafrán. Las variedades son infinitas (por decirlo de algún modo) aunque hay una cierta combinación que, acertadamente, podría llegar hasta nuestras narices y, sin mayores problemas, llevarnos de paseo hacía aquella casa al borde de las montañas donde vivía la humilde familia de un granjero de Biryaahn de Oriente.

Totalmente apartados de la civilización, esta familia residía a través de la cultura del tiempo, del conocimiento del lugar y la naturaleza de vivir a la sombra de una cadena rocosa que le proveía de refugio a los vientos, al frío, a las inundaciones. Era un lugar mágico, con sus verdes de diferentes tonos, sus amarillos colorados y sus azules turquesas que se volvían marrones gastados al caer los rayos del sol en el horizonte.

Biryaahn era trabajador, padre de siete y esposo de tres. No conocía la mentira, la traición o la pobreza. El y los suyos eran ricos (no de forma literal), pero si por considerarse gente feliz y sincera.

Continuará.

lunes, 25 de junio de 2012

jueves, 14 de junio de 2012

Cayó el peso muerto (mareado) sobre el suelo húmedo y las trompetas cantaron victoria al son de los tambores que majestuosos llegaron a oídos del Rey. Había que decidir, tal era la costumbre en tierras salvajes, el destino del animal monstruo. Algunos escépticos mezclados entre el público y por no decir la mayoría, selectos o sabandijas colados, jamás habían visto o vivido en propia sangre la fantasía y maravilla de tal criatura que ahora bufaba en rojo por esas dos cuencas que le salían por hocico. Sus cuernos habían sido astillados, uno cercenado de raíz y sus garras apenas tenían la fuerza para amagar con algún zarpazo perdido. Y sin embargo, a este bello ser que en otras tierras era llevado a la luz de dioses, donde los hombres le construían templos y lo veneraban como deidad, hoy aquí en este lejano mundo, habrían de enviarlo al más allá, o perdonar su alma para servir como objeto en una próxima batalla para saciar la hambruna de las moscas que pedían muerte, muerte y más muerte.

miércoles, 13 de junio de 2012

lunes, 11 de junio de 2012

Quizás era un viaje, por este mundo u otro, de voces que me endulzaban los oídos y llegaban hasta mí de las formas mas lisérgicas, saltado de sonido en acento y de punto a mayúscula para formar una palabra sin sentido, imposible de pronunciar por labios secos y empastados de noche profunda.

El tiempo, no es tiempo, no lo era y no lo será. Habría de haber llegado a destino, o solo pude haber frenado a descansar los ojos, en todo caso él me esperaba allí y su nombre era cercano pero no había forma de unir letras que le diesen significado alguno. ¿Qué hago aquí? Me dije en la inocencia de una pregunta que no necesitaba respuesta, sino la misma búsqueda del ajenjo de la perversidad.

Suficiente. Él aún me observaba, aunque no tenía cuenca ni ojos para hacerlo. Dificilmente podría distuinguirse un rasgo característico, más que sentimiento o su humilde presencia, tan suave y armoniosa que me abrazaba como un huracán de vientos que a débil velocidad me eleva por los aires con alas invisibles. Sus brazos eran más de dos, como hilos desenvolviéndose de carreteles cruzados por una varilla que se enredaban en nudos de laberintos nuevos sin salida excepto para piernas en forma de tela de seda que flotaba entre nubes blancas de aroma espeso. Esa en especial, parece hablarme.

viernes, 8 de junio de 2012

Uno puede recostarse en el suelo y clavar la mirada en el cielo. En algún momento parece querer decirnos algo, pero yo prefiero entender mi propio cuento. Veo las estrellas que deseo, las constelaciones que amo y ellas me cuidan de la forma en que les entrego mi corazón de la forma mas sincera.

La bóveda celestial es mi refugio eterno.

martes, 29 de mayo de 2012

Ni Jamás Lo Harán

Esta historia es traicionera para la memoria y el recuerdo, no solo por sus laberintos de fechas y hechos sino también porque no tiene un hilo conductor que diferencie lo sucedido de lo que sucedió, mucho menos aún con momentos que (quizás) jamás tuvieron lugar o que lamentablemente pasaron demasiado rápido para ser comprendidos.

Convengamos entonces que la noche de mil novecientos treinta y cuatro, un septiembre mes décimo en un calendario de catorce lunas y más noches que días, fecha tercera posterior al aniversario octavo del nacimiento de Cárpato, no fue bajo ningún contexto una noche común y corriente. 

Todos sabían que algo se gestaba en las nubes, que su negrura era vozarrón de nuevas malas y que tarde o temprano escupirían una voz al viento. Sería un trueno o un relámpago, tal vez un día veinteavo o decimoquinto si fuese al atardecer, aunque todos podían sentir esa sensación de incomodidad en sus entrañas, de que (sin aviso alguno) en la inocente espera, algo ya había despertado y ellos todavía no habían advertido.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Pruríto Púncino

Hay una cuota de peligro visceral en todo, mas aún si me recuesto sobre las tripas que envuelven mis huesos amarillos. El piso crepita y es duro. Gede a humedad y a vejez, a descuido de hombre antiguo. No son mas que sensaciones, de una mente cruel que necesita alimentarse de oscuridad para volver a la transparencia que no asuste a las masas, que guste en sociedad.

Es esta citroléa de maldición, no siempre he sido así. Alguna vez he llegado amar, hoy jamás. Con que manos podría yo acariciar una mejilla, mis uñas saltan en todas las direcciones, las que quedan todavía sujetas a la carne viva de mis manos sin piel poco atractivas se ven mas que para mi boca hambrienta de nervura. El resto, entre mis dientes como restos de jugoso banquete.

No he nacido bajo esta mala estrella. He sabido nadar en riqueza, de la emocional que los niños derrochan, de lágrimas y suplicas, que la risa nunca llegue a su fin. Eso era yo, allí en un pasado lejano, cuando apenas aprendía lo que escondía la vida, eso que sabemos funciona en la muerte, en el daño y el sufrimiento.

Hoy, mis manos tiemblan en su pruríto púncino de una jagea de estoril.

lunes, 21 de mayo de 2012

lunes, 14 de mayo de 2012

Una Y Cada Una

Por encima del hombro cargaba una gran bolsa de arpillera. Se la notaba pesada por el esfuerzo que hacía para transportarla. Arrastraba los pies sobre los adoquines. Su cuerpo se doblaba para la derecha y de tanto en tanto se frenaba para tomar un poco de envión, levantar la carga y seguir por su camino lentamente. 

Allí iba él, quien sabe llevando qué, pero nadie preguntaba y a nadie le interesaba. Sus épocas de gloria habían quedado en el olvido, en la memoria de unos pocos que a esta altura del tiempo se encontraban distraídos con otros asuntos mundanos de poca magia y fantasía. No los juzgo, él tampoco lo hacía. Era un mundo extraño y ensombrecido, pero no hay que echarle la culpa a nadie. Quién transportaba el bolsón y yo coincidimos en este punto. Nosotros entendemos, ellos no.

Las gotas de sudor le nacían en la frente, recorrían la fina nariz y morían al caer de su mentón. Unas luchaban contra los cabellos que se hacían nudos con la humedad, otras eran absorbidas de vuelta por una barba dura y gris. Seguía llevando la bolsa, ahora en el hombro izquierdo, con dificultad notoria y cansancio, mucho cansancio.

Era menester que salga de esa ciudad. Debía escapar, llegar a puerto seguro. Lo perseguían, lo buscaban, querían lo que llevaba con él. Era paranoia pura, sus ojos ya no tenían la luz de antaño, su sonrisa era ahora un lejano recuerdo transformado en unos dientes afilados haciendo fuerza mandíbula contra mandíbula. Realmente nadie sabe si lo seguía, si conocían su rastro o si alguna vez siquiera alguien preguntó por él o su tesoro. ¿Pero a quien le importa? Su misión era extrema y riesgosa. En su concepción de peligro todos parecían conocer a la perfección que el era un hombre que escapaba con un gran poder.

