jueves, 22 de marzo de 2012

Legado De Una Metáfora

Matadores y verdugos figuran en enciclopedias que lamentablemente han visto su final en bibliotecas atacadas por enemigos, quemadas hasta sus cimientos. Papeles, tinta, telares y grabados, en todos los confines de esta esfera han sido borrados in eternum. La herida que nos produce haberlo perdido todo para siempre es profunda y se infecta velozmente.

De una destrucción que data de épocas sin números he rescatado unos párrafos olvidados.

Así refieren:

Para los mortales la vida se reduce al nacimiento y a la muerte. Para los historiadores la vida se reduce a los nacimientos y las muertes de otras personas que no son ellos mismos. Para los traidores la vida se reduce al día en que vendieron sus valores e ideales, para los valientes al día en que enfrentaron sus miedos y los vencieron.

El mundo como tal, como esfera y plano superior en el cual hacemos nuestro camino, ya sea como individuos o como pueblos, tiene un proceso no lineal muy diferente a nuestros cantares. En este caso (generalizando porque estamos hablando de un ente que todo lo abarca en un universo reducido, pero universo al fin), no hay nacimiento ni muerte semejante. El devenir crónico de sus vidas esta estrictamente sujeto a vicios extraordinariamente mayores y que no por eso le resta importancia a la gloria del mecanismo cíclico.

Convengamos entonces que, así como los historiadores juntan, estudian y recolectan sobre acontecimientos pasados, lo mismo sucede (no sabría afirmar desde cuando porque el tiempo es atemporal en este presente) en el hilo conductor de una tierra que habla por si misma contando un relato infinito sin secretos. Lástima que la humanidad es sorda, ciega y muda.

Esa es la humanidad que nos hace lo que somos. La ambición, el poder de crear y destruir de igual forma, una magia que comprendemos y no aceptamos como tal  aunque le modifiquemos el nombre y la denominemos -razón- como conciencia lógica, no nos permite ver, ni oír, ni contar lo que sucede bajo nuestra nariz.

En la idea de individuo singular el concepto muere antes de nacer. En la idea colectiva social de historia a través de los tiempos tenemos límites, como el del arte de la escritura, su principio aquel de los primeros caracteres con significado, como dibujos hechos en tinta y pigmento triturado de piedras o carbón, labrada la piedra y erguido el menir. Pero antes, el traspaso de boca en boca de hechos y nociones. Pero cuidado ya que corren un serio riesgo de modificarse a través de las edades y que por ende no guardan veracidad suficiente. Ambos rumbos mueren cuando intentamos encontrar donde comenzaron, cual laberinto.

Hay que ser inmortal para no caer en la humillación. Poder estar en todos los lugares en un mismo instante. Abrir la mente para comprenderlo todo en un microsegundo. Unirlo con el pasado sin principio y suponer con delicadeza como será el futuro próximo. Pero tan solo si uno puede vencer al tiempo, abrazar la omnipresencia y jugar a ser un dios, porque para aquellos que recorren los senderos del hombre común ese será nuestro nombre y apodo, basado en una ignorancia que predomina bajo el éter de la desunión.

Pero seamos sinceros con nosotros mismos. No podemos permitirnos el lujo de hablar siquiera sin discusión de cárceles invisibles, o en su contra opuesto, de divinidades que no supimos conseguir. El hombre en singular, una vez mas, funciona a modo de hilo conductor. Una hebra de conocimiento y experiencia que se enreda con otra, para que ambas se anuden a una tercera y una cuarta. Así decora un lapso determinado la unión de las personas, asesinando la ironía del reloj ya nombrada en otros fascículos y tomos perdidos. Eso que antes moría, ahora sobrevive gracias al legado de una metáfora de cadenas inquebrantables que significa el padre, el hijo, el nieto y la herencia de los unos hacía los otros.


Estas son las palabras de Moulant de Meridi, retratadas en lo que fue su descargo final en el juicio no exonerable por prácticas oscuras, hechicería y non santa brujería entre una gran serie de acusaciones, la mayoría jamás comprobadas.

Es menester que sus palabras no mueran en el olvido.

2 comentarios:

Cat dijo...

es menester que sea en blog

Anónimo dijo...

Si hay psicosos masiva es menester que sea... Blog..