Hay estancias infinitas que nacen y mueren en un punto que no tiene definición y, como tal, es correcto afirmar que no hay principio ni final. Así lo comprendió nuestro héroe mientras miraba el horizonte donde se acuesta el sol, que no desaparece sino que viaja persiguiendo la luna. Pero como esas estancias infinitas, jamás podrá alcanzarla.
Quedó en silenció, unos minutos que quizás fueron años, aunque lo mas probable es que no sea ni lo uno ni lo otro. Clavada su mirada, en la nada de una distancia perpetua. !Héroe, de ahí tu nombre, descubridor de una verdad absoluta!
De pié y con la brisa del atardecer que lo abrigaba de los peligros de un mundo cruel que todavía no terminaba de conocerse a si mismo, comprendió así que dar un paso hacía el sur era meramente un concepto y que, pese a mantener un paso firme y sin distracciones, jamás podría alcanzarlo. Para nuestro héroe, el Sur sería siempre a donde apunte su mirada, y no del otro lado, el Norte. Jamás podría alcanzar el Este si caminaba rumbo al Oeste, que las vueltas de la vida son simplemente las distancias entre el individuo y sus metas.
Allí hacía donde apunta tu semblante, no habrá nunca Norte o Sur, Este u Oeste. Donde te dirijas, siempre, encontrarás lo mismo una y otra vez… tu propio destino.
3 comentarios:
Adhiero absolutamente!
Héroe es quien sabe encontrar su propio camino, el que sigue el camino abierto por los demás es sólo parte de la manada, no puede llegar a donde otro no ha estado nunca. Ese es el destino del hombre promedio...
Saludos
J.
El destino marcado. Dicen que está escrito pero ¿quién no se anima a torcerlo? (aunque sólo sea una ilusión)
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