Llegó hasta el fin de un sendero de piedra que moría en la plaza central. Las carpas infestaban el lugar de gritos y mercaderes, vendedores ambulantes con canastas de comidas exóticas, compradores, peregrinos que llegaban llenos de esperanza. Deben estar todos detrás de mí, pensó. Se inquietó, dio dos pasos al costado y chocó contra un niño que corría llevando un conejo ya sin vida. Trastabilló hacia una tienda de lino dejando caer su peso muerto. Impactó de lleno contra un tablón donde un carnicero faenaba carne. Las herramientas volaron por el aire y la madera se partió en dos con un gran estruendo. Un cuenco de proporciones exageradas lleno de agua roja (por la sangre de los encereres que allí se habían limpiado anteriormente) se dio vuelta inundando la escena. Gritos, gritos y mas gritos. Un alarido. Todo se convirtió en una nube de polvo y desesperación.

Allí de espaldas nadie le fue a dar la mano, mucho menos brindar ayuda. Escuchaba las voces al aire pero todo era caos. Un viento de poco destino limpió el aire de inmundicia. Y entonces un gran silencio sepulcral.

Una tienda destruida, un hombre entregado y una bolsa de arpillera rasgada en un costado. En el suelo y como si el cielo hubiese dejado caer las estrellas, un sin fin de letras sueltas yacían ahora perdidas y sin dueño, sin historias que contar o moralejas que enseñar.

Allí había una O de hilos sueltos, unas zetas y una eñe desanudada. Muchas vocales. Sobraban las As entre mayúsculas y minúsculas de dudosa procedencia y antiguedad. Unas se habían roto y se confundían con otras señoras del abecedario desarmado que se repetía como el contenido de una bolsa de arena tajeada. Una niña levantó una U y se fue corriendo velozmente como quien roba un caramelo. Una señora se llevó la falda cargada de letras y el dueño de la tienda reprendía al pobre hombre que miraba la situación desconsolado.

Mis letras, decía, mis letras por favor no se lleven mis letras.

Pero era demasiado tarde. La gente se acercó más y mas, cada vez más. En un abrir y cerrar de ojos el mercado central pareció oscurecercer los corazones llenándolos con desmedida ambición. Hombres y mujeres y niños por igual, no humanos, sino hienas, buitres y moscas hambrientas al rededor de una presa indefensa que perdió su secreto.

No había nada más que hacer.

Le robaron todas las letras. Toda una vida de trabajo.

viernes, 11 de mayo de 2012

Reflejos

Aquel era un espejo que tenía el don de invertir el reflejo y contar una historia, que podía ser real o no, pero que a fin de cuentas imponía un posible sobre una imagen que debería ser fiel a nosotros mismos. Esto último no sucedía y, al mirarse fijamente, se encontraba con un otro yo sonriendo o concentrado en alguna tarea extraña, como puede ser cepillarse el cabello o mirarse las líneas de la nariz. No conozco de otros espejos similares, por lo que se, es único. De todas formas cabe agregar que hace años ya que no tengo noticias de él ni de cual fue de su destino.

Recuerdo si la última vez que me observé. Estaba de pie mirándome fijo, ojo a ojo y la respiración salía suave de mi boca empañando la imagen. Me acuerdo bien, estaba riendo como ahora. También me viene a la mente como con mi reflejo nos sumergimos en un sueño. Entonces si, frente a frente, cruzamos miradas y con la mano borré mi aliento de la superficie. Mi otro yo se asustó, le volví a sonreír, y me fui de allí a seguir guardando cosas en cajas.

Al otro día comenzó la mudanza y por esas cosas extrañas de la vida nunca más volví a encontrar aquel espejo de marcos de plata. Así comenzo una nueva historia, la del reflejo de aquella persona que solía ser.

jueves, 3 de mayo de 2012

La palabra que había escrito en el cuaderno se deshizo en una línea de humo sobre la hoja amarillenta. Quedó suspendida en el aire unos instantes. Antes de desaparecer, giró velozmente alrededor de mi mano y de alguna forma logró introducirse por mi muñeca. Las venas se me ennegrecieron y las finas lineas comenzaron a marcarse como caminos trepadores hasta mi codo.

Desde entonces no escribo por temor.

miércoles, 25 de abril de 2012

Dividimos Por Cero

En números que no lo son, una vida entera puede durar un puñado de recuerdos. La alegría en cambio, no más de uno. Pero este no es el caso y, sumando tristezas, tan solo tuve que mirar hacia atrás para arrepentirme. Necesité dos segundos, quizás tres.

Me había costado ciento cuarenta minutos tocar el cielo. Algo así como dos eternidades en un mundo que no es el nuestro. Sin embargo, a mi propia impresión, todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos. La vi de pie a mi merced, entendí el error y, antes de que pudiese hablar, ella se había marchado. Quedé completamente solo (aunque para ser fiel a esta historia hay que admitir que ni la soledad me acompañaba entonces).

Dividimos por cero.

viernes, 20 de abril de 2012

Si el fin de semana se aburren, lean mis cuentos maravillosos.

Hasta el maldito lunes.

jueves, 19 de abril de 2012

Criatura

A ti que no comprendes el bien o el mal, que llevas un rostro deformado por la locura y el horror, he de darte un regalo divino. Puesto que llevas cicatrices que jeden a la distancia, ahora como nidos de moscas que encontraron allí la dulzura del terror salado, de lágrimas rojas que caen de tus varios ojos, de todas las cuencas de un pútrido ser.

Y pese a la monstruosidad, dentro de lo que fuese eso que es cuerpo, claramente reside un alma. No está en mi juzgar por tu bondad o contrario, ahora bien no se que eres. Pero al tener esencia entonces compartes algo conmigo, por tan alejado que sea, somos parte de lo mismo. Ya sea que los espejos no nos reconozcan como iguales, incluso ellos pueden equivocarse en su reflejo.

A ti criatura asquerosa, te obsequio tres amigos fieles que nunca te temerán, sin importar lo que piense el mundo.

miércoles, 18 de abril de 2012

lunes, 16 de abril de 2012

Siete Otoños Más

Al Oeste, una luna asomaba la mitad de su mejilla. Con vergüenza y timidez se levantaba por sobre las montañas del olvido. Al Norte, un vasto mar calmo se perdía detrás de un manto de estrellas, como si alguien hubiese estornudado polvo de plata sobre un telón negro. Al Este, el nacimiento de un río y cuarenta carabelas ancladas en el puerto con sus velas altas celebrando la victoria. Al Sur, la promesa de esperanza.

Trágico había sido aquel día para la Ciudad de Jub. Los cadáveres todavía conservaban el calor de la vida y su sangre seca maldecía los prados alguna vez verdes. Mientras soldados ataviados de acero crudo limpiaban la inmundicia de la tierra, despojaban a los enemigos de sus posesiones y cruelmente seleccionaban a los esclavos entre los escasos sobrevivientes, un General miraba el horizonte desentendido de la matanza que allí se había dado lugar.

En su corazón cantaba fábulas de conquista.

Por su espalda se acercó un joven consejero y preguntó de forma inocente que observaba con tanta atención. El hombre, que tenía la mano derecha apoyada en la empuñadura de su espada envainada, tardó unos instantes en contestar. Finalmente, rompió el silencio.

Dícen que la historia del mundo se escribe día a día, pero a mi me han enseñado lo contrario. Hace ya veinte inviernos de los largos mientras lideraba una tropa en los bosques más allá del horizonte encontré un hombre herido en la pierna. Había sufrido el ataque de un lobo. Lo ayudamos, lo atendimos y a los pocos días ya caminaba por sus propios medios. Fue entonces que me enseño su verdadera esencia y me entregó un secreto sagrado.

Sabes Gyund que soy cruel ante mis enemigos. Pero con justa causa. Dicen, que la historia del mundo se escribe día a día, pero yo estoy destinado desde mi concepción del mal. Ese hombre que había salvado de una muerte segura se encontraba en este lugar en el día de ayer. Y fueron mis manos quienes le arrebataron la vida. Me preguntaras porque, pero yo te preguntaría porque no. La respuesta querido Guynd no la tengo yo, sino que está en la música. La noche llora una serenata en mi nombre, en una clave de sol invertida, dándome siete otoños más de existencia.

