jueves, 19 de enero de 2012

Una O de Hilos Sueltos

Le dolía en lo profundo, lo sufría entre retorcijones y quejidos guturales que lo obligaban a arrastrarse por el sucio suelo de la alcoba. Tanteaba a ciegas, concentrado en sus dientes cerrados con la fuerza gigante de un tiburón hambriento, apoyándose a duras penas en los muebles más cercanos. Trastabilló al chocar con una silla aterrizando de espalda contra el pequeño escritorio de madera. Sudado y cansado en su ser, con los brazos envolviendo su vientre entumecido por una palabra que lo atormentaba y que había devorado sin pensar (que ahora lo torturaba desde adentro), siguió forzando sus pies en busca del sostén de sus rodillas.

Las horas se esfumaron en pocos minutos y rápidamente se hizo de noche. Luego de la dura batalla entre el cazador y sus penas, cayó semi inconsciente de rodillas justo en frente del Cronógrafo. En un último esfuerzo por sostenerse a la vida llevó sus agarrotadas manos a la boca y comenzó a hurgar con los dedos violetas más allá de los dientes. Era una imagen diabólica, vestido de desesperación tal cual la hambruna relata la escasez de los pueblos; De piernas cruzadas sin sentido, hecho una bola de pelos intentando alcanzar algo dentro suyo, con sus codos superando la línea de los labios. No parecía humano y sin embargo no era mas que un hombre atragantado en una lucha propia, en el esbozo de una palabra que no salía de su garganta y lo amenazaba con darle muerte.

Antes de perder completamente la noción y realizando una contorsión de brazos, manos, piernas y torso más allá de lo posible, el cazador pudo escupir finalmente una letra eMe y una especie de O minúscula cursiva que claramente se había desanudado. De forma traicionera esta pequeña O cursiva había encontrado la forma de engalletarse en una eMe oxidada por el tiempo, quien sabe cuantos años llevaba pudriéndose en ese estómago, pobre consonante y ¡pobre cazador!, que en su sufrir casi que había dado su vida en nombre del estudio del lenguaje escrito. Y tan solo por una O de hilos sueltos, que extraño.

Al borde de la mesada aún reposaban tranquilas la Ñ y las dos Zetas que había estado estudiando más temprano. Algo sucedía en el mundo, tantas letras sin dueño ya era un tema serio, muy muy serio por cierto.

1 comentario:

Tom dijo...

Van a entender más leyendo:

1) http://confamaygloria.blogspot.com/2012/01/una-ene-y-dos-zetas.html

2) http://confamaygloria.blogspot.com/2011/10/cronografo.html


Igual, nadie lee mis cuentos.