Es injusto y no tiene razón de ser, lamentablemente es lo que lo convierte en algo tan real. Somos pocos los que lo vemos, realmente pocos. Un pequeño para nada selecto grupo de alguna vez visionarios que una vez soñaron con la potestad de un logro imposible. Era nuestro lema, cada cual a su manera, que la fantasía podía trasladarnos a mundos en los cuales seríamos nosotros aquellos que cambiáramos la historia, poder imaginar y crear a la vez. Que equivocados estábamos, demasiado para que la masa pueda comprender. Porque eso somos, incomprendidos, en su doble sentido, o triple, si aún queda coraje y valor. Es tan real que se torna horroroso y mata de espanto, he allí el alma cruel de esta criatura.
En un principio todo era tentación y gloria divina, el descubrimiento de la mentira que envolvía las fronteras, de un más allá de lo conocido. Podíamos traspasar límites que la gente común no contemplaba, límites que para la esencia del hombre eran tan reales como la idea de que no se debía pensar en semejante condición, el humano era lo que siempre fue, un ser pensante de razón lógica con todo lo que eso conlleva. Con el poder de nuestras ideas, supimos forzar la naturaleza mediante la pluma y la tinta, la oratoria y la palabra. En el abstracto del concepto cruzamos la dialéctica y el método. Como he afirmado al principio, con fantasía todo era posible. Pero no supimos ver más allá y en nuestro hambre lo descubrimos.
Es injusto y no tiene razón de ser, gracias a la libertad de la ilusión, nació el monstruo.
Es injusto y no tiene razón de ser, gracias a la libertad de la ilusión, nació el monstruo.
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