miércoles, 1 de diciembre de 2010

La fantástica historia del Grillo Pepe

Esta historia comienza hace un mes atrás cuando volvía de la tienda de mascotas con la bolsa de comida para mi mascota, unos grillitos jugosos y saltarines.

En esa época mi mascota estaba en ortiva y parecía no tener apetito alguno. Para colmo de males, la muy turra se trepó al techo de su pecera y no volvió a pisar el suelo por dos semanas. De más está decir que los grillitos se fueron muriendo de a uno, a pesar de la verdura que devoraban, el tiempo era más poderoso que cualquiera de ellos.

Como decía, a los 15 días me cansé de semejante actitud patotera de mi mascota peluda y decidí tomar cartas en el asunto. Haciendo uso de todo mi valor y ayudándome con una cuchara de madera y una espátula de teflón, me apresuré a levantar la tapa del habitáculo. 

Recuerdo que fué traumática la experiencia de tener una tarantula caminando por el suelo de mi living. La hija´eputa no tenía ganas de cooperar y en vez de caminar hacía su casa, la guacha siempre hacía todo lo contrario. Obvio que nadie me gana en terminos de animal vs animal, por ende la historia a este punto concluye con la bicha adentro de su pecera y yo transpirando del susto.

A los días se deglute su primer grillito. Ya era hora.

Dos semanas más, misma historia, pero esta vez no se trepó al techo, por suerte. Desde su piedra favorita en la cual reposa su abundante lomo prominente, la arañota contemplaba como los grillos iban pasando por delante de sus colmillos como desfile de carnaval. Los días pasaban y los pobrecitos se iban muriendo dentro del terreno de la dominante, olvidados por su depredadora. Parecía estar inapetente y aburrida.

En fin, después de un mes, todos los grillitos ya habían sido comidos (los menos) o en su mayoría abatidos por el paso del tiempo. A excepción de uno solo, al cual le puse el nombre de Pépe, porque era grande y cantaba al punto de querer aplastarlo con mi zapato. El forrito de Pépe parecía ser invencible y pasó hambre y sed, sin embargo seguía ahí, en su tupper, cantando a la espera de la hora en que sería soltado en la arena de los gladiadores frente a un rival miles de veces más grande y poderoso.

Y llegó el día D.

Mientras pensaba en "al fin te vas a callar grillo de mierda, te van a comer bien comido jeje (risa malvada)", me dispuse a soltar al insecto dentro del coliseo, pero este invencible de Pépe (estoy seguro que) había pensado y analizado durante mucho tiempo que este momento iba a llegar, y disparado como quien conoce los caminos saltó rápidamente por el único lugar por el cual su cuerpo podía pasar y se soltó al vacío.

Grillo de mierda! Se me fue atrás de la heladera.

Pépe estaba más allá del bien y del mal, era realmente un James Bond de los invertebrados.

Pero no conlcuye aquí. Choto y malparido como pocos, parece que me la juró. Mientras yo me había retirado de mi casa pensando en el feo destino que le esperaba detrás de la mole blanca a Pépe, este putazo se encaminó a mi habitación, y allí me esperó.

Cuando volví feliz a dormir en mi cueva, acuesto mi dulce cabeza en la cama y apenas cierro los ojos escucho como un taladro a dos metros CRIC CRIC (Traducción: Tomá humano, me escapé y te voy a joder la vida, lero lero cric!).

Lo busqué, pero no lo encontré. El grillo Pépe era invisible, una máquina del camuflaje, un artista de las sombras, un saltarín de la noche, un guitarrista virtuoso. Y sepanlo, no me dejó dormir por un buen rato.
A eso de las 3/4 de la mañana, creí haberme dormido. El silencio a veces hace más ruido que el ruido mismo y algo me despertó, algo andaba mal. 

Claro! Pépe se calló! Ya era hora... Y me levanté a buscar un vaso de agua. Y entonces lo ví, en el medio de mi living, tranquilo como quien toma sol en la playa. Claro, la furia explotó dentro mio, pero pisarlo con mi pié descalzo no parecía una buena idea. Debía tener una muerte peor. 

Busqué un vaso, y suavemente lo atrapé, esta vez no hubo resistencia. Abriendo la tapa del terrario de su futura muerte, lo solté en el abismo del destino, esta vez asegurándome de que nada salga mal.
Y allí aterrizo nomas, sobre las piedritas traicioneras, en los dominios de aquella bestia de ocho patas e incontables ojos, de fauces que devorarían un ratón si tuviesen la oportunidad. Pobre Grillo Pépe, o pobre grillito.



¿Pueden creer que pasó una semana y el forrazo sigue vivo? No deja de cantar ni un segundo, tanto yo como Ofelia (la tarantula) estamos a punto de enloquecer. Pépe, me quito el sombrero, ante todo el honor.

1 comentario:

sofía dijo...

Qué hijo de tres mil putas. Si hay algo que aborrezco del verano, son los fucking grillos que no me dejan conciliar el sueño.