La idea de amar y no ser amado es demasiado catastrófica como para no tener mención de honor en los terrores más comunes del hombre normal. Lo mismo pasa para las mujeres. Sin embargo para aquellos que no entran en este rubro los sujetos se invierten, desde lo que aterra y lo que deleita. Para ellos la idea de no amar y ser amado es sinónimo de grandeza y gloria divina.
Para esta clase de gente no hace falta dar, sino recibir. La gran mayoría de ellos cuentan con hechizos diversos que les otorgan el don necesario como para recibir cuantos aplausos, sonrisas y cartas románticas posibles. Claro, sin devolver ni un solo gesto. Yo conocí una vez a un hombre de esta calaña. Descreía del amor y sin embargo le llovían las mujeres. A todas ellas las llevó a su cama pero nunca más les permitió volver.
Así fue que una noche decidió salir a regar las flores del jardín. A cada margarita le hablaba en tono profundo, a las rosas les cantaba y a los jazmines les relataba poemas de amor. Entonces entre un ciruelo y un limonero encontró para su sorpresa una pequeña hada de armonioso vuelo y sin dudarlo la invitó a pasar.
Le sirvió una taza de té y comenzó a escuchar las mil historias que la hermosa criatura tenía para contar, de lugares lejanos y combates épicos, de desaventura y esperanza. Sus ojos brillaban y cada vez que el hada tomaba una pausa para sostener la tacita entonces él suspiraba sin saberlo. Antes de que salga el sol se fundieron en un apasionado abrazo de amor debajo de las sabanas de la alcoba.
A la mañana siguiente el hombre despertó, a su costado no había más que un espacio vacío. Se sintió solo. Bajo las escaleras y la buscó pero jamás la encontró. Entonces recordó una libreta de teléfonos pero solo había dos nombres, antiguas novias despechadas. Decidió llamarlas igual.
La primera no le respondió. La segunda lo rechazo con insultos y maldiciones. Pobre hombre, ese era el espanto de ser solo, se decía.
Lo que sucedió realmente solo yo lo sé. Esa pequeña hada alguna vez había amado, alguna vez me había amado a mí y no a él. Pero lamentablemente nunca tuve ojos para ella. Herida en el sentimiento no correspondido bajó al mundo de los dolores y allí lo encontró, entonándole estrofas románticas a las flores. Y entonces todo se dio vuelta.
El hombre que no amaba y era amado perdió su corazón ante una divinidad que buscaba ahogar una pena. Ella que amaba y no era amada conocía gracias a él el poder de una gloria divina. A no sufrir mas por amor, se dijo antes de abandonarlo aquella mañana.
El sufriría su ausencia por el resto de sus días.
4 comentarios:
Ya seré hadita uno de estos días.
Ah... pero qué ironía tan elegante..
("ascenderé (descenderé?) con la esperanza que no te pruebes la piel que yo gasté")
To beef or not to beef... that is the question.
Muy buen cuento, de verdad.
PD: El amor no correspondido es un dilema que no solo es terrenal, aparentemente :)
S: Una hadita petite.
C: Es una ironia?
N: Es todo un tema jodido sobre todo en el mundo de las hormigas donde una sola no puede corresponder a todas, para ellas es mas complejo todavía.
Gracias por las respuestas.
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