martes, 29 de mayo de 2012

Ni Jamás Lo Harán

Esta historia es traicionera para la memoria y el recuerdo, no solo por sus laberintos de fechas y hechos sino también porque no tiene un hilo conductor que diferencie lo sucedido de lo que sucedió, mucho menos aún con momentos que (quizás) jamás tuvieron lugar o que lamentablemente pasaron demasiado rápido para ser comprendidos.

Convengamos entonces que la noche de mil novecientos treinta y cuatro, un septiembre mes décimo en un calendario de catorce lunas y más noches que días, fecha tercera posterior al aniversario octavo del nacimiento de Cárpato, no fue bajo ningún contexto una noche común y corriente. 

Todos sabían que algo se gestaba en las nubes, que su negrura era vozarrón de nuevas malas y que tarde o temprano escupirían una voz al viento. Sería un trueno o un relámpago, tal vez un día veinteavo o decimoquinto si fuese al atardecer, aunque todos podían sentir esa sensación de incomodidad en sus entrañas, de que (sin aviso alguno) en la inocente espera, algo ya había despertado y ellos todavía no habían advertido.

3 comentarios:

Lunática dijo...

Y cómo el narardor sabe semejante hecho? Gran revelación!

Lunática dijo...

*narrador!

Tom dijo...

Porque es un hecho que sucedió, pero que para los demás aún no.

"Esta historia es traicionera para la memoria y el recuerdo, (...) porque no tiene un hilo conductor que diferencie lo sucedido de lo que sucedió..."