Llévale ahora la orden a mis hombres de que acerquen hasta mí el Cronógrafo. Acompáñalos velando por su integridad, de que no se caiga ni se golpee en el camino.  No deseo perder tiempo en afinarlo. Una vez que retornes con él, te enseñaré lo que aquel hombre me enseño a mí hace ya mucho tiempo atrás.

Es hora de que escuches la balada del Héroe.

viernes, 13 de abril de 2012

Conciliábulo

Los cuentos sobre conspiradores son traicioneros hasta para el propio lector. Es imposible distinguir si están jugando con uno, si están confabulando o simplemente es artimaña de baja calaña. Por tal motivo he puesto en movimiento mis dones de poder para juntar en un antiguo almacén a ciento catorce actores y cuarentaysiete actrices. Cada cual con órdenes específicas sobre que decir y como responder ante las palabras de los otros cientos, misiones y objetivos a la carta y un antiguo caserón convertido en planchas de teatro libre. He de llegar, con cuaderno y pluma en mano, ha descubrir la verdad sobre los conspiradores, sobre sus aventuras y redes tramposas. Perfecciono mis ojos, agudizo mis oídos y créanme, que no le creo a nadie, ni ustedes deberían creerme a mi, ni a ellos a nosotros, ni ustedes  a ustedes mismos.

Porque les cuento un secreto, en este exacto momento si mis crónicas están en lo cierto, alguien esta conspirando contra usted.

miércoles, 11 de abril de 2012

De La Profundidad Que Albergan Los Cielos

El hijo desaparecido había vuelto, sin más no era el mismo que ojos antiguos habían conocido. Sus formas eran oscuras y sus deseos, a diferencia del ayer, ahora se ocultaban tras una coraza de sombras. Ya no había sonrisa en su rostro, ni siquiera una pizca de alegría o júbilo alguno. Quien era este ser, que siglos atrás supo ser maravilloso, nadie podía explicarlo. Su nombre ya no lo representaba. Tras una bruma de misterio y mirada azul escarcha, decía llamarse a sí mismo como un monstruo formado de letras de otro alfabeto, traducido solo en una sensación de venganza que lograba serpentear bajo la piel de todo aquel que osara sostenerle la mirada.

Oh tú (antiguo perdido), que bajas de una profundidad que albergan los cielos, ¿es acaso este el infierno del cual habla el paraíso? Contagias temor, las flores se cierran a tu andar y los perros salvajes aullan en tu honor, ¿debemos acaso esperar que las cosechas mueran bajo tu susurro? Ten piedad de estos humildes hombres que nada te han hecho, solo sufrir tu ausencia.

Allí contemplando la vida, se encontraba el impronunciable. Imposible describir, como esas cuencas vacías gritaban, tan solo conservadas por un brillo tenue de un olvidado resplandecer. Sin embargo, tanto decían, que era mejor permanecer con la boca cerrada. Era muerte y vida a la vez, una vida que supo encenderse tras arrebatar una inocencia que le habían quitado, o que, muy probablemente, había perdido quien sabe por que causa macabra.

¿Has venido entonces a pedir el tan postergado perdón, héroe?

No se inmutó. Ni los vientos tuvieron la valentía de interrumpirlo.

martes, 10 de abril de 2012

Clávico comprendía el concepto y lo abrazaba como tal, en su forma pura de corchea semifusa.

miércoles, 4 de abril de 2012

miércoles, 28 de marzo de 2012

Dos relatos que se embarcan en viajes similares, a la vez diferentes. Una historia refiere a un hombre que se enamora de una mujer. La otra de un hombre que se enamora de la mujer de sus sueños.

Resulta que para la curiosidad de los dioses, ambas velas bajan ancla en un mismo puerto la misma noche. Es la taberna oscura la que les da la bienvenida, les ofrece bebida y los invita a jugar al compás del aire de mar y comidas exóticas. 

Continuará...

martes, 27 de marzo de 2012

No hay personajes reales en las historias de ficción. Pueden existir rasgos que creemos biográficos en ellos, pero no así reales. Es la percepción del lector lo que le otorga la llama de vida necesaria para que un protagonista tenga carisma, o no la tenga. Es por eso que un héroe puede ser visto como un villano, o un malvado ser considerado lo opuesto, dependiendo de la perversión o bondad de quién está detrás del texto concentrado.

lunes, 26 de marzo de 2012

Las Orillas Del Zheng Hé

Pasajes perdidos de esta leyenda han sido reescritos por una serie de autores anónimos a través de una historia que data de incontables años y extensos períodos de búsquedas por los párrafos extraviados. Ha sido una ardua tarea la de completar este maravilloso puzzle o rempecabezas, que me ha traído una miseria, que me ha apartado del camino para concentrarme tan solo en un único pensamiento.

Consta el décimo segundo capítulo, completo y original, sobre trece campesinos oriundos de un pueblo a orillas del río Zheng Hé al noreste de Asia siempre, cuando y donde uno ponga sus pies en el mapa. Allí, siete eran parientes entre si fruto del incesto. Seis restantes eran simplemente seis, gran número entre números, repetidos incansables veces hasta su trinorma infernal.

Resumen tras resumen y a resumidas cuentas, las agrietadas hojas escritas a mano en tinta de carbón sobre papiros de piel de cabra (piel no papiros, pero se disculpa la expresión) detallan el modesto cambio de comportamiento de cuatro de estos hermanos o primos de entre los siete para hacerse súbitamente de la vida de dos de los seis, la octava noche de un cuarto mes. Armados únicamente por dagas templadas en la árida y fría tundra de un paisaje alguna vez dominado por Kahn, treparon techos de paja abriéndose paso al interior de una morada privada donde la mitad había festejado aquella noche. 

Ebrios ellos, ya desmayados habían encontrado descanso donde fuese que el alcohol les haya dado el golpe seco. Unos sobre un colchón de paja, otros sobre el suelo de tierra, uno abrazando un bote de madera. Sus ronquidos delataban, entre movimientos y murmullos de borrachos, un festejo que había tenido lugar en aquel lugar del mundo. 

Para cuatro que eclipsados bajo una luna traicionera luna juraban venganza, no había motivo de alegría. Habrían de dar muerte a los suyos, tres entre cuatro (uno más sino tres menos uno), quienes habían dado tres hermanas en forma de pago a cambio de una elevada posición o casa con nombre propio. No era tan solo el poco honor de haberlos dejado fuera del negocio, sino que lucraron con sangre que no les correspondía ensuciar. Afilando armas en las sombras, decidieron que esa sangre debía ser reclamada.

El tono y modo usado en la narración meramente explicativa sobre el instante en que las hojas se deslizaban suavemente sobre gargantas, vientres, miembros y tripas, es tan horrorosa y detallada que se requiere de un estómago duro y curtido para soportar semejante matanza. Innecesario decir que en este breve discurso tal volumen ha sido eliminado.

Capitulo décimo segundo, original, de las orillas del Zheng Hé

jueves, 22 de marzo de 2012

Legado De Una Metáfora

Matadores y verdugos figuran en enciclopedias que lamentablemente han visto su final en bibliotecas atacadas por enemigos, quemadas hasta sus cimientos. Papeles, tinta, telares y grabados, en todos los confines de esta esfera han sido borrados in eternum. La herida que nos produce haberlo perdido todo para siempre es profunda y se infecta velozmente.

De una destrucción que data de épocas sin números he rescatado unos párrafos olvidados.

Así refieren:

Para los mortales la vida se reduce al nacimiento y a la muerte. Para los historiadores la vida se reduce a los nacimientos y las muertes de otras personas que no son ellos mismos. Para los traidores la vida se reduce al día en que vendieron sus valores e ideales, para los valientes al día en que enfrentaron sus miedos y los vencieron.

El mundo como tal, como esfera y plano superior en el cual hacemos nuestro camino, ya sea como individuos o como pueblos, tiene un proceso no lineal muy diferente a nuestros cantares. En este caso (generalizando porque estamos hablando de un ente que todo lo abarca en un universo reducido, pero universo al fin), no hay nacimiento ni muerte semejante. El devenir crónico de sus vidas esta estrictamente sujeto a vicios extraordinariamente mayores y que no por eso le resta importancia a la gloria del mecanismo cíclico.

