miércoles, 23 de mayo de 2012

Pruríto Púncino

Hay una cuota de peligro visceral en todo, mas aún si me recuesto sobre las tripas que envuelven mis huesos amarillos. El piso crepita y es duro. Gede a humedad y a vejez, a descuido de hombre antiguo. No son mas que sensaciones, de una mente cruel que necesita alimentarse de oscuridad para volver a la transparencia que no asuste a las masas, que guste en sociedad.

Es esta citroléa de maldición, no siempre he sido así. Alguna vez he llegado amar, hoy jamás. Con que manos podría yo acariciar una mejilla, mis uñas saltan en todas las direcciones, las que quedan todavía sujetas a la carne viva de mis manos sin piel poco atractivas se ven mas que para mi boca hambrienta de nervura. El resto, entre mis dientes como restos de jugoso banquete.

No he nacido bajo esta mala estrella. He sabido nadar en riqueza, de la emocional que los niños derrochan, de lágrimas y suplicas, que la risa nunca llegue a su fin. Eso era yo, allí en un pasado lejano, cuando apenas aprendía lo que escondía la vida, eso que sabemos funciona en la muerte, en el daño y el sufrimiento.

Hoy, mis manos tiemblan en su pruríto púncino de una jagea de estoril.

2 comentarios:

Lunática dijo...

No nos asuste, Tom, no nos asuste...

mónica dijo...

Uyyy este es uno de los cuentos malditos seguro...