Una ventana que daba a otra ventana; que a su vez tenía vista a esta otra ventana (que se veía desde un ventanal sin ventanas). No había cortinas si persianas, apenas un balcón que le regalaba al mundo una panorámica de azulejos y mosaicos de colores pastel. Imaginen esta ventana, que daba a esta otra ventana, por la cual se veía un picaporte y una cerradura.
Un espejo que reflejaba otro espejo; que a su vez reflejaba otro espejo; sin marcos ni tulipanes, hasta que la infinidad perdía sentido de ser sentido. Un picaporte y una cerradura entre imágenes repetidas, pero esta vez (por segunda vez) entre ventanas y no espejos, porque a esta altura la infinidad se había vuelto simple.
Dos cerraduras, que no reflejaban ninguna ventana; dos picaportes que no eran espejos, y la simple tentación de ver que se esconde detrás de la puerta que no necesitaba llaves ni permisos, espejos o ventanas.
Nuestro héroe miró por la ventana; hacía la otra ventana. Allí vio desde un ventanal una puerta, con picaporte y cerradura. Entendió la ilusión de espejos en sentido complejo de la percepción ajustada a la realidad, que definitivamente no era la suya, sino la de otra persona. Miró hacía atrás y tres mil héroes se perdieron en la repetición de la historia; observó a sus costados y encontró miles de -sigo mismos- perdidos buscando una salida (una idea que se repetía tantas veces como reflejos podían observarse).
Tan complejo era el momento que ya se había convertido en simple. Nuestro héroe abrió la puerta tomando el picaporte, dándole un giro de ciento ochenta grados en sentido de las agujas del reloj y descubriendo ante sí un nuevo pasillo que revelaría nuevos caminos por recorrer, cada vez con mas preguntas y menos respuestas.
Allí, una ventana; que a su vez tenía vista a otra ventana (que se veía desde un ventanal sin ventanas), coronada por pestañas largas y curvas de piel, un umbral con forma de iris y una salida en forma de ojo color almendra hacía un mundo repetido y simple, como quien está perdido en un laberinto del cual sabe salir pero a su vez se siente muy aburrido para abandonarlo, o sería miedo a lo desconocido?
En otro lugar del universo, un antihéroe extendía en su máxima curvatura el arco de sus párpados dejando libre el paso a sus ojos; abriendo su pupila de par en par cual cerradura sin picaporte, dejando secretos de lado y desnudándole a la mujer que había robado su corazón, la entrada a un alma que en el fondo, bien en el fondo, pese a las mil percepciones del mundo, alguna vez, quizás en otra historia, había sabido ser su héroe y no su villano.
Pero si la convenció o no, ese ya es otro cuento.
Pero si la convenció o no, ese ya es otro cuento.
2 comentarios:
Efectivamente, un cuento maravilloso.
¡Me encantó!
Lo sentí muy mío, ¿me lo prestas?
¡Besote gigante!
¡Cuánto misterio! pero lo que más me gustó fue las imágenes que construiste. Espejos, ventanas, puertas, cerraduras y picaportes, cada detalle va construyendo algo, a nivel subjetivo, en una leyenda en la cuál puede que sea nuestra vida misma, que a veces somos héroes, y a veces anti-héroes, a veces amamos como los primeros, y a veces amamamos como villanos.
"Entendió la ilusión de espejos en sentido complejo de la percepción ajustada a la realidad, que definitivamente no era la suya, sino la de otra persona."
Eso, me quedo con eso. Con nuestra mirada y con la mirada ajena, que también muchas veces se funde con la nuestra y en ese fundirse se confunde.
En fin...para seguir pensando Tom, para seguir pensando mucho.
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