martes, 20 de septiembre de 2011

Le regaló una rosa y le declaró su amor. Ella, princesa, lo miró despectivamente y contuvo una sonrisa. Sin disimulo alguno le alcanzó la flor a su esclava y ésta la guardo quien sabe donde. Continuó caminando, como quien esta acostumbrado a tales demostraciones de cariño. Pobre hombre, aquel agricultor que nada tenía que ofrecer mas que una promesa de amor eterno, no sabía cual era su destino.

Al otro día, su cabeza despertó en la plaza central, su cuerpo, en una fosa común rodeada de buitres famélicos. Es el precio a pagar por acercarse a una princesa tan fuertemente celada por un hermano enamorado, valiente él, quien sacrificó su alma por una amor no correspondido.

3 comentarios:

Nada más importa dijo...

jajajajaja que drástico!
muy bueno!

Tom dijo...

drástico como debe ser.

Nina dijo...

¡Qué grande esa princesa!