En una incronología de la historia este sería el diario de un hombre retorcido, malvado y puro. Las hojas se manchan poco a poco dejando huellas salpicadas que hablan por mas de mil letras, que se resquebrajan en las puntas y de a poco comienzan a volverse polvo.
Es trágica la sensación que uno recibe al apoyar la punta de los dedos sobre páginas de estos oscuros párrafos que se desanudan de a poco, perdiendo toda coma y todo signo de admiración.
Pero los tiempos que corrían en ese entonces no eran lineales, de primaveras seguidas de veranos o inviernos que vencen otoños. En aquellos días estos duraban meses, los meses años y los años ya no se median como tales sino por las estrellas de bailes lentos y lealtad absoluta.
Que es el tiempo como tal, cuando unos renglones que aún luchan desafiantes por mantenerse firmes y colgantes ante la inminente llegada del olvido, con una suavidad tan hermosa que da ternura, aferrados hasta que llegue el amargo final. Que más puede hacer uno que admirarlos, que aprender de ellos, que sentirse tocado.
Es la pureza, la misma que les da esperanza que inspira al finísimo hilo que alguna vez fue cosido con minucioso cuidado uniendo todas esas hojas a medida que se iban escribiendo. Aún con delicadeza de un alma que tiene con que dar batalla las mantenía unidas ante el hundimiento de la leyenda allí dibujada.
Ahora quien puede decir que esta incronlogía de la historia no podría contar las andanzas de un hombre de valentía y coraje, de un guerrero. En todo caso, este sería el diario de un héroe de héroes.
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