viernes, 1 de julio de 2011

De los Catorce más Tres (Parte uno)

Para un hombre, un camino no es (ni más ni menos) que una forma de llegar a destino. 
Para un soñador, un camino es una puerta hacía mil oportunidades, con subidas, bajadas, escaleras, atajos y obstáculos que hacen del recorrido toda una aventura. 

Gracias N por la idea.


Durante tres crueles tormentas nuestro héroe la persiguió sin descanso alguno, cruzando montañas y abismos, océanos y desiertos. Cansado y agotado en su alma, se encontró con que la huella se perdía en uno de los diecisiete laberintos del mundo. Se acercó hasta la entrada la cual se encontraba cerrada. No había picaporte, ni cerrojo, ni forma alguna de activar mecanismos que le abrieran el paso. Entendió entonces que, en este caso en particular, la paciencia era su mejor aliada.

Nuestro héroe algo de laberintos sabía y se dedicó a descansar el resto del día. Intentaba recordar lo que había aprendido de acertijos, sobre las historias que eran contadas por los ancianos del pueblo, sobre guardianes y prisiones de mil pasillos e incontables escaleras, por no decir trampas y tramperos. Estos eran sin dudas lugares mágicos.

No tardó mucho en comprender dónde se encontraba exactamente. Ya comenzaba a caer el Sol detrás de las cumbres nevadas cuando un último rayo de luz se coló por los picos blancos dando a parar en aquel lugar donde debería encontrarse una puerta. Nuestro héroe se acercó, miró al Cielo y comenzó a ver las estrellas aparecer de a una formando constelaciones, llenando el infinito con un tenue brillo que hacía que no fuera necesario encender ninguna lámpara a pesar de que ya había caído la noche.

Nuestro paciente héroe sabía que de los quince (más dos) laberintos solamente tres eran funcionales solo en la oscuridad. Este era uno de ellos. Con la partida del día y la llegada de los astros, unas líneas comenzaron a descubrirse en la entrada, dibujando una puerta que lentamente se fue abriendo hasta dejar a la vista un camino al interior del mundo. De los catorce más tres, siete habían sido nombrados alguna vez en canciones populares o leyendas lejanas y este no era uno de ellos, lo que comprendía un obstáculo para él, uno realmente muy difícil, no así imposible.

Convencido por aquello que la gente llama ideales, nuestro héroe dio pasos firmes hacia el interior del laberinto, vio la puerta cerrarse a su espalda, dejándolo atrapado hasta encontrar una salida (si es que no moría en el intento). 

Héroe, realmente darías tu vida por ella?

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