El hombre la miró de costado, disimulando. Ella jamás notó que le pispeaban el escote, ni su compañero de asiento de la izquierda, ni el señor que esperaba por bajar en la próxima estación. Será que decidió combatir el calor dejando el corpiño en casa, o quizás se le olvidó. Esas tetas se movían al compás del rodado robando admiración popular y todos (menos ella) se percataron del concierto.
O quizás si, quien sabe.
3 comentarios:
es verdad, son ese tipo de cosas que la mujer se lleva a la tumba.
Saludos
Disfrutemos de ella
Yo también suelo ser bastante hija de puta.
El corpiño molesta en verano.
Y si, se siente diferente.
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