martes, 2 de agosto de 2011

Arga, Itribio y Juno

En esta historia no existe la realidad como tal, ni razón de ser, mucho menos un porqué definido por parámetros que nos sean conocidos o cercanos para lectores despistados. A esta leyenda no se le puede asignar valores de tiempo y espacio específicos y delineados ya que se dio hace quien sabe cuanto tiempo, si sucedió o si sucederá, o acaso decir donde vio su origen, si aquí o allá, en algún o ningún lugar. No conozco praderas tan verdes como las de aquel extraño rincón del mundo, con árboles de flores tan majestuosas, con cielos de varias lunas, con estrellas de constelaciones tales como Arga, Itribio y Juno.

Recuerdo haber caminado por senderos altos y otros más bajos, cruzando arroyos y piletones de agua formados por pequeñas cascadas, hablando con las aves a mi paso, petirrojos y colibríes, águilas y celestinos. A todos ellos les iba regalando nombres y agradecidos entonaban profundos cantos en mi honor. He visto además corretear libres por el bosque otras criaturas sin alas, muchas que jamás había observado hasta entonces. Unas mostraban sus afilados dientes del tamaño de mis dedos, otras huían con la velocidad de un relámpago ante mi presencia, no por temor, sino por ignorancia creo yo. Pocas se acercaban a mi, pocas se mostraban lejos de lo profundo.

Allí debía llegar con mi pasos gigantes de viajero, a lo profundo. Puesto que se acercaba el monzón de Octubre y todavía no había concluido la ida, mucho menos había comenzado la partida, o mejor dicho, el retorno. Era la época de funerales y cortejos fúnebres, días de ensueño y noches de espíritus, dónde todos bailan, absolutamente todos. Faltaba aún para los días de lluvia, y yo seguía a paso lento pero constante, preguntándome, a medida que repartía sonrisas en este extraño lugar sin norte ni sur, si la volvería a ver. Pese a las predicciones de las tarotistas, de las videntes y las adivinadoras, yo creía muy en el fondo de mi corazón, que tarde o temprano mi destino era estar a su lado. Y quien sabe, quizás, antes de octubre, pueda tomarla de la mano y bailar, porque aquí, absolutamente todos bailan.

Y yo la buscaba a ella, si no en esta vida, aunque sea en la otra, dónde sea, como sea, la encontraré.

1 comentario:

Nina dijo...

¡¡Qué lindo!!

Ojala la encuentres pronto, quizás este cerca ...

Besote enorme