jueves, 14 de julio de 2011

La Mujer De Los Mil Nudos

Lo apuñaló con la mirada, le mostró su aguijón y le dio a entender que era peligrosa. Su cara era un ovillo de arrugas, su boca apretaba los dientes con fuerza y su mirada escupía veneno.

Nuestro héroe le retrucó con una sonrisa, al fin y al cabo, sabía más de estos temas que muchos versados y letrados llenos de gloria. Recostó su cuerpo en un sillón y comenzó a destejerla, hilo a hilo. Ella se había convertido en un sinfín de nudos de todo tipo y color, ataduras cerradas y abiertas, apretadas y enroscadas entre miles de nuevos cruces de caminos que no hacían más que llenarla de bronca y maldad.

Con paciencia, nuestro héroe la desenredó de a poco. Comenzó por las puntas y rápidamente separó cuatro grupos de veintidós hebras de seda que a su vez se perdían en trece uniones nuevas que prohibían separar cualquier nuevo comienzo (o a su vez finales, pero él sabía que jamás se deber empezar por el desenlace).  Caminando por estos nuevos puntos de partida siguió cada filamento encontrando más y más obstáculos que, con concentración y cariño, supo hacer desaparecer con suaves movimientos de sus manos y dedos.

Allí estaba él, con el ceño impasible, descociendo la vida de lo que era un jirón de piedras que a todos nos pone la vida para culminar entonces, quien sabe cuantos días después, un trabajo que bien podría haberlo vuelto loco (pero como dijimos, nuestro héroe mucho sabía del arte de los nudos).

Cuando creyó haber terminado, pudo distinguir que ante él se encontraba ahora una nueva mujer, libre de ataduras y problemas, suave como pluma al viento que ya no lo miraba con peligro ni terror, miedo ni amenazas.

Basta de cosquillas héroe, que ya me has devuelto la vida.

4 comentarios:

Nina dijo...

¡Qué suerte que existan de esos héroes!

¡GRACIAS!

Nina dijo...

*existen

Nina dijo...

¡Qué placer que exista ese único héroe!

Me compre el espacio de comentarios =)

Lau dijo...

wow, me volo la cabeza.