Convengamos entonces que, así como los historiadores juntan, estudian y recolectan sobre acontecimientos pasados, lo mismo sucede (no sabría afirmar desde cuando porque el tiempo es atemporal en este presente) en el hilo conductor de una tierra que habla por si misma contando un relato infinito sin secretos. Lástima que la humanidad es sorda, ciega y muda.

Esa es la humanidad que nos hace lo que somos. La ambición, el poder de crear y destruir de igual forma, una magia que comprendemos y no aceptamos como tal  aunque le modifiquemos el nombre y la denominemos -razón- como conciencia lógica, no nos permite ver, ni oír, ni contar lo que sucede bajo nuestra nariz.

En la idea de individuo singular el concepto muere antes de nacer. En la idea colectiva social de historia a través de los tiempos tenemos límites, como el del arte de la escritura, su principio aquel de los primeros caracteres con significado, como dibujos hechos en tinta y pigmento triturado de piedras o carbón, labrada la piedra y erguido el menir. Pero antes, el traspaso de boca en boca de hechos y nociones. Pero cuidado ya que corren un serio riesgo de modificarse a través de las edades y que por ende no guardan veracidad suficiente. Ambos rumbos mueren cuando intentamos encontrar donde comenzaron, cual laberinto.

Hay que ser inmortal para no caer en la humillación. Poder estar en todos los lugares en un mismo instante. Abrir la mente para comprenderlo todo en un microsegundo. Unirlo con el pasado sin principio y suponer con delicadeza como será el futuro próximo. Pero tan solo si uno puede vencer al tiempo, abrazar la omnipresencia y jugar a ser un dios, porque para aquellos que recorren los senderos del hombre común ese será nuestro nombre y apodo, basado en una ignorancia que predomina bajo el éter de la desunión.

Pero seamos sinceros con nosotros mismos. No podemos permitirnos el lujo de hablar siquiera sin discusión de cárceles invisibles, o en su contra opuesto, de divinidades que no supimos conseguir. El hombre en singular, una vez mas, funciona a modo de hilo conductor. Una hebra de conocimiento y experiencia que se enreda con otra, para que ambas se anuden a una tercera y una cuarta. Así decora un lapso determinado la unión de las personas, asesinando la ironía del reloj ya nombrada en otros fascículos y tomos perdidos. Eso que antes moría, ahora sobrevive gracias al legado de una metáfora de cadenas inquebrantables que significa el padre, el hijo, el nieto y la herencia de los unos hacía los otros.


Estas son las palabras de Moulant de Meridi, retratadas en lo que fue su descargo final en el juicio no exonerable por prácticas oscuras, hechicería y non santa brujería entre una gran serie de acusaciones, la mayoría jamás comprobadas.

Es menester que sus palabras no mueran en el olvido.

miércoles, 21 de marzo de 2012

El Sobre Gris

Me encontré con él bajo la fría mirada de la parroquia de Freiburgo cerca de la frontera con Francia una tarde cerrada de febrero. Allí habíamos quedado por carta, allí era la cita, allí llegamos los dos de forma puntual cada cual mirando su respectivo reloj. Nos saludamos a la distancia antes de acercarnos y estrecharnos la mano con tono cordial.

Nos conocíamos, no nos queríamos. Yo deseaba a Ulrike, él jamás me permitiría tenerla, bajo ningún punto de vista. No era una competencia, pese a que mi sentimiento le disgustaba, para Ulrike yo apenas era un nombre más en una lista interminable. No tenía con qué ganarme su mirada, y él, muy bien lo sabía.

Se abrió el Loben largo que le llegaba a los pies. De un bolsillo interno sacó un sobre gris y me lo extendió. Lo tomé, lo guardé dentro de mi abrigo. Me ajuste el sombrero y le extendí el brazo para saludarlo pero dio media vuelta y desapareció detrás del Münster perdiéndose en los pasillos del Hoff.

Allí quedé inmóvil un rato. Hacía frío, mucho frío y ya se me congelaban las rodillas. Todavía debía viajar hacia Genevè (Ginebra) por los Alpes y con bajas temperaturas tales trechos pueden volverse deprimentes. Miré el sobre, gris ceniza, volví a esconderlo. Por sobre mi hombro creí que alguien me prestaba atención pero debe haber sido mi paranoia. Hacía días que la paranoia me perseguía. Pero no solo por ser paranoico significa que nadie está observando. Todos lo hacían. Era el único allí con mi propia quietud poco ortodoxa bajo la catedral de piedra, en la plazoleta del Heimburger, un mercado casi abandonado.

(pequeño extracto, es demasiado largo para subir el completo acá).

martes, 20 de marzo de 2012

Además de ser un espacio para subir mis cuentos también aprovecho para descargar un poco, al menos un poco, algunas cosas que suceden en esta mente retorcida. Pese a su imaginación perversa yo no tengo cuatro brazos ni tentáculos malignos, soy por mas que me pese, un simple humano apenas al costado del mundo que lucha contra el miedo a la muerte en una batalla que jamas ganará.

Y aquí, en ese último concepto, nació la idea de un nuevo relato de esos que me caracterizan. Es mas, anoche después de que la lluvia dejó de hacerme la vida imposible, salí a mi húmedo balcón. Escuchando los sonidos sordos de la ciudad perfeccioné la próxima linea de un futuro cuento, claro, sobre el miedo a la muerte. De todas formas esto lo cuento solo para que sean pacientes con mi erráticos procesos e inspiración que ultimamente están comportándose de manera extraña.

Les decía que este espacio es además un lugar para descargar. Fui a ver a Roger Waters, si ese que se sentaba en una butaca, prendía un porro con uñas pintadas medio encorvado, y disimulaba tanta fama y tanta gloria. Creo yo, que pese a ser un buen show, está infladísimo. Soy uno de esos pre treinta (o sea que no llego a los treinta todavía) que comenzó su vida musical desde la cuna. No hay banda que no haya visto. Y Rogelio es un ladrón. Aquellos que hablan maravillas... no saben nada. Dejen de inflarlo. Buen show y punto. Si quieren algo espectacular vayan a ver a Kiss.

A veces me cuesta entender que soy humano. Reniego de estas cosas y me llena de odio hacía el mundo. No dejo de ser de piscis por lo cual la maldad solo esta en mi pensamiento jamas en mis actos, pero como todo soñador no me siento parte de todo lo que me rodea. Siempre hay algo más allá que se puede conseguir con un poco de sentimiento de aventura. 

Soy carnívoro al extremo, no como ninguna verdura, amante del mazapan de calidad, no del berreta. Sufro graves problemas de insomnio y tengo una tarántula de mascota. Soy un gran dador de propinas y tengo el Si fácil para prácticamente todo, porque siempre creo que algo bueno puede venir de una experiencia. Soy muy tímido, más de lo que me gustaría, si estoy en mi faceta de hombre bueno civil común y corriente. Cuando mi otro yo el malvado se apodera de mi, cuando el maquillaje domina mi piel entonces soy todo lo contrario, diría incluso, que hasta mas real. Tengo un millón de amigos pero me entristece que mi mejor amigo se sienta traicionado porque aún hablo con su peor enemigo, el cual también es mi amigo así como toda su familia. Que problemas de un hombre afortunado, debería estar orgulloso. Nací con dos dones, el de la cocina y el de saber mentir. Se dar hermosos masajes y hago esfuerzos poco masculinos para que mi piel no se reseque, detesto que así suceda. Uso patillas y un triangulito de barba cual Diablo, no me afeito todos los días pero peudo ducharme hasta 3 veces en un período de 24 hs. Amante de los perfumes, fumador, bebedor, maldito y cruel con lo que ello abarca y no digo en este medio, silencioso y poco transparente a veces por ser hermético mas de lo que debería. Muy familiero, cuasi clan mafia y futuro magnate de la industria química. En este último punto alguna vez alguien me dijo que era un Tyler Durden y me robó una sonrisa.

Sin embargo quiero mas de lo que tengo y no me conformo, no me conformo. Quiero tanto que una vida me parece insuficiente y le tengo pánico a que algún día todo esto se va a terminar.

