lunes, 7 de noviembre de 2011

Extraño es que las mujeres que pasaron alguna vez por mi alcoba, en algún momento de la noche (o del día, dependiendo del tiempo) se refirieron todas y sin excepción al espejo que se levanta en la pared. No entiendo exactamente el motivo por el cual les causaba tanta curiosidad. En algunos casos asombro y en otras las he visto llorar, admirando su propio reflejo de cuerpo entero, sufriendo por la imagen o al revés, luciendo curvas que jamas olvidaré en mi memoria. No importaba el color de cabello, la edad de la muchacha en cuestión, si la luz se mantenía prendida o en la oscuridad total, absolutamente todas las damas que caían en mis sábanas tenía algún comentario sobre aquel espejo mágico.

Llegado el momento me fue imposible no tomarle cierto cariño, al final de cuentas, era mi confidente y único testigo, compañero de aventuras y voyeurista de primera fila.

2 comentarios:

Tom dijo...

Otro boceto para no perder la idea, algún día lo seguiré.

Belén dijo...

Ahhh el espejo...qué relación de amor-odio tenemos con él...