viernes, 23 de septiembre de 2011

Beatriz

A Beatriz no le gustaba su nombre, ni su apellido, o su edad la cual no me atrevo a decir. Tampoco le gustaba mirarse al espejo, le disgustaban sus piernas, la curva de sus caderas, ese sobrante en la cintura, el modo en que su ombligo se torcía hacía abajo por el exceso de piel, y sobre todo la caída que habían sufrido sus pechos en los últimos años. Beatriz tenía una hermosa sonrisa, lo admitía, al punto que a veces se daba cuenta que regalaba demasiadas, más de lo que debería según sus normas de protocolo (que no eran las mismas con su jefe que con el médico que la atendía una vez por mes). Betty, nombre de vieja pensaba ella, pero como siempre la llamaron en el barrio, se sentía cansada de tener que depilarse todos los días. Todos los días, si, una constante fija. Cada mañana, sin falta, había un pelo nuevo que arrancar de raíz. Desde el bigote hasta los brazos, y más abajo también (ya había pasado el invierno), esos microscopicos cabellos encontraban la forma de hacerla sentir un ser monstruoso ser caído de alguna montaña selvática, o quizás de algún cuento de Sandokan.

3 comentarios:

Belén dijo...

Todas somos Beatriz.

Qué esclavitud de mierda la del pelo, qué lo parió!

PD: JAAJAJAJAJAJAJAJAJ tu word verification para mí es "gatine". Me estás queriendo decir algo?

Tom dijo...

mi verificación sabe mucho, cuidadito que te saca la ficha.

Tom dijo...

me parece que a beatriz le re doy.