Es probable que destruya este post rápidamente, como dije, soy algo tímido.

lunes, 19 de marzo de 2012

La saludé desde el auto porque casi me la pongo contra la esquina. Error, debería haber frenado y ver si daba para algo. Que pibe tímidon.

jueves, 15 de marzo de 2012

miércoles, 14 de marzo de 2012

Anden Catorce

En el andén catorce de la vía abandonada de Minas Altas nadie esperaba ese tren que jamás iba a pasar. El puesto de venta tenía la ventana rota a piedrazos, los fierros torcidos y el maderón agrietado por la humedad y el paso del tiempo. Los faroles al costado de los rieles se curvaban buscando el suelo como ancianos que luchaban evitando la antigüedad. Los postes de telégrafo, ya no quedaban si quiera, tres únicos caídos al costado de un gran árbol frondoso, típico del lugar.

Era una noche de lluvia torrencial en aquel lugar abandonado.  La tormenta azotaba fuerte, el viento soplaba con furia y el cielo soltaba su enojo contra una estación de trenes que el mundo había olvidado. Debe ser que a pesar de haber sido enterrado en el olvido, que exista en mi memoria debe de tener algún significado. Esos son los lugares que traen paz, que nadie se atreve a caminar, mucho menos bajo el azote de un diluvio semejante.

Por allí caminaba yo cubierto por un gran piloto negro, sombrero de media ala y manos profundas en los bolsillos interminables. Anden trece y anden catorce, a la izquierda del décimo quinto, sin nadie que perturbara mi descanso. A la altura de un antiguo despacho de correo, un único farol en lo alto aún conservaba su perpetua luz. ¿Que obra de magia le habría permitido mantenerse con vida? Allí cortando la oscuridad del cielo sobre una banca empotrada a la pared, con esos grandes tablones de madera. Desee sentarme, así lo hice.

Estiré las piernas aún con las manos metidas en el abrigo y el rostro escondido en la sombra del sombrero. Mirar hacía arriba era lo mismo que mirar hacía abajo, un abismo negro que todo lo devoraba. Sin embargo allí, bajo el farol, levantar la mirada significaba empaparse de un millar de gotas rebeldes que bajaban a una velocidad hiriente con destino lastimero. Parecía un viaje en el tiempo, donde la nada misma era cortada por lucesitas brillantes que no eran nada mas que agua y que, siendo tan poco, eran a la vez algo tan gigante. 

Tan hermosas eran, que decidí detener el mundo.

La lluvía se congeló en un abrir y cerrar de ojos. El viento cesó de repente y todos esos rayitos de agua quedaron fríamente suspendidos en el aire. Me quité el sombrero, lo apoyé a mi costado. Miré mi reloj, quieto a las once menos cuarto.

Quince minutos que jamás llegarán, un tren que nunca pasará, una memoria y un momento que quien sabe que significado tendrá. Y digamos que, pese a pasear un rato por una estación perdida de Minas Altas, lo extraño es que mas allá de lo imposible, a lo lejos parecía venir un tren.

martes, 13 de marzo de 2012

Parece que vuelvo a tomarme el buque a New York, esa es mi ciudad vampira.

lunes, 12 de marzo de 2012

Un hombre coherente jamás buscaría dañar por dañar, excepto que en su retorcida razón de pensar tenga sentido el hecho de inflingir sufrimiento por placer y nada mas que por placer. En tal caso, podría decirse que es una química la que hace la perversa magia en la piel y que el problema esta en la oscuridad de la mente. Problema que alguien con los pies en la tierra no habría de tener, y aún así, sigue con esa necesidad de conseguir de los demás lo que no puede encontrar en su soledad.

En estos días extraños que me tocan vivir, dónde mi cabeza y mi corazón parecen estar tan podridos como brillantes y repletos de luz, me viene a la memoria una breve historia que remite a un hombre maldito por un juramento de venganza. Créanme queridos que si fuese por mí ya hubiese trasladado el relato a papel como suelo hacer con estos dedos cargados pero si vuelven unos pasos atrás en el tiempo sabrán que algún hechizo malvado obra en el planeta y me roba la inspiración.

No voy a pronunciar su nombre en estos lados y lo llamaré como a una persona triste que atormentado por el deseo de un no encontrado cayó bajo el peso de la noche y sus astros. Obligado a vivir en ocasos y amaneceres, escudado en sus propia locura, puesto que esas noches de luna la carga de su mirada era tan pero tan dolorosa que se veía obligado a esconderse de ella. Ni lupino ni séptimo hijo, una bestia si, pero de dolor y tristeza.

Así siguió al día de hoy, vagando el mundo dándole la otra mejilla a la gran enamorada. Ni yo se que pudo haber hecho para que lo castiguen a semejante aventura. Nadie coherente haría algo así, ni por el simple hecho de dañar por dañar, ni por placer ni semejante. Hay algo más ahí, profundo en un agujero que yo no se si me atrevo a descubrir, no se si me atrevo a descubrir.

Vale la pena el cuento, pero en alguna ocasión donde me nazca.

domingo, 11 de marzo de 2012

A veces me da miedo que tan oscuro puedo ser.
De la nada misma una oscuridad comenzó a emerger devorando deseos, ilusiones y esperanza.

viernes, 9 de marzo de 2012

martes, 6 de marzo de 2012

lunes, 5 de marzo de 2012

miércoles, 29 de febrero de 2012

En La Carencia De Luz

Su nombre había sido desterrado de este mundo por siempre. Desde entonces vivió atormentado, atraído solo por los onomatopeyas de los desconocidos, chasquidos de dedos o silbidos burlones que hacían referencia a su ser pero que no tenían ninguna intención en darle significado siquiera a un apodo propio. Arrastrado y cabizbajo, no se sentía mas que un perro vagabundo o una rata de alcantarilla.

Miraba con desprecio desde la sombra de un callejón, escondido a los ojos de jueces y verdugos por igual, a todos ellos, pequeños y niños, damas y señoras, los aborrecía con el pensamiento y el alma. Un oscuro designio, un deseo de venganza, atrocidades espeluznantes de torturas incomprendidas por una civilización que le dio la espalda, que lo dejó sin nombre, sin un mísero y barato nombre.

Pero en tanta maldad, tanta envidia y tanto rencor, más tarde que temprano algo nació en su profundo abismo interior. Y en la carencia de luz brotó la llama, aunque en este caso sea una llama del mal y no de la bondad o la paz. Este fuego maldito danzaba con intenciones de devorarse a todos por igual, disfrutando los pecados y los pecadores, del sufrimiento ajeno y la desdicha de todos. Ya nadie jamás le negará un plato de comida, ya nadie le esquivará la mirada. Ya nadie lo recordaría como el sin nombre. Pero antes, debía buscar una víctima.

A pasos agigantados ese resplandor negro emergió de un cuerpo marchito y pútrido. Lo entumeció y sus cuencas cavernosas y se volvieron violáceas encerrando redondos ojos blancuzcos, que respiraban traición y trampa. Como un motor que comienza su ronroneo letal, la sangre volvió a correr libre y calurosa por sus venas cerradas. Abrió las fauces y tragó una bocanada de aire, de humo industrial en una ciudad que lo había confinado al olvido eterno.

Se arrastró una noche fuera del callejón. Como una víbora que sale del cascarón, dejando un hilo de inmundicia detrás, un rastro de muerte que avisa del veneno, que mata flores y obliga a los pasantes a cubrirse el rostro por el hedor. Hierve en su interior, devorando tripas y entrañas, cauterizando las heridas lejanas para volver a abrirlas en purulentas llagas de pus y odio, en una llama de terror.

Del otro lado de una adoquinada callezuela, al costado de un basural, un banco de madera y un pequeño niño de mejillas rosadas. Sus medias caían por debajo de las rodillas, su cabello finamente peinado hacía un costado, una sonrisa y una inocencia que había sido vista por un hombre sin nombre, que ya había dejado de ser hombre, que ahora gateaba a tientas olfateando una presa impoluta de tristeza, que llenaba su paladar con aromas de ignorancia y niñez intocable.

A su lado, sin madres o padres que le prestaran la mínima atención, el pequeño supo que no se encontraba solo. Una gran sombra a su lado se elevó como un humo que todo lo abarca y envolviéndolo en una pregunta misteriosa supo cual era su nombre. Ahora me llamarán como a ti, Lumartré, con la diferencia que aquellos que deseen recordarte lo harán nombrando a tu asesino y captor, a tu depredador y dueño perpetuo en la gloria del mal que tanto me hicieron ya que todos ellos que te dejaron aquí son culpables por tu pérdida, por mi victoria.

