Se consideraba a si mismo como el hombre mas honesto que el mundo hubiese conocido, un paladín de la verdad que jamás jugaría con la mentira o el engaño. Era una persona sensible pero que siempre decía con pocas palabras lo justo y necesario, nunca había tenido la obligación de omitir sinceridad por esconder un hecho, fiel al sendero de la vida que tanta gente evita con sus molestos atajos que a ningún lado llevan. Pese a sus silencios, aquel quien obervase directamente a sus ojos, sentiría la puerta de un alma abrirse de par en par, y allí en lo profundo, un cómodo sillón para recostarse y escuchar la realidad de sus historias mágicas.
Pero tenía un defecto, uno horrible, por cierto.
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