Equivocarás tus pasos y caerás ante mi, donde levantarás el rostro y verás mi sonrisa de triunfo comiéndote el corazón. Buscarás en mis ojos y verás el mismo abismo de la demencia, la mentira y la traición. Caminaré a tu alrededor y comprenderás entonces el frío de mis dedos al tocarte. Te envolveré entre mis brazos y me escucharás.
Y así se dijo:
Tú eres la pestilencia de la que no debo rodearme. Tu eres la oscuridad y la negrura de mi alma, la desazón y la desesperanza. Con el tiempo te aprovechaste de mi luz y me transformaste en una sombra. Ahora soy peor que la muerte misma, soy el sentimiento de venganza, el puñal por la espalda (que blande el asesino). Soy la mordida de mil vívoras y la pesadilla que no olvidarás jamas.
Y así se dijo:
Tú eres la pestilencia de la que no debo rodearme. Tu eres la oscuridad y la negrura de mi alma, la desazón y la desesperanza. Con el tiempo te aprovechaste de mi luz y me transformaste en una sombra. Ahora soy peor que la muerte misma, soy el sentimiento de venganza, el puñal por la espalda (que blande el asesino). Soy la mordida de mil vívoras y la pesadilla que no olvidarás jamas.
Querida, tú que crees no entender. Cuando la última lágrima caiga por tu mejilla y te derribes seca de dolor, entonces sabrás realmente quien soy. Lo entenderás, me sufrirás y sin embargo, me amarás.
Porque esa es mi maldad y naturaleza, la de hacer y deshacer, tal como mi voluntad lo desee.
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