Lo tomó de la mano, lo llevó al callejón, lo devoró hasta los huesos, con la crudeza de un tiburón famélico luchando por su propia vida.

Lumartré. Gordo en su ser, repitió su nombre robado. Lumartré, un demonio cuyo viaje recién había comenzado.

jueves, 23 de febrero de 2012

Hoy desperté con super poderes (I woke up pretty sexual).

miércoles, 22 de febrero de 2012

A La Vanidad

En mis inconclusas memorias figura de puño y letra los nombres de aquellos que mantuvieron contacto conmigo y me enseñaron más allá de lo fáctico. He dejado entonces constancia de quienes son, descripciones detalladas y nombres (en caso de recordarlos) para que otros puedan descubrirlos y de ellos aprender. A la edad de catorce fue mi primer encuentro y así decía entonces:

Ella no tenía nombre y supe que era la Sabiduría. Me dio de probar una gota de luxor y se me reveló una verdad que juré en su honor guardar para mi y nadie mas.

Como es posible observar, en estas letras no revelo nombres. Pueden ser encontrados en mis posesiones post mortem, llegado el día o la noche y aún sin terminar. La historia de mi viaje en estos años continúa y a los veinte años ya como un pequeño hombre recuerdo una situación extraña y oscura:

Hubiese perdido el juego al caer al abismo. Fue su mano la que me tomó justo a tiempo y me regaló unos años más en esta vida. Antes de partir, sin ganas de recibir mis gracias, se refirió a mi como Nu Tarkos Etum Klustim Akothel (no es tu momento aún, te reclamaré con campanas).

Tengo mis versiones sobre mi atracción a las deidades y los fundamentos principales. He conocido pecados también. Con muchos de ellos compartí penas, aunque siempre exento de castigo alguno. Antes de la treintena celaba una anécdota maravillosa:

No solo era una mujer, eran todas las mujeres hermosas de la tierra. No solo era un hombre, eran todos los hombres bellos del mundo. No era una reunión, era el sentimiento de placer por placer, de hacer por deshacer, de disfrutar con los manjares del cuerpo y la tentación absoluta. A todos sus encantos sucumbí, pese a tener esposa, por cada uno de ellos me dejé llevar.

Todo temblará el día que suenen las campanas. Mis leyendas estarán guardadas, no por eso a salvo. Por hoy, un último tema, mi encuentro con la vanidad a quien le dediqué las siguientes líneas:

Dime quien eres, me ordenó. Respondí entonces que en mis inconclusas memorias figura de puño y letra los nombres de aquellos que mantuvieron contacto conmigo y me enseñaron más allá de lo fáctico.

Me escucho hablar, y los dos sonreimos.
Hoy no estoy de ánimos para escribir.

Sigan al próximo blog de la lista, como siempre.

viernes, 17 de febrero de 2012

Tertulia De Jueves

Era la típica tertulia de los Jueves. Alrededor de una gran mesa redonda siete hombres con sus diferentes características se miraban fijamente, enfrentados, de costado, en diagonales. Uno llevaba su nombre como bandera y era conocido como Claustrio Poloktzi, el gran capital del Oeste, apodo bien ganado por sus incontables millones, por haber sido financista en la construcción del tren costero y consejero de uno de los tantos papas.

Este último dato no es menor y ponía seriamente incómodo a Jaqcues Buvauert, un descreedor de las religiones, un enemigo de todo dios, un rebelde de todos los sistemas. Un hombre sin reglas. Esto, a su vez, no era suficiente para convertirlo en un libertino y pese a estar ausente de ciertos dogmas comunes llevaba con él una elegancia y una educación que le rendía frutos a la hora de ser bienvenido en reuniones como la de los Jueves. 

Volviendo al tema, el Sr. Bauvert consideraba repulsivo que Polotzki haya oficiado de concilieri de un magistrado de la iglesia, del mensajero del señor. Detestaba verlo sentado allí a su lado, con su mirada superior y sus aires de elevado. Si tan solo supiese que su fe es de mentira, pensaba, pero no se animaba a decirlo. Agregando, todos allí sabían y conocían su postura al respecto pero por respeto al círculo nadie sacaba el tema a la luz.

Podría describir al resto de los cinco contertulios abandonados en este relato pero me parece insignificante. Pese a sus nobles virtudes y condenables vicios ellos no tienen mención en lo sucedido aquel día post miércoles de verano del sur. Solo atinaron a observar y cerrar la boca.

Polotzki y Bauvert se conocían bastante bien. No eran enemigos sin embargo tampoco amigos. Solo conocidos del rejunte cultural que los unía por obligación, una obligación que tomaban como una responsabilidad en favor de encontrar una verdad verdadera. Pero en este camino Claustrio y Jacques siempre se mostraban opuestos y cada cual sabía defender su postura con los ejércitos de miles de palabras elocuentes y bien pronunciadas. Para sumar al trabajo de discernir en temas no físicos, Polotzki discutía en idioma polaco como su apellido lo delata mientras que Bauvert subía la temperatura en alemán (vivió en Freiburgo unas dos décadas) pese a haber nacido en Francia.

Bastaba con oírlos elevar la voz, gesticular con movimientos de brazos dignos de un director de orquesta. Y todo por una verdad verdadera, que para uno no era verdad, para el otro tampoco verdadera; Si guardaba en secreto alguna realidad, solo la razón podría descubrirlo, decía Bauvert. Es la fe en la esperanza la que revela el camino puro, contrariaba Polotzki. Los demás prestaban atención.

Todos los Jueves todos, siete hombres se reunían en una tertulia dedicada a una verdad que todavía no habían descubierto. Una verdad que para cuatro era mentira, para dos verdadera, para uno era relativa. Una verdad que era a su vez todas las verdades, todas las mentiras y era tan relativa que, luego de suficientes Jueves como para contar unos muchos años, entendieron que no existe verdad mas absoluta que la siguiente. 

En esta vida todo se reduce al amor.

Así nació la reunión de los Viernes, destinada al desarrollo del manifesto correspondiente.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Doble O Nada

Debo hacerles llegar esta historia y daré lo mejor de mi para ser fiel a la realidad. Pese a que mis relatos pueden sonar extraños y poco naturales juro que éste en especial guarda una verdad perturbadora y a la vez clarificadora. 

Sucedió hace no mucho tiempo atrás, una noche de luna redonda en lo alto del cielo de Buenos Aires donde la humedad parece impregnarse en el cuerpo y en los brazos tirándonos hacía abajo. Revolotea y juega con los peinados de las muchachas. Se me había roto la ventilación y todo era sufrimiento, calor y más sufrimiento. La heladera se había apagado, el hielo se había derretido. El agua fue usada para regar las plantas. Antes de desaparecer, me dije, mejor aparecer. Entonces me escapé a un destino incierto.

Un oscuro bar de Coghlan allí cerca de las vías de Balbín, el único abierto a tales horas. Me encontré de casualidad con un extraño conocido no tan conocido, Don Barón, que apaleaba la pesadez nocturna con pequeños sorbos de ginebra. No necesité invitación alguna para unirme, simplemente acerqué mi silla a la usanza de los machos del barrio, sin mirarlo a los ojos y pidiendo dos de lo mismo, pago yo esta vez.

Me miro de refilón, sin mirarme en realidad, aunque mirándome, digamos. 

- Le juego a algo, bufoneó. Tal era la costumbre allí.

- No quiero dejarlo seco, retruqué. Dos más, por favor.

- Me gusta su sombra, le da un aspecto misterioso. Las sombras son nuestras guardaespaldas de la oscuridad. Sabe usted que en la luz ellas aparecen siempre siguiendo nuestros pasos. No hay forma de evitarlas. En la penumbra estamos seguros y ellas desaparecen. En fin, le propongo lo siguiente. A ojo de pájaro, ¿ve aquella dama sola en el ventanal? 

- Claro, respondí.

