Hace ya dos vidas atrás, en el ocaso de un tiempo, fui interrumpido en mis sueños por mi pequeña nieta. Con sus cortos seis años había despertado en medio de la noche asustada y juraba no poder volver a dormirse, no a menos que su abuelo le narrara uno de esos cuentos extraños y tan divertidos. Así fue que, después de envolver su frágil inocencia con una cálida frazada, comencé a relatar la historia del hombre de las catorce vidas que, para aquel entonces, aún eran doce.
Para ser sincero, no tengo memoria o recuerdo alguno de como sucedió. Si fue algo que me gané o un don adquirido. He armado y desarmado la ida del elegido entre elegidos, y sin embargo sigo sin respuesta. No soy poseedor de poderes mágicos ni tengo la fórmula de la inmortalidad. Crezco de la unión del hombre y la mujer y en polvo conlcuyén mis hojas. Varias veces sucede, una repetición de la historia sin explicación de mi parte. Pero puedo asegurar que hasta el día de la fecha, he tenido la suerte y la desgracia de haber vivido más vidas de lo habitual. Más de una, claro, emprendiendo el último tramo del camino a la décimo quinta, me animaría a confesar.
Me gusta referirme a mi mismo como un adolescente, de quince vidas. He visto demasiado como para sentir las emociones de la misma manera que el hombre común. Sentimientos como la alegría y la tristeza son efímeros y ya no me preocupo por detalles menores. No derramo lágrimas mas que por el amor de los seres queridos. O al revés, por la pérdida de los mismos. Morir y nacer, el viaje que todos viven una única vez, yo las repito en el tiempo. Como si fuese un error, porque no debería ser así, crecer para morir y volver a renacer, pero sabiendo una verdad que a todos les cuesta una vida entera para descubrir.
He visto la luz, en diversos ámbitos y culturas diferentes. He vestido colores de piel en todo el mundo y hablado más idiomas que políglotas reconocidos, todos ellos aprendidos desde la cuna donde me haya tocado crecer. Fui testigo de guerras, las he sufrido como las he disfrutado, conozco hechos que los libros hoy desconocen. Yo soy el ejemplo más claro, la constante.
Me ha tocado el destino de vivir una rueda triste. A quien debo preguntarle, a quien debo reclamarle respuestas. Tantas veces he vivido, ¿cuantas veces debo morir? Quince vidas llevo en mi bolsillo y aún sigo de pie. Soy un eje de la historia, un testigo mudo al costado del camino que aprendió del silencio. Observo he intento comprender quien soy, sobre la razón de ser en este cuento, en el que todos viven una vez, lamentablemente.
Hace casi tres años ella, mi querida nieta, solo escucho la primera frase antes de caer profundamente dormida. No sabrá quien soy y mejor que crea en la fantasía del cuento de un ajeno. Yo debo cumplir con mi destino una vez más, quien sabe que me deparará la historia en la próxima página.
Le di un beso en la frente y le desee dulces sueños.
8 comentarios:
Realmente me encantó, te luciste.
Que tarde que pasamos...
Muy bueno! Me quedo con la intriga de las trece vidas anteriores.
Las otras vidas dan para mucho, aca si subo trece nadie me va a leer. Cuentos cortos mantienen el corazón contento.
¡Podrías hacer breves entregas de las respectivas vidas!
¿Qué onda con la tarde que pasaste con anónimo? Mirá que me pongo celosa.
Ese Anónimo era yo desde mi cel contestando tu comment a altas horas de la madrugada.
Donde fui y que hacia?
Jamas lo sabrás.
Y si, pensé en hacerlo (lo de las vidas), quizás lo haga.
Hacelo. De otro modo, tendré que estudiar, y Dios no permita que eso suceda.
Son muchas vidas, va a llevar su tiempo. Vas a estudiar en la espera?
Dios no permita que eso suceda, para eso estoy yo.
En breve sale uno del horno.
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