Esta historia se confunde dentro de una copa gris plata bastante antigua que le perteneció a alguien de la familia, en ella el veneno borra el significado de las palabras y distorsiona la memoria, entonces pido disculpas de ante mano por la veracidad de mis dichos, la coherencia de mis murmullos que apenas logran anundar frases, (anundar) no es la forma de decirlo, pero anundaremos cuanto le sea posible aguantar a mi cuerpo la ponzoña que todavía no desata su huracán infame.
El relato se pierde en un final previsto que arremete disfrazado de principio, el comienzo explicado por las últimas horas de un hombre sufriendo traición. ¡Basta! dejemos de lado insuficientes motivos de burla al tiempo, que escasea entre mis dedos morados. He de ser mortal, al fin de cuentas.
Mi cuerpo no rinde como lo hacía en antaño, no es la misma tumba que solía ser, guardar el secreto se ha convertido en una pena y no en un orgullo, y no mas que eso lamentablemente. Mis lágrimas sueltan de a una las letras de la verdad y el sonido de mis dientes apretados luchando en esa interminable batalla contra el dolor, no hace mas que darle música de aquello escondido.
Son incontables viajes al corazón del sufrimiento, por el camino del sacrificio, que jamas llegaran a ver puerto amigo. Y ya no puedo contenerlo mas, la fuerza parece abandonar quien alguna vez dije ser.
Mierda (dice o digo dando vuelta la copa escarlata), mierda.
1 comentario:
Triste darse cuenta que el cuerpo ya no rinde lo que antaño...
Saludos,
J.
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