- Tremendo escote, agregó. Ella no tiene sombra porque la perdió hace un tiempo ya. Todas las noches viene aquí en su búsqueda pero al amanecer desaparece con las manos vacías. Hagamos lo siguiente. Debo confesarle que yo colecciono sombras, de todo tipo y color, no discrimino. Los motivos me los reservo. Su nombre es Estela. Hoy se puso ropa interior para la ocasión. Si adivina el color, entonces yo le devuelvo el alma que le gané aquella vez. Usted podrá devolvérsela y le garantizo que de premio se llevara no solo a la mujer sino la mejor noche de su vida. Si pierde, bueno... me quedo con su sombra.

No necesité pensarlo, el juego era inofensivo. Nunca me había detenido a pensar en el tema y ciertamente que la mujer estaba para el asesinato. Me limpié la saliva de la comisura de labio. Cerré los ojos y los volví a abrir. La imaginé semi desnuda, con esos pechos al aire, entre color piel y rosa claro. Mi nombre salía en suaves gemidos, me llamaba. Se acostaba en la cama. Su cuerpo se arqueaba, sus piernas se abrían y se cerraban hacia otro costado. Sus brazos se unían y esos pechos parecían explotar. Se mordía los labios y ponía carita triste. ¿Dónde estás? me susurraba...

- Rojo, grite golpeando la mesa con fuerza, ¡rojo! ¡Tiene una tanga de color rojo!

Don Barón sonrió y entonces supe que había perdido la apuesta. 

Es negra y de encaje. No es una tanga, es un culote hermoso y si no me cree entonces mire ahora mismo.

Estela se levantó y fue al baño. En el camino se acomodó la pollera y claramente se marcó el secreto. De una curva pronunciada se veía un elástico oscuro. Pasó a mi lado. Ni siquiera me miró. Que rico perfume, el perfume del amor.

- Es el perfume de la desesperación, me dijo. Y usted me debe una sombra. No se olvide de pagar la bebida, eso también le corresponde. Vivo acá nomas, acompáñeme por favor. Deudas son deudas.

Vacié mi billetera y salimos del lugar. A una cuadra un duplex humilde se levantaba en la esquina. Don Barón no vivía en el primer piso, tampoco en el segundo. Atrás pasando la terraza, entrando por un largo pasillo angosto, subiendo unas rotas escaleras de piedra, en un altillo, allí había una pieza desordenada y sumamente asquerosa. Allí vivía él.

Entonces me llené de dudas. No sentía peligro alguno pero a la vez no me sentía a salvo. Cómodo, esa palabra allí no tenía significado alguno. Incómodo, me sentía muy incómodo. Extraño, inquieto. No pertenecía a tal agujero inmundo. El mundo mismo parecía caerme encima. Me sentía solo, abandonado. En compañía, pero solo al fin. 

Un rayo de luz entraba por un pequeño ventanal. Don Barón prendió tres velas. El zaguán se lleno de una aire crepuscular. La pequeña llama de las velas titilaba sutilmente rebotando en las paredes. Allí vi mi sombra, mi oscura y amada sombra. Quieta, tal como yo, quieto. Me miraba como yo a ella. Nos despedimos sin decir una palabra. Ahora entiendo, esta es la soledad.

Don Barón sonreía. Los dos fuimos testigos de como mi sombra se aferró a mis manos. Quise sostenerla pero se esfumó entre mis dedos. Un grupo de otras sombras aparecieron en el crepúsculo de los vértices, detrás del ropero, por debajo de la cama, desde el techo. Salieron fugazmente, danzando y bailando. Entre ellas. Solas. Con mi sombra. La envolvieron sin que yo lo permitiese. No había nada que pudiese hacer al respecto. Y Don Barón seguía sonriendo.

- Preste atención, me dijo. Aquella contra la ventana es el reflejo tenue de Estela. Fíjese en esas líneas, en esas piernas. A la izquierda sobre la almohada de la cama. Esa es la sombra del panadero. El vagabundo de la calle Holmberg, allí sobre la repisa. La pequeña nieta de Doña Adelaida, escondida abajo de la mesita de luz, allí mire. Son todas mías. La que baila en lo alto, era suya, ya no más.

Me desplomé en una silla polvorienta. Solo, absolutamente solo. Me había traicionado a mi mismo.

Don Barón me miró. No dejó de sonreír pero algo de lástima debe haber sentido.

- Miré, me dijo sin quererlo. Mañana mismo volveré a ahogar penas. Si usted cree tener un llanto que compartir, le presto mi hombro. Quien le dice, quizás que podamos jugar una revancha. No desespere buen hombre. Sea como Estela y nunca deje de creer.

Absolutamente abandonado y destruido me fui a mi casa. Salió el sol pero no hubo sombra conmigo. El día fue eterno. Aquella noche volví al tugurio de Coghlan. Estela seguía junto a la ventana. Don Barón me esperaba con la ginebra en mano.

- ¡Doble o nada!, grite. Y entré dando un portazo.

lunes, 13 de febrero de 2012

Así que mañana es el día de los enamorados. Pobres ellos, todos van a terminar (tarde o temprano) con el corazón roto. Deberíamos fundar un club social ergo cofradía de Gente que Descree en el Amor o Descreedores Del Amor. Obvio que no tendríamos festejo alguno y tampoco nos correspondería. Nuestras victorias serían siempre casuales y espontáneas, una sonrisa en el tren, un piropo en la calle o un levante en el bar.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Una Propia Verdad

Dicen algunos que para conocer todas las verdades del mundo es menester ser un dios de las matemáticas, no literalmente hablando, pero capaz de encontrar la unión numérica donde nadie la puede ver. Así, creen, es posible bajar una incógnita a ecuación y resolver su significado. Otros, como por ejemplo los religiosos, aseguran que para elevarse en el plano de la verdad lo único que se necesita es la santa fé y una vida de sacrificio a la causa. Solo de esa forma se nos abrirá el camino a la luz. El gran problema es que verán respuestas una vez cruzado el límite de la vida. Yo no puedo esperar a morir. Tampoco se de logaritmos y derivadas. Yo creo en mi propia verdad.

Es más fácil para la gente seguir una idea que otro ya elaboró. O ni siquiera, en seguir una verdad divina que nació antes que los pueblos, incluso que pudo haber creado estos mismos. Es al contrario mucho mas complicado formular una verdad y darla a conocer. Todos creen tener su propia verdad, o la verdad ajena que toman como de uno, o la mía, que no suelo compartir pero que alguna vez el viento supo llevar a oídos desconocidos.  

Tan difícil es reconocer la verdad (todos tienen su versión) que la mentira encontró el territorio suficiente para triunfar. Ante las miles de voces pregonando por infinitas verdades, la mentira se disfrazó de cada una de ellas. Para decir una realidad, que no siempre es la verdad, ni la sombra puede seguir a una mentira. Como las palabras de este texto, que nunca jamás nadie escribió, que hablan de verdades que conocemos y sin embargo nunca vimos. Probablemente, hasta mi propia verdad haya sido asesinada por una mentira que no supe ver venir.

O si. Y todo esto podría ser un engaño articulado y premeditado. Sea como sea, no necesito matemáticas o esperanza. Yo verdaderamente creo en mi propia verdad. Aunque deba mentir al respecto.

martes, 7 de febrero de 2012

lunes, 6 de febrero de 2012

El Cazador De Estrellas II

Había caminado interminables eternidades a lo largo del mundo y luego de haberlo visto todo decidió que aquel era el lugar indicado. No solo por las montañas del horizonte que coronaban sus picos en blanco nube, tampoco por la interminable pradera verde que moría en las tranquilas fauces de un mar turquesa, mucho menos por los sonidos del viento suave o la cantidad de aves que allí le daban la bienvenida. La decisión pasaba por otro lado. 

Su vida había sido un viaje y de todos los extraños, hermosos y terribles paisajes que le había tocado contemplar solo allí podía él observar el Cielo en su mas majestuosa infinidad absoluta. Fue por eso, agregado a la idea de que allí en lo alto las estrellas siempre habían sido sus únicas e incondicionales testigos, que decidió finalmente asentarse y descansar el cuerpo de una buena vez.

Es que el cielo y sus titilantes habitantes lo fascinaban. Lo enamoraban. Le servían de guía en la oscuridad, de refugio para el alma e inspiración divina para la prosa y el canto. Las admiraba en su mas absoluta belleza, la negrura abismal en una lejanía inalcanzable, pero que para él era tan cercana que se sentía parte de la misma. 

