En mis inconclusas memorias figura de puño y letra los nombres de aquellos que mantuvieron contacto conmigo y me enseñaron más allá de lo fáctico. He dejado entonces constancia de quienes son, descripciones detalladas y nombres (en caso de recordarlos) para que otros puedan descubrirlos y de ellos aprender. A la edad de catorce fue mi primer encuentro y así decía entonces:
Ella no tenía nombre y supe que era la Sabiduría. Me dio de probar una gota de luxor y se me reveló una verdad que juré en su honor guardar para mi y nadie mas.
Como es posible observar, en estas letras no revelo nombres. Pueden ser encontrados en mis posesiones post mortem, llegado el día o la noche y aún sin terminar. La historia de mi viaje en estos años continúa y a los veinte años ya como un pequeño hombre recuerdo una situación extraña y oscura:
Hubiese perdido el juego al caer al abismo. Fue su mano la que me tomó justo a tiempo y me regaló unos años más en esta vida. Antes de partir, sin ganas de recibir mis gracias, se refirió a mi como Nu Tarkos Etum Klustim Akothel (no es tu momento aún, te reclamaré con campanas).
Tengo mis versiones sobre mi atracción a las deidades y los fundamentos principales. He conocido pecados también. Con muchos de ellos compartí penas, aunque siempre exento de castigo alguno. Antes de la treintena celaba una anécdota maravillosa:
No solo era una mujer, eran todas las mujeres hermosas de la tierra. No solo era un hombre, eran todos los hombres bellos del mundo. No era una reunión, era el sentimiento de placer por placer, de hacer por deshacer, de disfrutar con los manjares del cuerpo y la tentación absoluta. A todos sus encantos sucumbí, pese a tener esposa, por cada uno de ellos me dejé llevar.
Todo temblará el día que suenen las campanas. Mis leyendas estarán guardadas, no por eso a salvo. Por hoy, un último tema, mi encuentro con la vanidad a quien le dediqué las siguientes líneas:
Dime quien eres, me ordenó. Respondí entonces que en mis inconclusas memorias figura de puño y letra los nombres de aquellos que mantuvieron contacto conmigo y me enseñaron más allá de lo fáctico.
Me escucho hablar, y los dos sonreimos.
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