En mi vida como amante me he refugiado bajo una diversa y colorida paleta de disfraces que me han ayudado a perfeccionarme en el amor. Siempre de forma estricta y profesional, trabajando para mi mismo y con el móvil de superarme en el amplio espectro del corazón. Es por eso que me he sometido a exigencias varias, desde relaciones de una noche con sus niveles de perversión y ensueño, denigrando hembras o subiéndolas a un pedestal allí en los cielos del paraíso. Mi dura tarea me ha obligado en varios tramos del camino a bajar la cabeza y adoptar el compromiso de la relación, abrazar frases como te amo y para siempre a pesar de que en el fondo sabía que todo era parte de la magia de mi análisis y que la búsqueda de la verdad llevaría a destruir la unión que para mi siempre había sido pasajera y efímera, en todas las oportunidades. El amor engaña y traiciona, la lealtad y la confianza son palabras que seducen pero llevan tanto de mentira como de belleza. Es todo parte de mi trabajo, un hombre con herramientas, dispuesto a aprender y crecer en el mundo de las sonrisas femeninas (tan frágiles que dan ternura).
4 comentarios:
Y sí, terminan siendo los hombres que nos gustan.
que mala suerte uff...
y te enamoraste alguna vez?
Alguna vez creí estarlo y el tiempo me dijo lo contrario, ahora descreo del amor.
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