Entonces pasó el tiempo, cuanto, nadie lo sabe. Pero importa poco y nada en esta leyenda ya que para estos héroes, los días duran meses, los meses años y los años se convierten en vidas enteras. En una saliente de roca había tallado un mirador y allí descansaba todas las noches en busca de nuevas historias que contar.

Y su preferida era la del Cazador de Estrellas, la del hombre que todos los ocasos salía a la intemperie con la vista preparada. Porque aunque el titulo de su fábula lo omita, este no era tan solo un Cazador de Estrellas, sino un Cazador de Deseos. 

Cuenta la historia que aparecía en los llanos con el último rayo de luz y desaparecía con el primero. Recorría y vigilaba las alturas esperando ver viajeros estelares. Estos viajeros, como él, guardaban un celoso secreto. Estrellas fugaces, les decía, tan fugaces que eran más rápidas que la vista misma. Aquellos con paciencia y buen corazón podían esperarlas. Atentos, podrían encontrarlas. Y atrapar una estrella fugaz significaba hacerse de un tesoro mágico. Ver una implicaba la posibilidad de pedir un deseo. Un deseo que podía cumplirse.

Así remiten los reglones del tiempo, que tantos deseos cazó este buen hombre que viajeros de todos los lados del mundo salieron a su encuentro. Movidos por la esperanza, la idea de que el cazador de Estrellas pueda regalarles un deseo sin pedir mucho a cambio. 

Los que saben, los que todavía recuerdan, aseguran que aquellos días el mundo fue un lugar más feliz.

viernes, 3 de febrero de 2012

jueves, 2 de febrero de 2012

El Reloj

En lo que refiere al don y la magia mucho se ha dicho y poco se ha comprobado. Las historias pueblan el mundo en libros que sirven para matar el tiempo del hombre común y sin embargo muy alejados están de la realidad que habitan. Lo digo, lo sé, porque me he cruzado con un hechicero hace mucho tiempo atrás.

En aquel entonces yo no era más que un pobre hombre que vivía sin familia ni amigos en un humilde rancho en las afueras de la Ciudad. Me servía bien, sin lujos innecesarios en los cuales distraerme, buscando trabajo en épocas de escasez y mala fortuna. Siendo quien era, un pobre tipo, se me hacía cuesta arriba conseguir un empleo digno. Entonces podrán deducir como obtenía un plato de comida o el abrigo, robando a los débiles que no podían defenderse. No era algo que me llenara de orgullo y siempre lo tomé como algo pasajero, pero el tiempo transcurrió y me acostumbré.

En una de esas noches en las que el estómago me pedía a gritos salir de cacería de bolsillos, me lo crucé en un oscuro callejón de las adoquinadas callezuelas del Bajo. El río supuraba humo, lo recuerdo bien, y escondido detrás de unos barriles lo tomé por sorpresa cuando paso por mi lado. Lo tumbé de forma seca sobre el suelo y para su desgracia su cabeza golpeó contra el cordón de la vereda. Rápidamente un charco de sangre brotó de la herida y supe que había tomado su vida cuando el menos lo esperaba.

Atiné a huir rápidamente pero mis piernas se congelaron. Antes de escapar, pensé, mejor revisarlo. Hurgué en sus bolsillos y encontré una pequeña cajita negra. Además le quité un brillante reloj de plata que llevaba colgado del chaleco. Antes de partir en las sombras algo me llamó la atención. La niebla del río comenzó a acercarse. Lo envolvió haciéndolo desaparecer. Mis ojos nunca habían visto algo semejante.

Una vez en la soledad de mi morada (con una pequeña marmita al fuego y los pies descalzos secándose al calor) tomé el botín y fue inmensa mi sorpresa con lo que vi. El reloj, hermoso y noble como si fuese hecho por un suizo, no tenía los números de las horas. Que extraño, pensé, pero imaginé que era uno de esos diseños nuevos que usaban los ricos. Tan bello era que sin dudarlo lo enganche del pliegue del ojal de mi vestidura y ante un espejo impostaba voces graves llamando a la servidumbre con órdenes obscenas.

Esa noche caí preso del sueño antes de abrir la segunda mitad del botín.

A la mañana siguiente desperté renovado. Me serví del té que había sobrado y con los últimos dos bizcochos viejos decidí salí a trotar. De repente no era trotar, sino correr. Cuando retorné no podía creer que a mi edad pudiese haber dado la vuelta a los tres barrios lindantes, no una vez sino cuatro veces. Me sentía lleno de energía y fuerza. En una palangana con agua del arrollo me lavé las manos y la cara. Me dio hambre, se acercaba el mediodía.

Terminé de secarme el rostro cuando clavé mis ojos en el reloj. Que extraño. Además de no tener las horas, la aguja gira en sentido contrario. ¿Qué baratija es esta?

Me miré en un pequeño pedazo de espejo roto que tenía colgado de la pared. Entonces lo comprendí todo. Las suaves arrugas de mis cuarentas habían desaparecido. El pelo comenzaba a crecer nuevamente. Parecía que estaba retrocediendo en el tiempo. Nuevamente, volví a mirar el reloj que giraba al revés.

Busqué entonces la caja negra que le había quitado al hechicero la noche anterior. Pero lo que encontré en su interior es digno de otro relato.

miércoles, 1 de febrero de 2012

EL Boceto De Prueba


Si estoy escribiendo menos es porque me concentro en la totalidad. Va tomando forma...

lunes, 30 de enero de 2012

La Idea De Amar y No Ser Amado

La idea de amar y no ser amado es demasiado catastrófica como para no tener mención de honor en los terrores más comunes del hombre normal. Lo mismo pasa para las mujeres. Sin embargo para aquellos que no entran en este rubro los sujetos se invierten, desde lo que aterra y lo que deleita. Para ellos la idea de no amar y ser amado es sinónimo de grandeza y gloria divina.

Para esta clase de gente no hace falta dar, sino recibir. La gran mayoría de ellos cuentan con hechizos diversos que les otorgan el don necesario como para recibir cuantos aplausos, sonrisas y cartas románticas posibles. Claro, sin devolver ni un solo gesto. Yo conocí una vez a un hombre de esta calaña. Descreía del amor y sin embargo le llovían las mujeres. A todas ellas las llevó a su cama pero nunca más les permitió volver.

Así fue que una noche decidió salir a regar las flores del jardín. A cada margarita le hablaba en tono profundo, a las rosas les cantaba y a los jazmines les relataba poemas de amor. Entonces entre un ciruelo y un limonero encontró para su sorpresa una pequeña hada de armonioso vuelo y sin dudarlo la invitó a pasar.

Le sirvió una taza de té y comenzó a escuchar las mil historias que la hermosa criatura tenía para contar, de lugares lejanos y combates épicos, de desaventura y esperanza. Sus ojos brillaban y cada vez que el hada tomaba una pausa para sostener la tacita entonces él suspiraba sin saberlo. Antes de que salga el sol se fundieron en un apasionado abrazo de amor debajo de las sabanas de la alcoba.

A la mañana siguiente el hombre despertó, a su costado no había más que un espacio vacío. Se sintió solo. Bajo las escaleras y la buscó pero jamás la encontró. Entonces recordó una libreta de teléfonos pero solo había dos nombres, antiguas novias despechadas. Decidió llamarlas igual.

La primera no le respondió. La segunda lo rechazo con insultos y maldiciones. Pobre hombre, ese era el espanto de ser solo, se decía.

Lo que sucedió realmente solo yo lo sé. Esa pequeña hada alguna vez había amado, alguna vez me había amado a mí y no a él. Pero lamentablemente nunca tuve ojos para ella. Herida en el sentimiento no correspondido bajó al mundo de los dolores y allí lo encontró, entonándole estrofas románticas a las flores. Y entonces todo se dio vuelta.

El hombre que no amaba y era amado perdió su corazón ante una divinidad que buscaba ahogar una pena. Ella que amaba y no era amada conocía gracias a él el poder de una gloria divina. A no sufrir mas por amor, se dijo antes de abandonarlo aquella mañana. 

El sufriría su ausencia por el resto de sus días.